jueves, 30 de noviembre de 2017

"Me he puesto a pensar
en dónde huiría yo si te vas,
en si entonces recuperaría el don de escribir,
en si volvería a dibujar ojos en las esquinas de los folios."

Me ha costado un poco recordar
que el mundo es enorme,
que hay casi 200 países
250 millones de kilómetros de suelo firme.

He tardado pero he recuperado esa costumbre
de escribir cuando estoy inquieta,
de llenar hojas y hojas de dibujos,
de sacar palabras en cualquier lugar.

He acabado por admitir que me da igual
si no me lee nadie o me leen mil ojos inquietos,
inquietos como yo,
que si molesto mucho, tal vez no esté con la persona adecuada,
que si hablo demasiado, no estoy con quien me quiera escuchar.

Tengo a dónde huir,
donde esconderme,
donde gritar,
donde dejarme ver,
donde guardar silencio.

No pasará nada si te vas.
No me pasará nada
si te marchas,
y mucho menos
si soy yo quien se va.

martes, 28 de noviembre de 2017

Hoy mi padre volvió a echarle la culpa
a aquella que tuvo que huir de casa
para escapar de los golpes.
Le echó la culpa,
y cada palabra suya era otro insulto.

Hoy mi padre volvió a gritarle
(a nadie, sólo a una caja),
que porqué no denunció antes,
que porqué siguió con él,
"qué pelotuda".
Le echó la culpa,
porque si está muerta ahora,
es porque se mató ella sola.

Hoy mi padre volvió a preguntar,
porqué coño no denuncia,
porqué salió de fiesta,
porqué salió sola.
Le echó la culpa
de que la violaran entre cinco,
de quedarse desnuda en un portal;
porque si ahora tiene la vida rota,
por dentro y por fuera,
se la destrozó ella sola.

Hoy estaba entrando en la universidad
y a un chico le apeteció gritar
lo mucho que le gustaba mi culo.
Me han gritando yendo en bici,
me han gritado desde coches,
me han gritado desde bares,
me han fotografiado el culo,
de infraganti,
mientras paseaba con mi novio.
Ahora falta que haya alguien,
con dos cojones,
que se atreva a echarme la culpa.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Llueve,
Llueve dentro,
fuera todo está seco.
Llueve,
diluvia,
relampaguea,
con furia
con rabia
con pena,
con una pena que ya no es suya,
con una pena que envenena.
Llueve, llora y se lamenta,
Se seca los ojos con sal,
para que duela.
Se mira y esa imagen no es la suya,
se escucha y esa voz no le suena.
Se busca,
se busca,
se busca y no se encuentra;
Nunca se perdió,
Pero ella estaba perdida,
Y ahora ni ella misma se encuentra.

domingo, 7 de mayo de 2017

XX

Me he puesto a pensar
en dónde huiría yo si te vas,
en si entonces recuperaría el don de escribir,
en si volvería a dibujar ojos en las esquinas de los folios.

He redescubierto ese recelo extraño que siento cuando te veo marchar y desde dentro deseo haberte robado unas horas más.
He recuperado ese miedo tan conocido que me hace preguntarme,
de vuelta a casa,
a esa casa que no eres tú,
si tal vez he hablado demasiado,
si he molestado mucho.

Me he puesto a escribir sobre lo poco que escribo, sobre lo mucho que te pienso, sobre cuánto me traiciono con esas tonterías.

Al final, no llega a nadie lo que escribo,
al final el miedo sigue siendo el mismo,
sigo hablando demasiado,
molestando hasta la saciedad,
pensando en dónde huiría yo si tú te vas,
y por mucho que lo intento,
no me veo en otro sitio.

martes, 2 de mayo de 2017

¿Para quién escribo?
¿Quién ha sido el destinatario de todas esas palabras en los 18 años de mi vida?
He escrito y escrito sin esperar respuesta alguna, nunca la ha habido. He escrito y escrito esperando que alguien contestara a esas preguntas que no me atrevía a formular en persona, pero nunca recibí respuesta.
Tal vez no había nadie al otro lado que me leyera.

Una se siente un poco sola al pensar que escribía para la nada más absoluta.




sábado, 14 de enero de 2017

Anoche me dijo que quería compartir su vida conmigo,
no le dije que yo llevaba un tiempo queriendo confesarle que no veo una vida sin él.
Hay que estar ciego para no caer en que ya hice de sus sábanas las nuestras, de mis lápices sus dibujos, que en mi cuaderno he tachado mil palabras que hablaban de él pero no nos hacían justicia.
Quiero desayunar a su lado, compartirle café, dejarle más espacio en mi lado del armario

Quiero, joder, y no me estoy echando atrás, que esta vez me quiero quedar, que no tengo miedo de levartarme por la mañana y verle
y abrazarle
y despeinarle
y darle los buenos días
y al día siguiente hacerlo otra vez.

sábado, 15 de octubre de 2016

XIX

Deja de sonreirme así,
de abrazarme así,
de mirarme así,
que me llenas de inspiración y me dejas siempre a medias
con el lápiz entre los dedos
por no ser capaz de dibujarte.
Me has devuelto las ganas
de quedarme escribiendo hasta tarde,
de dibujar pensando en alguien,
de elegir el azul acuarela
para pintar el negro de los ojos.
Deja de besarme así,
de tocarme así,
de hacerme así
que me rompo y me deshago
cuando me buscas con los labios
y pasas el dedo entre mis clavículas.
Sigue mirándome,
abrazándome,
sonriéndome,
de esa forma tuya que me vuelve loca,
que yo seguiré improvisando.

sábado, 27 de agosto de 2016

Han pasado diez días y diez noches, aquí sigue diluviando. Parece que la tormenta se estancó tras mis ojos, nublándome la vista para llover en mis pupilas.
Me ahogo.
Digo tu nombre y me ahogo.
Preguntan por ti y no respondo.
Te llamo y no me sale la voz.

XVIII

Te veo en todas las nubes del cielo.
Te me enredas en los rizos del cabello
y ya no hay quien te olvide
quien respire
y en el susurro no diga tu nombre.

Te veo en todas las estrellas del cielo,
en todas las que me enseñaste a distinguir
en ese negro infinito.
Tú eres mi estrella,
mi musa.
Yo era tu luna y así orbitaba,
vueltas y vueltas amarrada a tu espalda.

No te quiero dejar ir,
no te quise dejar ir.

jueves, 9 de junio de 2016

Veo el tiempo pasar día a día, muy despacio, tanto que resulta imperceptible.
Veo el tiempo en la barba picada de canas de mi padre, en la vista cansada de mi madre. Sentí el peso de su paso el día de mi graduación, el día que descubrí en mi madre una arruga más en su sonrisa. Me pesa el pecho al recordar cuando entré en secundaria y no hace ni una semana que terminé el bachillerato.
¿Qué me queda por vivir?
No sé que me asusta más, si envejecer, o tener una vida como la de cualquiera.

No hace tanto tomé conciencia de lo fuerte que abraza el reloj, de lo mucho que he cambiado, mejorado, retrocedido. Me he sorprendido llorando por algo que había escrito, llorando de emoción al ver recompensado mi esfuerzo, llorando de rabia ante mi incapacidad de luchar contra todo, llorando de tristeza por tener que dejar a tanta gente, tantos ojos.
No puedo mirar atrás porque esa no es forma de echarle un vistazo al tiempo, pero a veces me atrevo y en mi descaro veo a otra persona, con los mismos rizos, misma estatura, pero distinta sin saber explicar cómo.
Tiempo. Al final todo se reduce y acaba con el tiempo.