viernes, 12 de abril de 2013

Etapas

La adolescencia es una etapa de decepciones y logros. Decepciones por parte de aquellos que te acompañaron toda la vida y que ahora se dan cuenta que lo estás dejando. Logros por parte de aquellos que ahora ocupan más espacio en tu corazón y se van haciendo poco a poco más importantes.
Es una etapa en la que empiezan las libertades, que bien siendo pocas, a mi me basta con las que tengo. Se alargan los toques de queda, los círculos sociales se abren o se cierran...
Ahora el tiempo es indefinido. Cuando debe durar, ir lento, va más deprisa y cuando debe acelerarse, se ralentiza. Los días entre semana son cada vez más pesados y tediosos, y los findes demasiado agradables y placenteros. El verano se espera con impaciencia cuando comienzan las clases y nos alegramos cuando nos damos cuenta de que con cada prenda de abrigo menos, y con cada día más soleado, se acerca.
Es una etapa en la que no sabes lo que quieres aún, pero haces lo que te gusta ahora para que cuando lo sepas, no te equivoques. Se quieren hacer cosas nuevas y abandonar las viejas, para que al terminar esta etapa sepamos que lo hemos probado todo.
Las peleas y las riñas o afectan mucho o no importan nada. Donde las risas se disfrutan el doble porque somos más conscientes del mundo horrible en el que vivimos. Sí, nos damos cuenta. Dejamos de ser niños cuando nos enteramos de lo que significa violación, cuando el sexo es una realidad que asusta, cuando notamos que algo raro nos pasa y no sabemos exactamente que es. Dejamos de ser niños cuando los juegos y las bromas infantiles eran aburridas, cuando poco a poco los juguetes fueron desapareciendo de los cajones. La niñez se escapó cuando empezamos a decidir por nosotros mismos, a escoger la ropa que nos identifica, a colgar pósters en nuestras paredes con nuestros ídolos. No, ya no somos niños. Pero tampoco sabemos lo suficiente para ser adultos, ni tenemos la experiencia necesaria. Somos un paso intermedio confuso, lleno de decepciones, logros, cambios de humor, cambios en nosotros, y más decepciones y más logros.
No llevo el tiempo suficiente en esto. La gente piensa en un adolescente y se imagina a un chico o una chica de dieciséis o diecisiete, alocado, rebelde, que no estudia o lo hace poco, que se emborracha con frecuencia y se droga de vez en cuando. Vale, no siempre es así, aunque la mayoría lo son. Pero yo soy adolescente y nunca me he emborrachado, nunca me he drogado, a pesar de que me lo hubiesen ofrecido. No he probado el tabaco, el éxtasis, u otras sustancias nocivas. Soy aburrida, ¿y qué?  Verdaderamente me gustaría que las personas a las que decepciono lo supiesen, y que dejen de pensar que no hago nada cuando me encierro en mi cuarto con la música a tope. Escucho música porque la música me llena. Leo libros y escribo de manera compulsiva porque es mi manera de olvidar el mundo en el que vivimos. Estudio no porque me guste ni para asegurarme un futuro, pues el futuro aún está demasiado lejos. Estudio porque me he dado cuenta de que si un día quiero hacer las maletas y mudarme a la otra parte del mundo lo podré hacer sin temor a no poder adaptarme. Y sí, sueño mucho, ¿y qué? Y me enamoro, y vivo. Y sueño otra vez para enamorarme y vivir de nuevo. ¿De verdad es ese un problema?
La adolescencia es una de esas etapas en las que pasas con los ojos vendados tanteando el camino, adivinando cual será el siguiente paso. Y que al terminarla, tiempo después, miras atrás y piensas en los errores que cometiste, y que ahora siendo adulto los habrías evitado. Pues perdonen adultos del mundo moderno, pero lo que ven no son errores, son lecciones y maneras más puras de ver el mundo, que no son tan materiales como las que tienen ustedes, y que sobre todo, están hechas para ser recordadas no como decepciones o errores, sino como logros y méritos.

sábado, 6 de abril de 2013

Escrito #4

Porque ahora necesitamos mucho más del otro. Lo demostraban los tirones de ropa, los besos y los movimientos desgarradores de nuestros labios al juntarse. La opresión en el corazón cuando nos dábamos cuenta de que el otro nos faltaba, o cuando buscábamos en los demás el abrazo que no podíamos darnos.
Será que hemos cambiado, que hemos evolucionado, que buscamos en nosotros algo más que sueños etéreos. Será que ahora necesitamos algo más material, físico, palpable. Algo que se encienda cuando se roce, algo que reaccione a los impulsos. Algo que cuando llegue dentro de ti, te haga llegar lejos.
No sé que es lo que ahora nos está pasando. Esas ganas de estar siempre a tu lado, de no separarme de ti nunca. De que me abraces por la cintura, de que me alces y yo pueda envolverte con mis piernas. De dormir a tu lado, de sentir  tu respiración en mi cuello, de simplemente acostarnos en la cama, yo con la cabeza en tu pecho, oyendo los latidos de tu corazón.
No hablo de sexo, solo de dormir. Mi manera de demostrarte que te amo no es haciendo el amor contigo, es sonriéndote cuando estés de mal humor para subirte el ánimo. Es levantándome antes que tu cuando tengas que madrugar para que veas algo más que los números del despertador al abrir los ojos. Es tejiendo un futuro juntos.
Esto duele en parte. Duele ser la típica chica que ama lo imposible, que vive y duerme soñando y que a la vez vive y duerme la misma realidad todos los días. Duele pensar que quizás haya algo mejor allá fuera, que no sueñe tanto, que no sea tan realista.
Será que nos gusta perseguir sueños imposibles. Pero no podemos hacer nada. Nuestros cuerpos piden algo que no podemos darle. Mi corazón suplica latir a la par que otro corazón que difícilmente podría hacerlo en estos momentos.
Será que deberíamos estar más cerca, será que deberían ser 0, en vez de más de 2000, los kilómetros que nos separan de cumplir todos esos sueños.


19. AAD

Escrito #3

Estoy llena y extasiada de ti.
De labios, de manos, de caricias que parecen que nunca acaban. De cuando me besas con pasión, con ternura, de cuando despertamos por la mañana abrazados después de haber hecho el amor.
Estoy llena de sueños en los que estás siempre a mi lado. En los que paseamos de la mano y nunca me sueltas. En los que me das fresas con nata para desayunar.
No se que es lo que tienes o que es lo que haces, para que con solo tocarme me derrita. Para que con el simple roce de tus labios, de tus dedos, sienta que me quemo por dentro.
No se como expresar con las palabras justas, lo que siento cuando me secas las lágrimas de mis mejillas. Lo que siento cuando me abrazas después de pelearnos. La angustia que tengo cuando te das la vuelta en la cama, mirando la pared y evitando mi mirada tras haber discutido.
Contigo todo parece inexplicable, incapaz de describirse. ¿Cómo detallar la manera en que se me acelera el corazón con cada "te amo"? ¿O la forma en que mis manos ansían las tuyas después de un día muy largo?¿O lo feliz que soy cuando me llamas para despertarme, temprano por la mañana, con un "buenos días, princesa"?


19. AAD