miércoles, 30 de octubre de 2013

Teatro

Su vida era un gran escenario. Nació y creció en él, convirtiéndose de niño a joven, de joven a adulto, de adulto a anciano. Anclado estaba entre los focos y los aplausos, entre los párrafos en verso, entre historias de teatro. 
Dormía al cerrarse el telón, admirando el terciopelo rojo tras el que se ocultaba. Y al despertar, esperaba con ansias el gran murmullo inicial, el silencio expectante al alzarse, las ovaciones al inaugurar la obra. 
Cada verso y estrofa del guión fluía de sus labios deslumbrando a miles de espectadores. Lloraba, juraba, reía. Sus pies andaban sobre el escenario tal como la tierra gira bajo los míos. 
Pero su muerte llegó rápido. La fama se esfumó, traicionera como siempre. Otro artista era ahora dueño de sus aplausos, de sus párrafos. Otro era centro de sus focos y propietario de su escenario. 
Se consumió ante tanta pérdida.
Era el último acto de su última función. Blandiéndose en un duelo de espadas y vestido de terciopelo, exhaló un último aliento. Bajo la atenta mirada del auditorio, cayó desplomado con la espada clavada en el pecho y pintura roja extendida en el traje, 
El público se alzó completamente excitado, ahogando al actor en una marea de aplausos. Y mientras  se cerraba el telón, clausurando su última obra, el actor murió despacio, aprovechando el delicioso sonido de los aplausos.

domingo, 27 de octubre de 2013

Y la dejaste ir. (Let her go, Passenger)

La mirabas y veías el amor en sus ojos. ¿Realmente quieres dejarle ir?

Te escuchaba paciente cuando tenías problemas, te daba su hombro cuando necesitabas consuelo y te ayudaba a levantarte cuando caías.
Pero tú un día le diste la espalda.
Te volviste impaciente, malhumorado. Te volviste rencoroso e irritante. No sabía que decir para que no te enfades, ni que hacer para que se te fuese el enojo.
Te cegaste y no te dabas cuenta de que ella poco a poco se alejaba.

Hasta que un día ya no hubo amor en sus ojos.

Ahora, bien cerrada la noche, los abres de nuevo. Extrañas el calor a su lado entre las sábanas y su voz al despertar. Su ropa desordenada en el armario, y sus cuadernos esparcidos por el escritorio. Extrañas la luz que había por aquel entonces en casa, y el alivio de saber que tras un mal día siempre estaba para levantarte el ánimo. El olor de su perfume. El sabor de sus labios. Entre algún que otro lamento te preguntas:
¿Por qué la dejaste ir?

domingo, 20 de octubre de 2013

Como se nota

Como se nota cuando todo ha cambiado. Cuando las charlas ya no tienen sentido. Cuando hablarse ya no es lo mismo. Cuando el sonido de su voz escasea, y cuando el tacto de sus manos se siente lejano.
Como se nota.
Cuando todo ofende.
Cuando todo el rato son pelas.
Cuando por las noches te giras mirando la pared sin esperar unos brazos que te acunen.
Las caricias raspan la piel y los besos son de mentira. Los abrazos no dan calor y las miradas no acogen.
Como se nota.


sábado, 19 de octubre de 2013

Ya no sé que esperar de ti: si a alguien que se enfada por todo o a alguien atento y agradable. Ponte de acuerdo y que se te meta de una vez en la cabeza: los celos no son buenos. Que te consumen y te convierten en alguien horrible. ¿Necesitas una razón más para tratar de dejarlos? Porque para mí es más que suficiente.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Caída.

Me sentí libre, ligera. Después de tanto tiempo el peso bajo mis pies había desaparecido y podía alzarme y crecer sin que nada me empujase hacia abajo. La tensión que se sentía en el pecho, la opresión en el corazón ya no estaban. Y por una vez en meses, ningún sentimiento. No había ni felicidad, ni tristeza. ni esperanza en mí. Nada. Vacía de cualquier sensación humana. 
Sin expresión alguna, respire profundo. El cielo se extendía en todas las direcciones, el viento pasaba entre mis dedos y sólo se oía silencio. 
Cerré los ojos y no volví a abrirlos. Me sentí libre, ligera, infinita. Me creía capaz de subir y tocar las nubes, de llenarme de ese azul cielo. Escalé, con las puntas de los dedos escarbé en el aire. Logré elevarme aún más, alzarme incluso más que las nubes, traspasar el sol. Éxtasis. Ahora lo único que sentía era una tremenda euforia que afloraba y se extendía en mi interior. 
Pero cuanto más alto llegas, más dura es la caída.
El frío y sólido suelo me golpeó con fuerza. La realidad me azotó y los sentimientos me abrumaron. Me encogí en mí misma mientras sentía ese peso tirando de mí, atándome al asfalto. Algo oscuro se enredó en el corazón y lo apretó con fuerza. 
Me sentí presa, pesada, fugaz. Me sentí pequeña ante toda esa inmensidad.

domingo, 13 de octubre de 2013

Querido Amigo:

Es difícil saber que has cometido un error y no tener ni idea de como solucionarlo. Quizás te dejaste cegar por el enfado en el peor momento y con la persona equivocada. Quizás esa persona equivocada no se lo merecía. Quizás te diste cuenta algo tarde que te equivocaste y ahora tienes miedo de pedir perdón. ¿Lo pensaste alguna vez? ¿Te diste cuenta?
A mi me cuesta poco pedir perdón, o al menos los perdones verdaderos salen con más facilidad que con otras personas. Me equivoco demasiado y con demasiada frecuencia. Y la mayoría de veces por no hacerme caso y descontrolarme. Ven? No puedo descontrolarme porque cuando lo hago son peores las consecuencias.
Esta vez no es diferente.
Y me arrepiento, por su puesto que me arrepiento.
Porque tú, mi querido amigo, eres muy importante para mí, y equivocarme contigo es peor que equivocarme con cualquier otra persona. Tú, mi querido amigo, es con quien realmente me arrepiento de mis errores y con quien digo verdaderos perdones.
Así que ten por seguro que cuando te digo lo siento lo digo de corazón aunque no me creas. Y que si te digo que esta vez me cegaron los celos y el enfado, espero que lo hagas.
Sólo quiero que sepas que prometo ser más distante ahora, no meterme tanto en tu vida. Que si quieres salir y no estar conmigo una tarde, un día, o todo un fin de semana a pesar de que te eche de menos, puedes hacerlo sin temor a que me entre un ataque. Seré más tranquila y pausada, más razonable y paciente.
Pero querido amigo, no te vayas y me guardes rencor esta vez.