domingo, 30 de junio de 2013

Escrito #6 (Mean, Taylor Swift)

Serán que los recuerdos duelen más de lo que dolió la experiencia. No sé. Sólo sé que cada vez que lo hago, un vacío enorme me llena el pecho. El corazón late con fuerza, la respiración se entrecorta. La mirada se nubla cubierta de lágrimas que amenazan con salir. Todo por un recuerdo de lo que hice, o mejor dicho, de lo que nunca llegué a hacer. De lo que nunca llegué a lograr. Será la decepción que sentía, o quizás la opresión de no poder hacer nada bien. Lo intentaba, de verdad que lo intentaba. Y sin embargo, cada paso que daba era erróneo. Y ella, allí, dispuesta a corregir todas y cada una de mis cualidades y defectos. Dispuesta a transformarme en el ser en que estuve a punto de convertirme.
Era angustia por no saber en que fallaba, por no saber cuando y porque se enfadaba. Eran lágrimas derramadas en silencio cuando nadie estaba cerca. Era no contar la verdadera historia hasta que no pude callarme, hasta que ya no pude llorar sola.
Verdaderamete, no se daba cuenta. La conocía demasiado bien, sabía de que iba el juego, y me tocó a mí. Era más doloroso de lo que pensaba. Verlo en tercera persona, con mirada insensible y postura inflexible. Ahora que lo vivía solo sentía aun más culpa.
Por alguna razón, ella mentía y no se notaba. Ella reía y sonaba falso. Ella insultaba y cada palabra se quedaba clavada. Movía masas, convencía. No se podía hacer nada.
El juego se alargó demasiado. Semanas, meses. Hasta tal punto que no fuese solo ella. Que había más gente, que había más como ella.
Lo más duro era levantarme cada mañana. ¿Por qué voy a hacerlo si cuando voy a se burlan? ¿Por qué voy a apartarme de la seguridad de las sábanas si cuando voy me humillan?
No son malos recuerdos, son malas experiencias.
Son heridas invisibles de guerra que siempre quedan, que me moldearon y me convirtieron en esto.

Promesas

Ha pasado muchísimo tiempo, lo sé. Años. ¿Qué pretendo al intentar cumplir una promesa tan vieja? Pero no he podido olvidarte del todo. Sentía algo inigualable por una persona increíble. Nos prometimos una vida juntos, nos prometimos viajes, fotos y recuerdos. Nos prometimos entre llamadas besos que algún día llegarían y una distancia que un día dejaría de existir. Pero pasaron los meses y no llegaron los besos, no se acortó la distancia. Mis manos ansiaban unas manos que nunca me habían tocado y mi cuerpo necesitaba unos abrazos que llevaba semanas y semanas esperando. Y a pesar de seguir sintiendo algo hermoso y enorme, decidí acabarlo. Darle a Pause a nuestra vida justos, los viajes, las fotos, los recuerdos hasta que llegase el momento de que sí fuesen posibles.
Fue una de las decisiones más duras de mí vida. Sufrí muchísimo. Después de un tiempo logré acostumbrarme y redimirlo. Aprendí  a vivir sin ti, escondiéndome en los lindos recuerdos que pasamos cuando se hacía más difícil.
Nos hicimos una promesa, la única que no me atreví a romper, y dejamos bien claro que llegado el momento la cumpliríamos.
Pues bien, ha llegado.
Miro temerosa el teléfono. ¿Cómo será tú voz después de tantos años? ¿Te sorprenderás al saber que soy yo? ¿Me...reconocerás?
Marco, con un temblor en el pulso. No te mentiré, lo que sentía por ti no logré suprimirlo, sino ocultarlo. Estaba dormido, ahora temo que vuelva a despertar. Pero también temo  que me odies por lo que hice. Temo que al decir mi nombre cuelgues. Temo que no quieras cumplir esa promesa.
Un pitido. Dios, que nervios. Mucho he cambiado desde entonces. No en el físico, sigo siendo igual que antes, con los ojos pequeños, nariz recta, bajita y pelo indomable. Pero algo ha cambiado.
Dos pitidos. ¿Y si a pesar de todo no soy la misma de la que te enamoraste? Por mucho que nos volvamos a ver, por mucho que intentemos volver... si ya no soy la misma es imposible que eso suceda.
Tres pitidos. La de cosas que tengo que contarte y no te conté por miedo  a que no quisieras hablarme. Quizás tú tengas ganas de contarme todo lo que ha pasado. Ahora recuerdo la ilusión, la emoción que sentía justo antes de hablar contigo.
Cuatro pitidos. No, ya no creo que quieras cumplir la promesa. Si nada ha cambiado, o al menos puede volver a ser igual ya habrías contestado. Aunque... quizás... No, admitámoslo.  No pudimos cumplir ni una de nuestras promesas. Es triste. Tanto que teníamos y prometimos.
Cinco pitidos. Yo.... últimamente había pensado mucho en ellos, en los niños, en la boda, en como soñábamos que sería... Tantas veces que deseé decirte "lo siento". Te hice mucho daño, sabiendo cuanto puedo decirte, igualmente te dañé. Debí haberlo intentado... Debí haber esperado un poco más.  Tú lo decías: nada es imposible si estamos juntos.
Seis pitidos. Te perdí. Definitivamente te he perdido. Desaproveché la oportunidad de una vida hermosa a tu lado. Perdí a alguien que me amaba, que me hacía feliz....
Cuelgo. ¿Para qué cumplir la promesa? Está claro que no va a ninguna parte, que no se puede volver a atrás. Se acabó.
Me siento en el suelo, tratando de contener todo el aire. Una lágrima cae por mi mejilla. El teléfono suena, alargo la mano con pesadez para cogerlo.
-¿Sí? -pregunto con un inevitable temblor en la voz.
-Nunca te he olvidado. -Dices.



19. AAD

martes, 18 de junio de 2013

Gritos. Mentiras. Lágrimas.
Palabras que duelen dichas con mala intención.
Más gritos.  Más lágrimas. Portazo. Silencio...
...Ahí te das cuenta...
Todo se ha acabado.

sábado, 8 de junio de 2013

Vagón (Valentine song, Lotte Mullan)

Miraba tras la ventana del vagón como el paisaje pasaba rápidamente. Su taza de café sobre la mesa, junto a un cuaderno demasiado viejo como para significar algo. Los auriculares puestos, apenas oía el traqueteo de las ruedas del tren, las manos cruzadas sobre el regazo, el pelo suelto le caía delante de los ojos. Éstos eran pequeños, bien perfilados, de color oscuro y largas pestañas. Los labios gruesos, rosados, apenas se movían mientras ella tartamudeaba una canción. Una canción de amor como tantas otras.
En la otra punta del vagón, él leía desinteresado el periódico. A veces levantaba la vista para mirar por la ventana, o echar un vistazo al pasillo. Custodiaba con recelo la carpeta grande azul que tenía sobre la mesa. Cuando oí a alguien acercarse, rápidamente comprobaba que siguiese allí. Entonces respiraba aliviado, se despeinaba el pelo y se arremangaba aun mas la camisa. Lucía un aspecto más bien desaliñado, con los vaqueros desgastado y sus zapatillas usadas mil y una veces.
Ella tomaba a sorbos su café sin saborearlo demasiado. Agarrando la taza delicadamente entre las manos, alzando un poco la vista, aprovechando para mirarle.
Él pasaba lentamente las páginas del periódico, arrastrando despacio la punta hacia el otro lado. Justo en ese momento, podía verla con total claridad y disfrutar de la manera de sus labios moverse.
Ella no se daba cuenta de las miradas que él le lanzaba, ni de como sonreía cuando la veía aparecer en el vagón todos los días a la hora esperada.
Él no sabía que ella viajaba especialmente en ese tren, se sentaba en el mismo sitio y pedía siempre el mismo café sólo para que pudiese reconocerla.
Ella no puede saber con cuanta impaciencia esperaba la mañana siguiente.
Él no tiene ni idea de cuantas veces se distrae imaginándose juntos, besándose, hablando, haciendo las cosas que cantan en las canciones.
Ella nunca sabrá que en la carpeta, él escondía los montones de dibujos que había hecho de sus ojos.
Él nunca leerá todos los sueños que ella ha escrito en ese cuaderno.
Porque ninguno de los dos tendrá el valor de levantarse a hablar con quien podría ser el amor de su vida.

viernes, 7 de junio de 2013

Escrito #5

¿Por qué? ¿Por qué hay gente que no siente lo que otra gente siente? Esa antipatía, esa falta humanidad. ¿Tan divertido es rebajar a alguien sólo por diversión?
 Hoy he descubierto como la persona más fuerte del mundo puede llorar de forma desconsolada, y como quien menos te lo esperas puede tener una vida difícil. Y aún así, tras ver a esa persona llorar delante de todos, hay alguien  capaz de cuestionar la razón por la que llora. ¿Tan importante es quedar mejor que los demás? ¿O tener la última palabra?
No, no lo es. Pero darse cuenta de cuando callar merece una maduración de la que se carece, una humanidad que falta, una sensibilidad que no existe. Empatía joder, algo de empatía hacia las calamidades que está contando.
Pero ya veo que tipo de gente forma el mundo.
Es gracioso reírse de alguien por su aspecto físico, su forma de ser, o por su manera de actuar.
Es entretenido castigar a alguien de forma continua.
Es normal que quien te quiere pueda hacerte daño.
Que se le puede hacer. Se que no hay manera de luchar contra esas personas a las que les falta madurez, humanidad y un mínimo de sensibilidad.