miércoles, 27 de marzo de 2013

No quiero que me digas que me quieres si no lo sientes. No me conviertas en otra más, en otra  chica a la que vendiste ilusiones vacías. Quiero ser aquella a la que no vendiste ni una, pero a la que jamás decepcionaste.
No me prometas la luna, se que nadie es lo suficientemente alto para alcanzarla. Bien podrían crear escalera hasta ella, aunque supongo que eso es demasiado trabajo para alguien que se lo curra tan poco.
Seamos realistas. Sos como sos, no cambiemos nada.

lunes, 25 de marzo de 2013

Sobre una servilleta, (El exilio de mi folio, Sharif)

En un bar cualquiera, ella miraba silenciosa la taza de café. Sentada junto la ventana, con el bolso colgado de un lado de la silla, la carpeta sobre la mesa, y el abrigo en el respaldo. Solo se estaba tomando un descanso. Después de un largo día, duro y agotador, quería estar un rato sola. No sola con gente a su alrededor, sino sola. Por alguna razón, en su cabeza no paraba de aparecer el retazo de lo que quizás fue un recuerdo que hasta ahora estaba olvidado. De una película, de un libro viejo, no lo recordaba.
Acerca las manos  frías alrededor de la taza, intentando calentarlas. Fuera, esta nevando, no se había acostumbrado al frío de la nieve, a llevar capa tras capa de ropa, a que los guantes entorpezcan sus movimientos con las manos y a que la nieve se derrita en los calcetines. Es lo que tiene mudarse desde la cálida Los Ángeles  a Berlín en  invierno.
Suspira, quizás algo cansanda. El bar casi en silencio, con pocas mesas ocupadas. Fuera, pocas personas pasaban enfrente de la ventana. El móvil en su bolsillo hacia rato que no sonaba anunciando un mensaje. Era como si se hubiesen puesto de acuerdo para darle un respiro.
Y vuelve la imagen a su cabeza, posiblemente le seguirá atormentando durante unos días. Vuelve la chica que mira el suelo avergonzada, escapando de la mirada atenta del chico que le observa. Vuelve la manera dulce en que él le alza la cara desde la barbilla para encontrarse con sus ojos. Como mueve los labios, susurrándole algo. Como ella se pone de puntillas para besarle.
Es un recuerdo muy simple, muy usado. Pero por alguna razón, su corazón se aceleraba cada vez que le volvía a la mente.
Tamborilea con los dedos sobre la mesa, añadiendo algo más al recuerdo. Encajándole unas manos que rodean por el cuello, unos brazos que sujetan por la cintura. Quizás lluvia, y grandes nubes oscuras en el cielo. Y el antes... el antes del beso. El por qué la chica mira al suelo avergonzanda, intentando ocultar las inminentes lágrimas. El cómo habían llegado hasta allí los dos, en un encuentro casual en una calle de... de París, por ejemplo. Con la típica Torre Eiffel de fondo. Sí, un recuerdo adornado muy común. Pero, que le iba a hacer, si todo eso venía solo.
Sonriendo, abre su bolso, buscando entre paquetes de chicles, monedas, barras de labios y tickets de aparcamiento un bolígrafo. Y en una servilleta, comienza a escribir. Si solo era el retazo de una historia, ¿por qué ahora se desliza el boli con tanta facilidad sobre el papel? ¿por qué fue creciendo y creciendo desde aquella tarde en un bar cualquiera? ¿por qué lleno hojas y hojas en su ordenador con más recuerdos adornados? ¿por qué fue escribiendo, poco a poco, una historia tan parecida a la nuestra? ¿por qué las mejores historias comienzan escritas en papel de servilleta?

martes, 19 de marzo de 2013

Escrito #2

Determina el final de algo. Determina el final de una vida, de una película. Pon le fecha, hora, lugar e incluso el cómo.
Di la manera en que se desarrollarán los actos, escribe lo a papel y a lápiz, usando bien las comas y los puntos. Apunta los diálogos con claridad, describiendo los gestos, las idas y venidas de los tonos de voz, el sentimiento que aumenta y disminuye por segundos.
Si fuese tan sencillo escribir todo lo que deseas que pase... si la vida fuese tan sencilla como escribir una novela a tu gusto. Borrar las partes que salieron mal, corregir viejos errores. Dar al Ctrl+Z y deshacer cualquier hecho anterior. Verdaderamente, ayudaría mucho.
Determina ese momento en que la vida se derrumba. Venga, hazlo. Escríbelo, y a bolígrafo, cosa que no se pueda borrar con facilidad. Anda, vamos. Yo te doy mi hoja, la página correspondiente a mi vida. Más de uno lo ha hecho, ¿por qué tú no?
 Atreve te a describir el brillo de desesperación en los ojos, la manera en que los labios transforman la sonrisa, como se echa la mirada hacia arriba para contener las lágrimas.
Escribe las frases, cada escusa, cada tartamudeo que pronunciaré. Cada titubeo en mi voz al dudar de si es totalmente cierto, al preguntar qué hice mal, al preguntar en qué te falle.
¿No te resulta difícil?
Ahora, determina otro final. Pon le fecha, hora, lugar, e incluso el cómo romperás tu próximo corazón.