domingo, 28 de octubre de 2012

Es Pura Cuestión Jerárgica... (The Only Exception, de Paramore)

La rareza de la gente se mide por su grado de originalidad. Cuanto menos normal sea una persona, más original es. La gente tiende a confundir los términos de original y raro, aunque prácticamente sean lo mismo. Mi definición sería, entre muchas, que esa cualidad no es algo malo, ni mucho menos perjudicial y que es más propia de las personas  que destacan entre las multitudes.
Ejemplo:
Toda persona que se precie ha visto películas sobre institutos estadounidenses, por lo tanto, sabe como es su jerarquía. Pongamos que en esa escala social, hay cuatro escalones. En el de más arriba, se encuentra aquel grupo de personas que según ellos creen, rigen lo "que se lleva". En la estadística el factor que más se repite (en este caso "lo que se lleva") se denomina moda, así que bien podríamos llamarles que son aquellas personas que imponen su opinión sobre los demás empezando una "moda". Cabe indicar que todo el mundo sabe de su vida privada amorosa.
En el segundo escalón están aquellas personas que no son tan "populares". Me explico: en el primer escalón no suele haber más de tres o cuatro personas. Parece increíble, pero si analizamos bien la situación, es así. Por lo tanto y por descarte, los demás "populares" que quedan son los amigos de aquellos tres o cuatro individuos. Todos ellos luchan por conseguir un puesto de más poder en una sub-escala social demasiado extensa para explicarla en estos momentos.
En el tercer escalón están los... empollones. Me incluyo. Para los habitantes del 1º y del 2º no son (somos) más que unos simples peones que usar cuando se acerca un examen, prueba o trabajo. Cruel ¿verdad?. Normalmente, buena parte de esta población tiende a seguir (en mayor o menor medida) la "moda" que imponen los "populares". Es en este escalón dónde la originalidad se hace ver. Normalmente la gente se encuentra en este nivel por el simple hecho de una carencia física o bien de personalidad. Pero NO SON  CARENCIAS. Al contrario. Son ellos mismos. Razón por la que Góticos, Emos, Punkies, Chic@s Pop, Hipies, Rockeros, HaveyMetal-eros,... se encuentran aquí. Por dar a relucir su verdadera personalidad sin importarles ni un pimiento la "moda" que los "populares" lleven. Razón de más para que los habitantes del 1º y del 2º escalón los rechacen.
Aunque hay un escalón bastante más rechazado todavía. Son los llamados "frikis". Lamentablemente, es un término demasiado urbano y coloquial como para saber como se escribe correctamente. La palabra empezó usándose para denominar a aquellas personas que eran distintas o bien, diferentes. Es decir: otro insulto para la originalidad. Estos miembros suelen ser los más rechazados. La mayoría o son tímidos o poco sociables, lo que no les permite del todo ser lo que realmente son o quieren ser.
Mi conclusión es, después de todo, que la originalidad la impone uno mismo, y la lleva uno y solo uno. No hay dos iguales. En ese caso, la originalidad dejaría de existir. Y que además, en cualquier instituto del mundo, se castiga con el severo castigo de la insociabilidad.

jueves, 25 de octubre de 2012

Déjà Vu,

Me choca la sensación de Déjà vu. Esto lo he vivido antes. Lo se. Lo presiento. Se que he estado en este mismo lugar, en el centro de esta enorme sala circular, con su miranda clavándose en mi. Su penetrante mirada.
Mis brazos descansaban a los lados, con los puños tan apretados que me clavaba las uñas. Mi respiración se entrecortaba, el corazón me latía desesperado, frenético. La adrenalina se disparó a niveles insospechados.
Sonrió, arrogante. Sabía que era lo que buscaba, sabía que quería de mí. Y estaba tan quieto... que tardaría en reaccionar. Si huía.. si corría hacia la puerta... Pero no, imposible. Era consciente que me atraparía si hacía cualquier ademán, cualquier atisbo de movimiento por muy pequeño que fuera. Estaba, literalmente, acorralada. A merced de las calamidades que iban a ocurrir.
Por alguna razón desconocida, esto seguía resultandome familiar. Esta misma habitación de columnas de mármol negro y baldosas desgastadas. El depredador de irresistibles ojos rojos y hermosas facciones. Seguían siéndome familiar.
En algún lugar recóndito de mis recuerdos olvidados, se escondían. Estaban allí, ocultos, intentando pasar desapercibidos entre los recuerdos felices. Entre recuerdos felices corrumpidos por un recuerdo malo. El mismo que no termina de emerger a la superficie en este momento.
Entonces, avanza hacia mí. Sus pasos son cortos, despreocupados. El temor me inmoviliza. No puedo reaccionar a nada. En menos tiempo de lo esperado, el espacio entre nosotros es casi nulo.
Y es en ese instante en que sus colmillos se acerca a mi garganta, se como va acabar esta historia que sin duda alguna, volverá a empezar una y otra vez.

lunes, 8 de octubre de 2012

Limites (Threshold, de Anna Waronker)

Definitivamente, no puedo más. Están todo el tiempo diciéndome que debo hacer, que tengo que hacer. Y ya me he cansado.
Algunas veces desearía que fuera más fácil tomar decisiones por mi misma. Que por un momento me dejaran hacerlo. Estaría bien probar eso de elegir mi parecer. Porque de eso va la vida, no? De que te permitan tener algo de libertad. Pero no, yo no tengo.
Cuando por fin logro encontrar un momento en el que puedo relajarme, pensar... ser solo yo, vuelven otra vez.
Y de verdad que no puedo.
Que lo intento.
Pero me es imposible ahora.
La gente tiene un límite. Los demás pueden elegir traspasarlo o no. Cuando lo hacen, ellos deben aferrarse a las consecuencias. Y estas son mis consecuencias.
Ya no es como cuando se es pequeño, en el que te acoges a tus padres esperando que te guíen por el camino adecuado. Ahora lo que esperas es que ellos te den espacio para hacerlo.Sin embargo, ahí siguen. Y no se apartan. ¿Cómo decirles que ya no quieres que estén todo el rato pendiente de tu? ¿Cómo decirles que ya eres lo suficientemente responsable para hacer cosas por ti misma?
No  lo entienden. Simplemente no lo hacen.
Y aquí estoy yo, con mis limites ya traspasados.
Habrá que atenerse a las consecuencias.