sábado, 25 de agosto de 2012

Para tí, aunque jamás lo leas (Adele, Hiding My Heart)

Los principios son difíciles. No siempre se me da bien comenzar una carta, y esta es la más difícil de todas. Te quiero. ¿Te lo han dicho alguna vez? Hubo alguien que me lo dijo, que me lo susurró al oído una noche. Aquella fue la más feliz de mi vida. Hay una bonita canción que dice "But like everything I've ever known / You'll disappear someday" (pero como todo lo que he conocido, desaparecerás algún día). Lamentablemente, es canción, esa frase, cuenta el final de aquella noche. He soñado con que vuelva a repetirse desde entonces. Sin embargo, poco a poco voy perdiendo la esperanza. Al fin y al cabo, tu siempre has estado acompañando aquel sueño, y como tú, es inalcanzable.
¿Te han dicho alguna vez que se siente cuando oyes la voz de la persona que más te importa diciendo tu nombre? Es como si el tiempo se parase y volviese en ese mismo instante. Un frenesí de violentos aleteos en el estómago. Un segundo donde todo cae y rebota para volver a colocarse en el mismo sitio.
¿Has soñado alguna vez con un beso? ¿Con el simple roce de sus dedos? Es como si aquel mismo toque provocase una descarga eléctrica interminable, que hace que el corazón lata más y más rápido. A veces, es un pequeño cosquilleo. Otras, un potente rayo que atraviesa tu piel.
¿Nunca te has sentido con ganas de volar, de tocar el cielo con las manos? ¿De acercarse tanto al sol que las alas empiecen a fundirse? Esa sensación de libertad, de euforia, de felicidad, que tienes después de que te diga lo bien que te queda esa camiseta. O de que te sonría, así, sin más. De que te mire y aguante la mirada.
Esta es una carta que escribo y no creo que recibas. Seguramente, acabará en el cajón junto a todas ellas que jamás me atreví a entregar. Sin embargo, hay una pregunta que deseo hacerte hace mucho tiempo. Se que no podrás contestarla pues nunca llegarás a leerla.
¿Has sentido todo eso alguna vez? ¿Has notado aquel cosquilleo en el estómago cuando pronunciaba tu nombre? ¿Has soñado con su beso? ¿Te has sentido tan feliz que te abruma aquella sensación de libertad? ....
...¿Te han dicho que te quieren?...
...¿Has dicho a alguien que le amas?...
Se que a mi no me lo dirás. Se que decirtelo a ti sería lo mismo que acabar con las pocas oportunidades que tengo de estar contigo.
Como aquella canción dice: "But like everything I've ever known / You'll disappear someday/ So I'll spend my whole life hiding my heart away/
Como todo lo que he conocido/ desaparecerás algún día/ Así que voy a pasar toda mi vida ocultando lejos mi corazón/
 

viernes, 10 de agosto de 2012

Soñar con Ella, part 4 (Adele, One and Only)

El tren cerró las puertas con un fuerte chirrido. Me senté en aquel asiento que hay debajo de la ventana que da al exterior y abrí el libro que guardaba bajo el brazo. Sus tapas estaban gastadas, dobladas, de las veces que las había abierto y cerrado. Desdoblé la esquina de la hoja en la que me había quedado leyendo y rocé con los dedos la hoja amarillenta, en la que había una pequeña gota de café bastante antigua, hecha probablemente hace años mientras lo leía en el desayuno. Mi pelo, atado en una larga trenza, caía sobre mi hombro. Mis ojos se movían con rapidez sobre las líneas que tantas veces había leído. El que sostenía entre las manos era para mí esa clase de libro que puedes leer todos los años y no cansarte. Era algo así como mi biblia personal. Me perdía entre sus románticos párrafos y dramáticas líneas. Entre peleas, miradas clandestinas, besos robados, canciones y baladas de balcón. Y aún así, después de tenerlo desde hace años, lloraba en las mismas partes, reía con las mismas ocurrencias, y me emocionaba con las mismas escenas. Era un libro, según me gustaba pensar, sin final.
Pero, a pesar de todo, no podía concentrarme. No podía dejar de recordar el baile de la noche anterior y de como me fui pocas horas después, antes incluso de la media noche. Mis fantasías sobre interactuar con chicos habían caído en picado, volviendo otra vez con mis amigas después de que aquella chica se lo hubiese llevado a la pista de baile. Parecía que se acercaría a hablarme, pero mi imaginación volvió a jugarme una mala pasada. Miré hacia la ventana, viendo la ciudad y los enormes edificios pasar. Tendría que haberme quedado en casa, con el pijama rosa que siempre utilizo cuando estoy de bajón y este mismo libro. Al menos ahora que empieza el verano puedo estar más tranquila. Le echaré de menos, quizás. Me quedan por delante viajes en el metro de una punta a otra en la ciudad. Tardes en el museo donde poder pintar copias de aquellos cuadros que siempre quise igualar. Mañanas en el muelle escribiendo hasta que me sacie. Noches con las chicas, viendo películas de historias de amor y tomando bebidas en aquel bar de la costa. Vuelvo la vista al libro, convencida de que quizás logre olvidarme de él durante el verano. Serán dos meses para alejar cualquier sentimiento y volver como antes, cuando no tenía ese terrible impulso de buscarle con la mirada. Las probabilidades de verle son bajas. No hay razón por lo que no pueda hacerlo, aunque... ¿de verdad quiero olvidarle? Sí. Es lo único que puedo hacer. Lanzó un largo suspiro al vacío vagón y agradezco estar sola. Definitivamente, Lorrie tiene razón: he nacido para ser una solitaria.