martes, 30 de diciembre de 2014

Un brindis y Feliz Fin De Año.


  1. Un brindis por la sonrisa que oculta las lágrimas.
  2. Un brindis por aquellos que ya no pueden brindar con nosotros.
  3. Un brindis por los que se atreven a alzar la voz.
  4. Un brindis por los "quédate un ratito más".
  5. Un brindis por los recuerdos.
  6. Un brindis por el camino que hemos dejado atrás.
  7. Un brindis por el camino que aun nos queda.
  8. Un brindis por los amigos, los que fueron, los que son, y los que serán.
  9. Un brindis por las noches en que soñé contigo.
  10. Un brindis por las veces que pronuncié tu nombre, aun cuando tú no estabas cerca.
  11. Un brindis por el caos que ordena mi vida.
  12. Un brindis por los problemas, qué les vamos a hacer, sin ellos la vida no tendría gracia.
  13. Un brindis por las frases lindas. 
  14. Un brindis por los que no hemos perdido la esperanza.
  15. Un brindis por las costuras que nos han remendado el corazón.
  16. Un brindis por las oportunidades perdidas.
  17. Un brindis por las decisiones, buenas o malas.
  18. Un brindis por el arte de robarte besos.
  19. Un brindis por la prosa y el verso.
  20. Un brindis por los que esperan. 
  21. Un brindis por esa tarde en la que decidí hacerle caso al corazón y no a la razón, y desde entonces estoy contigo.
  22. Un brindis por las recompensas, que siempre llegan.
  23. Un brindis por los sueños que sobrevivieron al desgaste de la espera. 
  24. Un brindis por todos aquellos que tienen el corazón triste. 
  25. Un brindis por los que están lejos.
  26. Un brindis por los comienzos.
  27. Un brindis por los finales.
  28. Un brindis por las llamadas a altas horas de la noche.
  29. Un brindis por las cartas que nunca llegué a enviarte.
  30. Un brindis por las promesas rotas.
  31. Un brindis por la felicidad del que llora.
  32. Un brindis por todos y cada uno de los soñadores.
  33. Un brindis por los esnifadores de libros. 
  34. Un brindis por los que escriben poesía en las paredes.
  35. Un brindis por las flores que crecen en las grietas del asfalto. 
  36. Un brindis por la luz de sus ojos.
  37. Un brindis por el estruendo de su sonrisa.
  38. Un brindis por la canción que son sus besos. 
  39. Un brindis por los días de lluvia.
  40. Un brindis por la filosofía del vive y deja vivir.
  41. Un brindis por los días buenos.
  42. Un brindis la nostalgia y la añoranza.
  43. Un brindis por tus vicios, por mis vicios.
  44. Un brindis por aquel libro que me hizo llorar por primera vez.
  45. Un brindis por la familia.
  46. Un brindis por mi hermana, por haberse convertido en mi amiga.
  47. Un brindis por esas amistades que no sabes cómo llegaron, pero siguen ahí.
  48. Un brindis por el silencio que dejas cuando te vas.
  49. Un brindis por las cosas que ocurren sin explicación.
  50. Un brindis porque mis sueños sólo son buenos cuando estás en ellos.
  51. Un brindis por el karma, que se ha olvidado de unos cuántos que han obrado mal.
  52. Un brindis por el miedo a perderse, a perderte, a perdernos.
  53. Un brindis porque todavía sigues leyendo.
  54. Un brindis por las cosas simples.
  55. Un brindis por este amor, que aún no mata.
  56. Un brindis por los que arrancan gemidos en vez de llantos.
  57. Un brindis por la Navidad que ya no importa, y por aquellos que inexplicablemente mantienen la ilusión.
  58. Un brindis por los que a pesar de todo no guardan rencor.
  59. Un brindis por las primeras y por las últimas veces.
  60. Un brindis porque todo se acaba, pero nos esforzamos para que lo que tenemos perdure.  
  61. Un brindis por esas sonrisas que te hacen sonreír.
  62. Un brindis por todas aquellas personas que lucharon, pero perdieron la batalla.
  63. Un brindis por esos pechos que sirven de almohada.
  64. Un brindis por la esquina de los labios y el hueco de las clavículas.
  65. Un brindis por esta sociedad que está tan equivocada.
  66. Un brindis por todo lo que dejamos por la mitad.
  67. Un brindis por lo que callamos.
  68. Un brindis por esas mentiras que endulzaron no sólo nuestros oídos sino también nuestro corazón
  69. Un brindis por los mal pensados. 1313
  70. Un brindis por las estrellas.
  71. Un brindis por todos aquellos que nos rechazaron alguna vez.
  72. Un brindis por vos, que te fuiste sin avisar.
  73. Un brindis por las palabras que jamás me atreví a decirte.
  74. Un brindis por cada abrazo que me diste.
  75. Un brindis por el esfuerzo, por el trabajo.
  76. Un brindis por esa canción.
  77. Un brindis por spotify y sus listas de reproducción según tu estado de ánimo. 
  78. Un brindis por el último día que estuvimos juntos.
  79. Un brindis por tu lado de la cama.
  80. Un brindis por aquella camisa que aun guarda tu olor.
  81. Un brindis por los que nacimos en los noventa.
  82. Un brindis por los hipócritas, sin vosotros la vida sería demasiado sencilla.
  83. Un brindis porque te caíste, pero te levantaste.
  84. Un brindis por ese amor que permanece aún más vivo que nunca.
  85. Un brindis por esas personas que están en las buenas y en las malas.
  86. Un brindis porque a veces te pienso sin querer.
  87. Un brindis por los finales inevitables que llevaron a comienzos imposibles.
  88. Un brindis por la desconfianza.
  89. Un brindis por los despertares que tenemos pendientes.
  90. Un brindis por los besos que se roban en los cines.
  91. Un brindis por los que se quedaron atrás.
  92. Un brindis por las risas que nos hicieron llorar.
  93. Un brindis por las veces que dijimos que este año sería mejor y no se cumplió.
  94. Un brindis porque amo escucharte.
  95. Un brindis por los estudios que te impiden leer más libros.
  96. Un brindis por esa imaginación incontrolable.
  97. Un brindis por los rebeldes.
  98. Un brindis por todos los escritores que crearon esos personajes que se anclaron a nuestro corazón.
  99. Un brindis por ese apoyo que se volvió mundial.
  100. Un brindis por Tumblr.
  101. Un brindis por los chilenos que llenan Tumblr.
  102. Un brindis por los que llegan tarde. 
  103. Un brindis por las musas.
  104. Un brindis por ti, que eres mi musa, mi fuente de inspiración.
  105. Un brindis por los actos de amor.
  106. Un brindis porque aún me desatas a suspiros.
  107. Un brindis por Bécquer y su amor imposible.
  108. Un brindis por la imagen que nos devuelve el espejo. Sé que en el fondo no lo haces con mala intención.
  109. Un brindis porque leo y releo con ansias cada palabra que escribes.
  110. Un brindis por todas las historias que me quedan por escribir.
  111. Un brindis por los desastres.
  112. Un brindis por los que sobrevivieron a los desastres.
  113. Un brindis por el tiempo que se llevó nuestros recuerdos.
  114. Un brindis por ese impulso que me lleva a revisar mil y un veces si me has escrito un mensaje.
  115. Un brindis por los problemas que se arreglan sólo con un beso.
  116. Un brindis porque pretendía escribir 365 brindis, pero me ha sido imposible.
  117. Un brindis porque, a pesar de ser un año difícil, fue un buen año.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Aún no es el final.

Un proverbio indio dice: "Al final todo saldrá bien, y si no sale bien, es que no es el final."
Parecía que había llegado el final. El final no visto como algo catastrófico, sino como el clímax, la cumbre. 
Parecía que todo iba a salir bien después de todo este año desastroso, después de esta montaña rusa repleta de giros de 180 grados.
Fue una ilusión, un final irreal, aparente. 

viernes, 26 de diciembre de 2014

Nadie salvo tú puede aceptarte. Los demás pueden pensar lo que quieran. Que eres muy alta, muy baja, muy gorda, muy flaca, muy guarra, muy santurrona. 
Pero ellos sólo son los demás, y tú eres más grande que todos ellos juntos. 
El número de personas cuya opinión te importa debe ser mínimo. Hace unos cuantos meses, admito que el mío contaba con bastantes sujetos. Pero llega un momento en el que te pones a pensar en esas personas, a pensar de forma real, por encima de lo que se supone que debes pensar sobre ellos. En cómo son en realidad, en si realmente puedes confiar en ellos, en lo malo y lo bueno. 
Mi número se ha visto reducido a tres personas. A tres.
Todos los demás, no importan.
Puede que con ellos pases un buen rato, que te rías, que te diviertas. Si no están entre las personas cuya opinión te importa, no pueden tener influencia sobre ti.
Pero si ni uno mismo se acepta, de poco sirve hacer la lista. 


jueves, 25 de diciembre de 2014

El tiempo no sabía que iba a detenerse con tan sola una sonrisa tuya. No sabía que se aceleraría por el trueno que produjo el choque de nuestros labios. No sabía que encontraría un final en las manchas negras que son tus pupilas o en aquella murada furtiva entre arrebatos de lujuria.
Pasa rápido cuando somos todo manos, que forcejean con los bordes la ropa, que juguetean con el primer botón de la camisa y amenazan con mostrar la esquina de tu clavícula.
Se consume despacio, lentamente, cuando me abrazas y llevas mi cabeza a tu pecho, y entre caricias me descubro concentrada en unos latidos que ahora marcan el ritmo de mi prosa.
Porque más rápido o más lento transcurre el tiempo entre la linea de tus pestañas, entre las vetas verdes de tus ojos, para acabar en cada parpadeo y renacer cuando pronuncias mi nombre.
Qué es el tiempo, entonces, si al estar contigo no hay forma de contar los segundos, los minutos, o estos casi cien días.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Es curioso como la inspiración ha hecho alarde por su ausencia. Incluso tú, que me inspirabas con cada beso, no has logrado que las musas vuelvan. No te culpes, es cosa mía. He dejado abandonados a mis personajes, a mis historias, a mis relatos. Es el precio que hay que pagar por la inconstancia literaria.
Ahora que tengo quince días por delante, con veinticuatro horas relativamente libres cada uno, me encuentro con que ni Calíope, ni Erato, ni Talía quieren perdonarme por mi larga ausencia.
Esperaré al milagro de las cuatro de la mañana.
"An unexplainable and extraordinary even that happens around 4 a.m. where sleep deprivation erodes your internal censors and allows you to come out of yourself and create something amazing."

lunes, 1 de diciembre de 2014

¿Se supone que uno aprende de todo esto? ¿Qué es así como uno debe ver la vida?
Dicen que cosechas lo que siembras. Que si te esfuerzas lograrás todo y más.
Pues yo me esfuerzo y no logro nada e incluso menos.
De cinco a nueve, de lunes a viernes. Domingos incluidos y sábados salteados.
Y no es suficiente.
¿Sabéis lo que es eso? ¿Qué me siento una inútil que a la hora de la verdad no lo demuestra? ¿Qué a estas alturas es como estar perdiendo el tiempo porque para qué si no vale?
¿Y si soy yo el problema?
¿Y si todo se reduce a que no sirvo, a que no soy capaz?
¿Para qué seguir si no es suficiente?

domingo, 30 de noviembre de 2014

viernes, 28 de noviembre de 2014

Enséñame a vivir sin pensar en cuán malo puede ser el final. El Final visto como algo abstracto y que pueda aplicarse a todo.
Enséñame a cerrar los ojos sin temer a que la incertidumbre de no saber que habrá al abrirlos.
¿Sabes? Me enseñaron cómo ser responsable, cómo dedicarle tiempo al estudio, cómo de importante era sacar buenas notas. Me inculcaron que debía depender de mí y de nadie más, y que todo tiene consecuencias.
Nunca me dijeron que aún podía disfrutar de las noches de insomnio, ni que los días de lluvia podían ser bonitos aunque no luciera el sol.
Tampoco me contaron que la vida es algo más que un par de números que te califican, y que ésta no se reduce a una hora frente  al papel que pone a prueba tu memoria.
O algo más que seguir la norma.
O algo más que leer la letra pequeña.
Enséñame a no ponerme nerviosa cuando dicen mi nombre en alto.
A evitar ese temblor en las manos.
Porque nadie puede quitarme la locura pero al menos podré ocultar los síntomas.
Al final te acostumbras a mis paranoias, a mis tonterías, a mis desvarios. Acabas de descubrir mi personalidad voluble y mis pequeños delirios. ¡Y los que te quedan!
Enséñame a vivir, porque ya he soñado demasiado.


miércoles, 19 de noviembre de 2014

Qué fue del Amor, aquel Amor escrito en mayúsculas, que desencajaba el corazón del pecho, y volvía a colocarlo en su sitio con un solo suspiro tuyo.
Dónde murieron los atardeceres que emergieron de tu cintura. Y aquel amanecer que alguna vez se atrevió a terminar en las líneas de tus pupilas.
En qué recodo de mis sábanas escondiste el tacto de tus dedos, y la estela que dejaban sobre la piel, y las cicatrices que marcaban tus uñas. 
Qué fue del Amor.
Qué fue de ti, de mí, de los recuerdos. 
Que me falla la memoria y la desgasta aun más el tiempo, y ya ni soy capaz de recordar el dulce sabor a sal que me dejaron tus besos.
Conoces el significado del verbo escribir.
Sabes lo que precede y produce, lo que requiere y conlleva.
Sabes que todos los que escribimos llevamos dentro un poco de locura, que va pagando factura con los años. Porque, cómo no vamos a estar locos, si transformamos la realidad en palabras. Los matemáticos lo hacen en números, y se considera una realidad lógica. Los filósofos intentan comprenderla con millones de teorías e hipótesis que la deshilachan poco a poco, y se considera una realidad más fácil de entender. Pero traducirla en palabras... tiene que ser cosa de locos.
Sabes que la escritura a veces nos obliga a pasar las noches en vela, esperando la llegada de una musa que de nuevo se retrasa o que no se atreve a abandonar la cama de otro artista. Esperando a una inspiración que va y viene como mejor puede, con miedo de cerrar los ojos y ceder la mano al sueño.
Sabes lo que es necesitar escribir cuando nadie más puede darte el mismo apoyo. Sabes lo que es dejar una parte de ti en un pequeño trozo de papel.
Has sentido ese agotamiento, ese cansancio que supone el descargar el miedo, la tristeza, la decepción, la impotencia, todos los sentimientos que acosan día a día y cada vez con mayor frecuencia.

Por eso te quiero.
Porque sabes lo que significa el verbo escribir, y convertir la sangre en tinta, y tus pensamientos en literatura.


viernes, 14 de noviembre de 2014


Algo falla, tiene que admitirse.
Algo no funciona cuando de veinticuatro horas que tiene el día te das cuenta que necesitas otras cinco. Otras. Cinco.
Hoy tuve un examen de Filosofía. Puedo deciros que es la asignatura más extraña que he tenido en mi vida, y hacer ese examen ha sido una experiencia más extraña si cabe. Cuando sonó el timbre y le entregué las hojas al profesor, un hombre de cuarenta y pocos, con entradas de calvicie y arrugas alrededor de los ojos, me señaló mis ojeras. "¿Qué pasa? ¿Qué no duermes por las noches?", me preguntó. Yo simplemente dije que había sido una semana complicada, y que me alegraba de que llegara el viernes. 
Ni si quiera me había dado cuenta de que tenía ojeras. 
Es más, ni si quiera he tenido mucho tiempo de mirarme al espejo en las últimas tres, cuatro semanas. Al igual que tampoco he pasado dos noches seguidas durmiendo como la OMS recomienda desde que empezó el curso, es decir, desde hace dos meses. 
Y es que cada vez que acaba el día me doy cuenta de la cantidad de cosas que no me ha dado tiempo a hacer o a terminar, y se me echa el tiempo encima. Cómo si no estuviera aplastándome ya. 
Lo peor, es que no es suficiente.
Si aunque sea las horas que se quedan enganchadas en los libros cundieran como debieran, si el trabajo realizado fuera directamente proporcional a la satisfacción del resultado. 
Al final para lo que sirve es para tener una mezcla entre morfemas flexivos, logaritmos, razonamiento inductivo y dicotiledonias que te mantiene despierto por las noches. Dios, si hasta leerlo marea. 
Debería tomármelo menos a pecho. Llevar la vida con más calma. Yo lo sé, que sólo se vive una vez. 
Pero qué hago. ¿Miro sólo para el día de hoy y me olvido del de mañana? ¿Paso por alto que tengo que formarme un futuro? ¿Me olvido de cumplir las expectativas previamente dispuestas?
Yo no quiero irme. 

martes, 11 de noviembre de 2014

(Día Sexto y Marta Espinosa, La Incertidumbre del Pianista)

Vienes a mí, como si me quisieras, vendiéndome el amor en forma de versos. Como si la mentira solo cupiese en forma de prosa, como si la poesía se librase de ella.
No me vendas tus besos con frases dulces, mitad verdad, mitad cuento, que no voy a pagar por ellos. Después de tantas primeras citas no necesito invitación para inclinarme hacia tus labios, así que simplemente abre mi puerta con tu llave y vuelve a mentirme diciendo que me has echado de menos.
Bien sabes que tengo el perdón fácil, y el negarte cualquier deseo me es difícil. Por eso te perdono cada vez que te vas, y te complazco cada vez que vuelves. Me contento con que al menos te quedes unos minutos más que la noche anterior, y así poco a poco le ganamos minutos al día.
Si al final, me he acostumbrado a tus versos de mentira, que a veces cuesta creer que no son verdad. Sí, mejor no te vayas. Para qué, si los dos sabemos que acabarás volviendo.

sábado, 8 de noviembre de 2014

La gente habla de muros como algo metafórico. Yo misma lo hago. Un muro como algo que aísla a uno de lo que le rodea, ya sea por autoprotección, por autocontención, o simplemente por el hecho de mantener la privacidad. 
Es sorprendente que en realidad, no sepa lo que es un verdadero muro.
Salir a la calle y verlo ahí, alzarse hacia el cielo, separándote de la otra mitad de tu país, alejándote forzosamente de la otra mitad de tu familia.
Encaramarte a las piedras con miedo porque al otro lado hay torres con guardias que vigilan atentamente, dispuestos a prender fuego si se te ocurre saltarlo.
Hablo de muros personales que se derrumban cuando no estuve presente hace veinticinco años, cuando la gente destruía con sus propias manos y a golpe de martillo las piedras, y saltaban de un lado al otro eufóricos, incapaz de creerse que estén pisando el lado oeste.  
"El muro de la vergüenza", lo llamaban. 
Y me fui a dormir con ese sabor extraño en la boca. Una mezcla amarga entre preocupación y culpabilidad. Cerré los ojos con la sensación de estar pasándome de la raya, y con la advertencia racional de que es mejor contenerse.
¿Quién soy yo? ¿Quién me obliga a obligarte? ¿Qué poder tengo sobre ti y sobre lo que puedes o no hacer? No soy dueña de tu vida ni de tus decisiones.
¿Quién me otorga el derecho de acribillarte a preguntas y de hacerte sentir mal? ¿Quién soy yo para pasar lista de tus pecados?
Ni aunque me des permiso.
No, ni aunque me dejes hacerlo.
Yo no tengo potestad alguna.
No sé que es peor, si la culpabilidad que me produce vigilarte, el estar alerta por si haces algo malo, o la preocupación de no saber si vas a recaer de nuevo.
No sé que es peor.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Mario Benedetti - No te rindas

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños

Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo, porque yo te quiero.
Qué no te dé miedo ponerte de pie mientras todos los demás permanecen sentados.
Qué no te asuste alzar la voz cuando te ignoran.
Qué no te embargue la impotencia, ni el pavor, ni el recelo.

No tengas miedo de escribir algo, sólo porque alguien puede llegar a leerlo.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Las relaciones son como una cuerda elástica.
Hay veces en las que la tensión es tan fuerte que, a base de estirar por ambos extremos, la cuerda elástica acaba cediendo.
Y se rompe.
Y no hay nudo, ni adhesivo, ni pegamento que las vuelva a unir.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Imagina que pierdes las gafas en mitad de una multitud
que ves a todo el mundo cantar una canción que tú no conoces
que se te borran todos los mensajes poco a poco, y al azar
que te dejan en mitad de Madrid y le cambian el sentido a todas las lineas de metro
que tus canciones favoritas empiezan a sonarte desconocidas
que te leen tus poemas, y no entiendes de quién hablan
que te sueltan en mitad de otra vida con los ojos vendados y un mapa de mentiras
que tus amigos, de repente, no saben ni oírte ni entenderte
que un día despiertas, y se te han desordenado todas las fotos
que miras al espejo, y no reconoces lo que ves.

Así me siento yo,
desde que tú no me miras.

Pablo Benavente
La confianza es como el alma, cuando se va no vuelve. Habré intentado usar esa frase en millones de ocasiones, y en ninguna de ellas la he usado correctamente. Por lo menos, no con el significado que tiene ahora. Quizás mi intención no sea explicarme. Quizás sí. Pero en cualquier caso, no lean ninguna frase de este texto en tono de reproche, porque no estoy reprochando nada.
Es difícil decir como han sido estos últimos meses. Cuando hablo de miedo hacia aquellas miradas de desaprobación me remonto a meses atrás, a principios de Junio, que fue cuando se desmoronó todo. No sé si fue un problema de comunicación, un choque de personalidades o simplemente el desarrollo de una manera de pensar totalmente distinta a la que me habían inculcado.
Cuando hablo de confianza, me refiero a que siempre recurrían a ella como escusa cuando yo hacía algo indebido o no correcto. Siempre sacaban el tema de que me aprovechaba de ustedes y de que ya no podían confiar en mí. No me respondan ese comentario, solo piensen la respuesta sin autoengañarse.
Entonces, me armé de un valor que no tenía, porque sí, uno de mis grandes problemas es la falta de confianza. Me armé de valor y me echaron a los lobos. Y justo ahí comenzaron las frases secas, los comentarios ofensivos, las miradas de reojo que me llenaban de vergüenza. Sí, me moría de vergüenza porque me culpaba a mí misma de todo. Y no todo era culpa mía. Sólo piensen la respuesta sin autoengañarse.
Me sentí tratada de un modo que no me merecía. Llevo buena parte de mi vida comportándome de un modo ejemplar. Nunca he dado demasiados problemas ni quebraderos de cabeza. No bebo, no fumo, no consumo ninguna clase de estupefacientes. Acudo siempre a clase, nunca he hecho "novillos" o "pellas" o me he "hecho la rata", como prefieran llamarlo. Mi media el año pasado fue de 8'8, y la siguieron usando de excusa de que no me he esforzado a pesar de que seguían diciendo que era una buena nota. La mayor parte del tiempo, he sido sincera. Sí, sincera. Por mucho que vean conspiraciones donde no las hay, por mucho que desconfíen de una manera no ratificada, he sido sincera. Mi primera mentira REAL, fue hace una semana y no me enorgullezco de eso. Si prefieren sentirse dolidos por aquella única mentira, y valerla también de escusa, adelente.
No lo merecía. No respondan, solo piensen la respuesta sin autoengañarse.
¿Cómo no verles de forma distinta si se comportaron así conmigo? Yo ahora estoy estudiando algo que detesto, y a pesar de todo le pongo la mejor cara y todo mi esfuerzo. No fue suficiente esfuerzo, lo sé. Pero queda mucho curso por delante y sé que puedo sacarlo, no necesito toda esa presión y tensión extra, bastante tengo ya con que las veinticuatro horas del día no son suficientes, para ahora tener que cumplir con sus expectativas de una hija perfecta que claramente, no puedo llegar a ser.
 No creo que haya abusado de su confianza en ningún momento. Creo que esperaba el apoyo que siempre me prometieron pero del que me privaron en cuanto me salí un poco del carril que me habían trazado. No confío en ustedes como lo hacía antes, no del modo incondicional que lleva ligado el miedo a decepcionar les  o a que se sientan defraudados de algún modo u otro. ¿Cómo? ¿Cómo si un error desemboca en una catástrofe?
Dicen que lo que estoy haciendo les duele. A mí me dolió lo que hicieron. No quiero vengarme, no quiero cumplir el "ojo por ojo", acabaríamos ciegos. Pero desde entonces hay algo que me impide comportarme igual, una especie de resentimiento que me absorbe por completo en los días malos, y que sólo me atonta en los días buenos. Dolieron la mayor parte de sus comentarios. Sobre todo aquellos en los que negaban cualquier clase de parentesco conmigo, como si por dejar de ser su hija verbalmente mi material genético cambiase y les librara de la obligación que conlleva cuidarme.
No rompí el nido familiar.
No fui solo yo.
Los tres tuvimos parte de la culpa y como prueba de madurez asumo la mía. Y pido perdón por los fallos que pude y podré cometer, y los que claramente cometí, sin subjuntivo.
Si lo escribo es porque no tengo el valor de mirarles a los ojos y decíroslo sin balbuceos ni vestigios de duda. Espero que hayan llegado al final sin sentirse ofendidos. Yo sólo pretendo ser sincera, y contar todo lo que no he tenido el valor de contar.
Todos cometemos errores.
Empecemos de nuevo.

jueves, 30 de octubre de 2014

Me falta valentía. Me falta el coraje que empuja a la gente a llegar lejos. Me falta tomar ese impulso, ese envión que me puede ayudar a alcanzar mis metas. Soy tan cobarde que no me atrevo a dar el paso y hacer una pregunta. Una. Maldita. Pregunta. Podría sacarme de esta horrible situación que me derriba.
Una comparación sería la de una rama que se ha roto de un árbol y ha caído al río. Al principio es arrastrada por la fuerte corriente que la lleva agua abajo, hasta que encuentra una orilla y queda varada.
Allí aguanta a duras penas la fuerza de la corriente y las continuas olas, que en ocasiones consiguen volver a empujarla río adentro.
Si la rama tuviese conciencia y vida, y fuese capaz de apartarse de la orilla cuando la marea sube, la rama se salvaría de la caprichosa corriente.
Si yo fuese esa rama tendría miedo de apartarme de la orilla, porque tras el río hay un bosque enorme y no sé que es peor, si morir ahogada o adentrarme en ese bosque donde hay tantas posibilidades de vivir como de morir.
Y sería una situación totalmente ridícula porque una simple rama tendría más coraje que yo, y más posibilidades de seguir viva.
¿Qué es lo que me impide ir allí y lanzarme? No dudaría en tirarme al vacío desde un puente con el único amarre de una cuerda elástica. ¿Por qué no puedo ir y preguntar sin pensar que se me echará el mundo encima? ¿Qué clase de persona soy si puedo irme a dormir cada noche sabiendo que me estoy fallando a mi misma?.
Hace casi dos años tomé la decisión de dejar de lado la timidez, porque me di cuenta de que así no podría seguir viviendo una vida como la que esperaba tener. Pues mi siguiente gran paso no es leer uno de mis escritos frente a cincuenta personas, ni bailar disfraza delante de todo el instituto.
Mi siguiente gran paso es respirar hondo y hacer la pregunta. Es llenarme de la poca valentía que tengo para avanzar medio centímetro. es recoger coraje de donde sea para que la próxima vez avance medio metro. Es simplemente, ir y hacer la jodida pregunta.
¿Qué clase de persona soy y qué clase de persona estoy dispuesta a ser?

domingo, 26 de octubre de 2014

Porque yo no llego ni con regalos ni sin invitación a la vida de cualquiera, pero me quedo si así me lo piden.
Ten por seguro que alargaré mi visita si me llevas a las librerías, si me tienes paciencia entre libro y libro, entre gritos y exclamaciones de emoción y euforia cuando descubro un ejemplar que hace mucho que estaba buscando.
Si me abrazas sin motivo y sin excusas si me besas .
Si me miras cuando cantas y el verso habla de alguien a quien no dejar nunca.
Si tras contarte todo lo malo sigues convencido que lo bueno es lo que importa.
Quiero que sepas que si me la ofreces aceptaré tu mano, si es verdad aquello que dices, que me enseñarás como despegarme del suelo.

viernes, 24 de octubre de 2014

-Regálame tu noche. -Le susurró ella al oído.
Él envolvió con los brazos su cintura, esbozando una sonrisa a milímetros de sus labios.
-No. -Respondió.
-¿Por qué no?
Ella le miró a los ojos, grandes, verdes y marrones. 
-Las noches no se regalan, se comparten.

lunes, 20 de octubre de 2014

Tengo miedo. Mucho miedo. De fallar otra vez y que todo se vuelva una catástrofe. De empeorarlo. De meter la pata.
Tengo miedo de volver a ver esa mirada de desaprobación y de sentir el odio en cada palabra.
No quiero que se repita.
Todos necesitamos llorar de vez en cuando, para recordar lo lindo que es sonreír. ¿Qué son las lágrimas pasajeras, comparadas con la felicidad que estalla e ilumina el rostro?
Perdóname estas lágrimas, pues, y las que derrame cuando haga frío y sea de noche. Quiero estar bien cuando esté contigo, y no seré capaz de reír sinceramente si me guardo la ansiedad que llevo dentro.
Ignora la tristeza efímera que ronda por mi mirada cuando bajo la guardia, o la pesadez en mis hombros y espalda que me obliguen a agachar la vista al suelo.
No les hagas caso, que aunque de noche llore y de día sonría no significa que mienta. Que aunque a veces,  no siempre, sólo a veces, me inunde la melancolía no es porque no me hagas feliz, ni porque trate de ocultártelo. Es que contigo me olvido de porqué lloro de noche y cuando hace frío, o porqué la tristeza emborrana mi vista cuando nadie me ve.

domingo, 19 de octubre de 2014

Me gusta la gente que llega sin avisar, de improvisto, llama a la puerta y te pilla aún en pijama, el pelo revuelto y el desayuno a medio acabar. Es una metáfora, no lo toméis como algo literal. Y más tú, que te conozco, que nada más lo leas ya estarás saliendo por la puerta.
Porque así llegan todos, no los ves venir. Nada se prepara despacio y a fuego lento, ¿acaso los latidos van más lento para respetar el orden y las pautas que dicta la sociedad? Al corazón la sociedad le importa menos que una mota de polvo. Si se acelera hay que hacerle caso. Si se detiene de golpe hay que escucharlo. 
Llegará un día en que el corazón no dé más de si y deje de latir. Para entonces, desearías haberle hecho más caso, o haberte detenido unos segundos para escucharlo. En ese momento el que esté bien o el que esté mal a ojos de los demás no cuenta. Lo que cuenta es que le cerraste la puerta a toda esa gente que llegó sin avisar. Pudiste al menos haberte levantado del sofá.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Veintiún Metros.

Veintiún metros. Ni más ni menos.  Separados por un mísero camino de baldosas ya gastadas, y las respectivas vallas de cada edificio.
Era tan sencillo como apartar la vista del libro y mirar a través del cristal, allí, en la ventana de enfrente, se distinguía una silueta. No muy alto, desgarbado, pelo corto y despeinado. Soltaba entonces un suspiro y volvía a dejar la vista en el libro de texto, lleno de frases melancólicas de años anteriores. "El tiempo pasa y voy notando mi desgaste", escribió aquella vez, entre números y fórmulas.
A veintiún metros de distancia, cada vez era más sencillo llenar el lápiz de su imagen en la memoria. No tenía que imaginarla, ni si quiera mirar repetidamente por la ventana. Tan solo a veces se atrevía a separarse del dibujo, un rápido vistazo al edificio de enfrente, justo paralelo adonde él gastaba el tiempo, distinguía su silueta ya tan conocida. Entre los huecos de la alambrada, adivinaba aquella figura diminuta. El cabello liso sujeto en un moño, sentada recta sobre la silla. Casi podía su rostro,el gesto serio, y volvía al dibujo, con su imagen en proceso.
A menos de veintiún metros.
El libro repleto de frases.
La carpeta repleta de dibujos.
Si no fuera por aquella valla, ni por el camino de baldosas.
Si no existiesen esos veintiún metros, ni los separasen las ventanas.

domingo, 12 de octubre de 2014

No quiero llenar de ti mis escritos.
Por lo menos, no ahora, que todo acaba de empezar.
Si te descubro tan pronto, no me quedará nada para después.
Quiero que sigas siendo mitad secreto mitad verdad, y que me sorprendas cada vez que me desvelas algún misterio.
Los soñadores deberíamos dedicarnos a eso, a soñar. Limitarnos a plasmarlo en un papel sin esperar nada a cambio por parte de la realidad.
Cuántas veces nos habremos chocado contra un muro, derramado un mar de lágrimas al abrir los ojos y darnos cuenta otra vez, que hemos alterado mucho el verdadero orden de las cosas, tanto que jugó en nuestra contra.
Los soñadores deberíamos limitarnos a amar en sueños, o como mucho, amarnos los unos a los otros. Nadie se enamora de aquella persona distraída, que vive en las nubes viendo el lado bueno de las cosas y tapándose los ojos cuando se topa con una realidad que no puede transformar.
Por una vez seamos realistas. Sólo un loco se enamoraría de un soñador. 
Quizás por eso todos los soñadores estamos locos por dentro pero cuerdos por fuera. 

jueves, 9 de octubre de 2014

Lo necesito pero no puedo. Escribir sobre aquello, sobre esto, sobre lo que está ocurriendo. ¿Cómo hacerle caso omiso, si es lo segundo que pienso al levantarme? ¿Si sucede a los sueños dulces después de despertarme?
Me da que no lo entienden, o por lo menos no del todo. El tiempo pasa rápido, el sonido del tic tac acelerado. Y se me escapa, así, fácil, como arena entre las manos. Y me quedan cosas por vivir y no lo estoy aprovechando.
¿Cómo pedir que lo entiendan si ni yo lo entiendo? A veces me detengo y me pregunto si es culpa mía. Si soy yo la que se aleja, la que confía de la gente que no debería. Si voy a un paso distinto, a una velocidad diferente, y lo dejo todo atrás, así, fácil, pensando en ti.
Pensando en el presente.

miércoles, 8 de octubre de 2014


De Septiembre para atrás no importa, como si el pasado nunca hubiese existido.
Sin preguntas incómodas ni respuestas comprometidas. 
Como si esta vez fuera cierto eso de vivir el presente y nada más. 
Me gusta que no pregunte y que no busque explicaciones. Que no busqué el porqué de cada costumbre, problema, manía. 
Me gusta que no quiera escarbar en el pasado, que le dé la llave para abrirlo y la rechace, alegando que eso es sólo mío, que es mi historia.
Me gusta su falta de curiosidad cuando le hablo de aquella época oscura, y su preocupación porque en esta haya luz.
Como si el pasado nunca hubiese existido, y fuera cierto eso de vivir el presente.
Todo lo que quedó atrás, anterior al nosotros, no tiene la más mínima importancia.

domingo, 5 de octubre de 2014

Fue la inspiración la que me susurró al oído y me desveló durante la noche. Fue ella quien me llevó a sentarme en el escritorio y encender la luz para alumbrar una hoja de papel. Me ató la pluma al puño y me hizo sujetarla con fuerza para que no se escapasen las palabras. Lo que ella no sabía era que las palabras ya estaban escritas, ya estaban dichas, allí en la esquina de tu espalda, en los bordes de mis uñas.
Me miraba atentamente dejar mi alma en las líneas, aún con el tacto de los latidos de tu corazón golpeando contra mi pecho y el ruido de tus labios chocando con los míos.
Me susurraba bajito, recordándome como tus brazos me envolvían con fuerza.
Y no intenté apartar a la inspiración de mi lado, porque eres tú quien me inspira, y no quiero estés en otra parte que no sea a diez centímetros de mí.

Intenté describirlo pero no pude.
Intenté no pensarte pero era de noche, y de noche es cuando más te pienso.
Intenté resistirme pero me fue imposible no perderme en tus labios.
Intenté no imaginarte ahí, a mi lado, pero solo soy completamente feliz cuando estás.

"Todo lo que sale de dentro, duele.
Por que todo lo que se siente de verdad, sale de dentro,
de la parte más profunda
más triste
más rota
más sola.
Por eso tenemos fama de románticos
por que estamos todos destrozados
o a punto de estarlo."


http://dejemonosllevar.blogspot.com.es/

sábado, 4 de octubre de 2014

"Después de fumarme esas ganas de besarte... Y de beberme esas ganas de tenerte."


No quiero que te vayas.
Quiero seguir sintiendo la calma de tus abrazos y la tormenta de emociones que son tus besos. Quiero que sigas burlándote de mi pelo encrespado, de mi voz aguda y mi risa de niña. Quiero que me mires de reojo y me sonrías, que de broma te enfades conmigo solo para verme a mí enojada. Que durante mucho tiempo repitas cuanto te gusta mi sonrisa.
Quiero ser tu musa.
Quédate. No te pido por años, no para toda una vida. Quédate unos meses, los suficientes, los que creas necesarios. Quédate cuantas semanas quieras para que pueda oír tu voz susurrándome al oído y volverme loca. Y que me pases tus escritos, y que te me quedes mirando, y que me digas te quiero así, por lo bajo, que nadie se entere y sea nuestro secreto a voces.
Sé que es mucho pedir que te quedes por unos meses.

jueves, 2 de octubre de 2014


Porque son, niña, tus ojos 
verdes como el mar, te quejas; 
verdes los tienen las náyades, 
verdes los tuvo Minerva, 
y verdes son las pupilas 
de las huríes del Profeta. 

El verde es gala y ornato 
del bosque en la primavera; 
entre sus siete colores 
brillante el Iris lo ostenta, 
las esmeraldas son verdes; 
verde el color del que espera, 
y las ondas del océano 
y el laurel de los poetas. 

Es tu mejilla temprana 
rosa de escarcha cubierta, 
en que el carmín de los pétalos 
se ve al través de las perlas. 

Y sin embargo, 
sé que te quejas 
porque tus ojos 
crees que la afean, 
pues no lo creas. 

Que parecen sus pupilas 
húmedas, verdes e inquietas, 
tempranas hojas de almendro 
que al soplo del aire tiemblan. 

Es tu boca de rubíes 
purpúrea granada abierta 
que en el estío convida 
a apagar la sed con ella, 

Y sin embargo, 
sé que te quejas 
porque tus ojos 
crees que la afean, 
pues no lo creas. 

Que parecen, si enojada 
tus pupilas centellean, 
las olas del mar que rompen 
en las cantábricas peñas. 

Es tu frente que corona, 
crespo el oro en ancha trenza, 
nevada cumbre en que el día 
su postrera luz refleja. 

Y sin embargo, 
sé que te quejas 
porque tus ojos 
crees que la afean: 
pues no lo creas. 

Que entre las rubias pestañas, 
junto a las sienes semejan 
broches de esmeralda y oro 
que un blanco armiño sujetan. 

Porque son, niña, tus ojos 
verdes como el mar te quejas; 
quizás, si negros o azules 
se tornasen, lo sintieras.

martes, 30 de septiembre de 2014

¿Sabías que tienes unos ojos muy expresivos? Por eso me muero cuando me miras, cuando me cruzo con tus pupilas después de un beso. En esos momentos no me queda duda de que los secretos que me susurras al oído no son mentiras.
¿Sabías qué cuando te enfadas, dejan de ser verdes? Me embarga una sensación intimidante que me obliga a retroceder varios pasos hacia atrás. Se tornan negros, como los del poema de Bécquer.
No me gusta enfadarme contigo, siento que ninguno nos lo merecemos.
No me gustan tus ojos negros, los prefiero verdes.
Conozco esa sensación, la de necesitar plasmar lo que sientes en un simple trozo de papel. Lejos de ser una droga pero cerca de convertirse en adicción. Morder el boli con nerviosismo, escribiendo a toda prisa para que el sentimiento que te acosa mengüe los latidos, y si tienes suerte, hacerlo desaparecer. Con la espalda encorvada, bien pegado al cuaderno, deslizando la pluma frenéticamente y con el ceño fruncido.
Aquello fue lo primero que me llamó la atención de ti. Reconocí esa postura, y la página cubierta de palabras con aquella letra espantosa.
Me entristece verte con esa expresión. Agarrando con fuerza el bolígrafo, hundiendo la punta en el papel. No sé que es lo que has escrito, ni que dice exactamente, pero reconozco esa expresión, y me entristece que sea por mi culpa.

lunes, 29 de septiembre de 2014

John Legend - All Of Me





Te colocas los cascos y cierras los ojos, desplomándote sobre la cama. 
Se eriza el pelo de la nuca, se abren los poros de los brazos, con un escalofrío suena el primer acorde y te asalta el primer recuerdo. Una lluvia desordenada de retazos del pasado que desordena tu memoria. ¿Para qué abres el cajón de nuevo? ¿Por qué aquél que escondite al fondo y cerraste con llave? ¿Por qué esa canción? 


Sharif - Con la música a otra parte


sábado, 27 de septiembre de 2014

Es curioso como mi tendencia a distraerme, con tanta facilidad, ha influido tanto.
Escuchas el sonido sordo de sus voces, ignorando las palabras. La música sobre ese ruido molesto, supuestos reproches desaprobados, frases de entonación imperativa de lo que supuestamente debes pensar, hacer y decir. Simplemente desconectas. Con el paso del tiempo te acostumbras a hacer de la discusión un simple zumbido, ahogada por una canción silenciosa en tu cabeza.
Supongo que es mi modo de sobrevivir el día a día, haciendo caso omiso de aquello que duele, molesta, lastima o atormenta.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Todos estamos dispuestos a escribir nuevas historias. Al fin y al cabo la vida va de eso, de escribir nuevos capítulos continuamente. El problema llega cuando tienes que ponerle punto y final. Admiro a las personas que son capaces de finalizar toda una etapa con la misma facilidad con la que pueden caminar en línea recta. 
Soy una persona que no soporta los cambios. Sé que son necesarios, sé que son inevitables. Pero me cuesta asumirlos. Imagínense lo que supone escribir la última frase de un nuevo capítulo y la primera del siguiente. 
Bien podría dejar el libro como un relato continuo sin interrupción alguna. Así evitaría problemas mayores con respecto a mi incapacidad de soportar cambios. Pero entonces viviría atada al pasado. 
No podría amar de nuevo porque aún estaría sin finalizar una relación anterior. No podría cumplir todos mis sueños porque no estaré dispuesta a abandonar el placer de soñarlos. No podría hacer nada. 
No sé como, pero acabé el último de manera inconsciente. De repente me vi admirando unos ojos verdes de la misma manera que, según creía, tardaría meses en volver a admirar. Me encontré sonriendo estúpidamente al mínimo recuerdo y sufriendo el insomnio propio de la impaciencia. 
No sé cómo. 


Qué común se me está haciendo sentir la opresión en el pecho. La típica tristeza al despertarme, cuando abandono las sábanas y te enfrentas a lo que tienes por delante, o la inquietud de esperar hasta la hora de reencontrarse de nuevo, apenas unos cinco minutos cada hora, a penas media hora a media mañana. Parece ya un tema muy pulido. Demasiadas entradas.
Cómo no voy a hablar de una sensación así, que me mantiene eufórica y ansiosa dieciocho horas al día, para desaparecer de golpe con el simple roce de sus dedos, como una brisa de aire fresco en pleno mes de agosto. Con una sencilla caricia todo se disipa.
Y me inunda una paz inmensa. La tormenta acaba y el mar se calma al mínimo contacto.
Me da igual que le conozca desde hace poco, que el tiempo que haya estado con él sea breve si ese ha sido el suficiente para sentir lo que siento.


martes, 23 de septiembre de 2014

Mi blog no.
Esto no.
Habláis de mi futuro, tomáis la decisión por mí, me controláis todo cuando podéis.
Pero esto no.
Vais a tener que aguantaros porque no cederé esta vez.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Just The Way You Are, Bruno Mars

Es un miedo que se representa de forma extraña, un miedo que no quería sentir de nuevo. Por dios, que imprudencia. Pero que quieren que les diga, mis escusas son pocas.
Es una sensación de paz difícil de describir. Como si el nudo en la garganta, los nervios, el estrés y el insomnio se disiparan lentamente. Puedo olvidarme de todo por unos segundos y disfrutar de una tranquilidad de la que carezco desde hace un tiempo. Y no me siento culpable. En absoluto. A pesar de todo el contexto de la situación, de que muy posiblemente esté mal, de que la esté cagando hasta el fondo me da igual. Le miro a los ojos y me da igual, porque le miro y soy feliz.
Pero entonces reaparece el miedo. Que asco de miedo. Y me cuesta dar rienda suelta a la sonrisa o reír sin sentir que el nudo se aprieta aún más. 
No es por lo que piensen lo demás; nunca les interesé y no tengo porque interesarles ahora. Es por el miedo. ¿Cómo sé que soy feliz de verdad?



sábado, 13 de septiembre de 2014

Qué entusiasta.

Siempre he sido una persona demasiado entusiasta, bastante fogosa con las cosas insignificantes. Siento emoción por cualquier mínimo detalle, ya sea una mariposa ligeramente más grande de lo habitual, una margarita con un pétalo de otro color o unos zapatos increíbles que llaman mi atención. A pesar de que mi emoción, casi infantil y exagerada, puede ser el foco de comentarios burlescos, nunca me he avergonzado de ello.
Ayer por la noche llegaron parientes de un país muy lejano a visitarnos. Yo, que con cualquier sensillez me dejo llevar por la exaltación, no os podéis imaginar como estaba. No les conocía, o por lo menos no los recordaba; era muy pequeña cuando les vi por última vez, pero estaba entusiasmada por la visita.
No esperaba tal recibimiento, ni tal carismática personalidad. Es imposible no quedarse sin aire por las carcajadas.
Hoy fuimos a la playa, para que los dos conociesen cuanto se diferenciaban con las del Atlántico. Las mujeres estábamos reunidas, encajadas en la arena y bien alejadas del agua, concentradas en nuestra conversación insustancial. Mientras, ellos estaban hablando en la orilla del mar, tanteando en el suelo y bajo las piedritas de la superficie. Entonces llegó a nosotras, llevando en las manos una concha de la playa, de esas anaranjadas que encuentras cada medio metro. No era nada fuera de lo normal.
"Esto es oro, -dijo,- ¿saben cuánto tiempo ha tardado en formarse, en hacer cada surco?, hace miles de años había un bichito aquí dentro."
Y me quedé pensando. Me mostró otra piedra, de color gris brillante cortado por lineas blanquecinas. Era bonita. La puso a la altura de mis ojos, y la sostuvo con los dedos. "Cuántos años han tenido que pasar, para que esta piedra acabase así. Cuántos años para erosionarse, romperse e incluso desquebrajarse." No fueron sus palabras textuales.
Y me hizo pensar. Me entusiasmo con cosas tan simples y dejo de lado tantas otras. Después de aquello prefiero emocionarme por las piedras que encuentro en la playa que con las mariposas ligeramente más grandes, o con aquella canción que pasan por la radio.

viernes, 12 de septiembre de 2014

2ª Parte

Llevo tanto tiempo fuera que ni siquiera recuerdo como iba esto. He estado tanto tiempo pensando en lo que voy a decir, en lo que voy a escribir cuando recupere lo que es mío por derecho, y ahora no se me ocurre nada.
He pensado en todo.
En una disculpa, en un reproche.
Qué queréis que os diga. He recurrido al bolígrafo y al papel durante todo este verano, he escrito montones de posibles entradas y reseñas, he empezado una nueva historia que estoy dispuesta a terminar. Y he decidido que no publicaré nada de este verano. No merece la pena. Es parte del pasado.
Empecemos pues una segunda parte en esta larga novela. Mejor dicho, un segundo tomo.
Quedan dos días para comenzar un nuevo curso, en un nuevo instituto, en un distinto tipo de enseñanza. Y esta que veis aquí es un nuevo yo. 4
Bienvenidos, que disfruten de esta segunda parte.


miércoles, 11 de junio de 2014

No comprendo su definición de belleza.

A veces es difícil encontrar las palabras para decirlo, así que seguiré adelante y lo diré de todos modos.
Siento tener que decirles que no comprendo su definición de belleza.
No, no veo lo lindo en que se te vean los huesos, muestres pecho y culo en prendas de vestir minúsculas. Ni tampoco creo que hundiendo tu cara en maquillaje ayude a ocultar tus verdaderos rasgos. Piensa que llegará un día en que te enamores, te vayas a vivir con tu pareja y tendrá que verte sí o sí sin toda esa segunda capa de cosméticos. Piénsalo, porque a no ser que te vayas a dormir con toda esa química aún en la cara, tendrá que ver como eres tú en realidad. Ya sabes, con ojeras, espinillas,  pestañas cortas y, en algunos casos, con gafas.
No entiendo, de verdad no lo entiendo. Esa obsesión con el cuerpo es algo ya diabólico. ¿Por qué tantos músculos? ¿Por qué tan delgada? No pasa nada si tienes las piernas algo desproporcionadas, si tu pecho es más pequeño de lo que te gustaría o si incluso tienes un kilo, dos, tres de más. Porque esa persona eres tú y sino te estás engañando.
Y no diré que la belleza está en el corazón, diré que la belleza no es la de las revistas.
Sigue siendo el mismo mar. El azul turquesa de siempre, salpicado de manchas mas oscuras. Las olas que rompen una y otra vez en la arena, la brisa que levantan y el agua que salpican.
Sigue siendo la misma playa. Rodeada de rocas, de bullicio y de gente. Con un bar a cada esquina y un faro varios metros más atrás. Una hilera de sombrillas que desaparecen cuando llueve o cuando el viento apremia.
Sigue siendo el mismo cielo. De ese azul intenso, casi sin nubes, de expansión infinita.
Todo es igual. Pero ahora que salgo al jardín, me pongo de puntillas y me asomo, es distinto.
Me pregunto quién ha cambiado. Si soy yo, o son el mar, la playa y el cielo.

sábado, 7 de junio de 2014

Silencio

No digas nada, no preguntes nada.
Cuando quieras hablar, quédate mudo:
que un silencio sin fin sea tu escudo
y al mismo tiempo tu perfecta espada.

No llames si la puerta está cerrada
ni llores si el dolor es más agudo
no cantes si el camino es menos rudo. 
ni interrogues sino con la mirada.

Y en la calma profunda y transparente
que poco a poco y silenciosamente
inundará tu pecho de este modo

sentirás el latido enamorado
con que tu corazón recuperado
te irá diciendo todo, todo, todo...

F. Luis Bernárdez
-Es mi vida, pero no tengo ni voz ni voto. -Sentenció.
Entre el tumulto de gritos y frases de desaprobación, ella se levantó de la silla. Con un trozo de cinta americana se selló los labios. Daba igual que pudiese o no moverlos para hablar, porque su palabra tendría el mismo valor: ninguno.

viernes, 6 de junio de 2014

Es una encrucijada de miradas tensas, bruscas, desaprobadas. Aunque la verdad, son miradas que se evitan y que solo chocan cuando se ven forzadas a ello.
Se siente la tensión en la parte central del pecho, más del lado izquierdo que el derecho, justo encima del corazón.
Se nota el ardor en los ojos, bien de rabia o de frustración, quizás de impotencia por no haberlo logrado, por no haberlo conseguido aún habiéndolo intentado.
Se puede apreciar en la comisura de los labios, que tienden a caer al esbozar una leve sonrisa, y a no responder cuando las cuerdas vocales se estremecen por la risa.
Se percibe en el temblor de manos, en los suspiros apagados y en la expresión cabizbaja.
Qué quieres que te diga, qué escusa quieres que te ponga. No soporto tanta presión.

domingo, 1 de junio de 2014

Fue increíble. La manera en que la música golpeaba en el pecho, en que las luces te hipnotizaban. Todos eran muchísimos más altos que yo y tenía que ponerme de puntillas para verles la cara. Pero eso no era lo importante. Lo importante era escucharles, y la manera en que sus voces revolucionaban a la multitud. Nos dejábamos la voz en aclamar sus nombres, cada vez más alto, cada vez más fuerte. Y es que no tengo palabras para describirlo. Ojalá hubiese podido quedarme hasta el final.

sábado, 24 de mayo de 2014

Unos Cuantos Cuentos Cortos. (I)

La encontró sentada al borde del muelle. Era una de esas noches de primavera en la que el frío atraviesa los huesos y el viento lastima los labios. Se quedó parado a una distancia prudente, dudando si acercarse a ella.
No había nadie que la conociese más, ni nadie a quien amase tanto. Sin embargo, Leo no llegó a conocerla del todo, pues ella respetaba el silencio propio de los secretos.
Su vida no había sido fácil. Sus capacidades iban más allá de lo que los humanos más estrictos podían entender, y de la que sólo muy pocos comprendían. Nunca fue sociable, y el distanciamiento de los demás no ayudaba a mejorarlo. En toda su vida, podía contar con los dedos las personas que llegaron a conocer una mínima parte de lo que era. Siempre rondaba sobre elle un aire de desconfianza y misterio, una mirada profunda y penetrante, y pensamientos macabros e irreales.
Su apariencia, como su actitud, era extraña.
Tenía la piel de porcelana, blanca casi transparente, ojos azul marino, pero de tonalidad incierta, pues cambiaban según el color del cielo. Cuando era de noche, éstos eran casi negros, cuando brillaba el sol eran de un azul turquesa muy puro y brillante, cuando llovía y el cielo se cubría de nubes, éstos se tornaban de un tono gris y parecían enfadados e intranquilos. El pelo caía en bandada tras su espalda, larguísimo, y de un color rojizo extraño, semejante al de los corales anclados en el mar.
Caminaba y era como si flotase en el aire, sin apoyar los pies en el suelo.
Todo el mundo era reacio a estar a su lado, si quiera acercarse, pero él sólo respiraba tranquilo si estaban cerca.
Decidido a consolarla, corrió hacia el borde del muelle. Se sacó los zapatos antes de sentarse con ella y sumergir también sus pies en el agua.
No levantó la mirada, ni siquiera se dio cuenta de su llegada. Estaba hundida en su mundo de fantasía e irrealidad donde se refugiaba en los peores momentos.
-¿Qué ha pasado? -le preguntó, cariñoso.
Ella respondió con un sollozo, evitando mirarle a la cara. Se sentía ridícula llorando delante de los demás, mostrando su debilidad.
Leo sostuvo su cara entre las manos, obligándola a levantarla. Una sombra negra de maquillaje arrastrado por las lágrimas le manchaba la piel.
-¿Que ha pasado? -repitió.
-Lo de siempre. -Se limitó a contestar sin dar mucho detalle del nuevo “accidente” producido por culpa de sus extrañas habilidades.
La marea comenzó a subir. Hacía ya un buen rato, más o menos desde el tiempo que llevaba Lucy sentada en borde del muelle de madera. No se molestó en subirse la pernera del pantalón. Dejó que el agua subiese de nivel y le mojase los vaqueros.
-¿Qué se rompió esta vez?
Se quedó un rato callada antes de contestar, tratando de silenciar los sollozos.
-Inundé el suelo del salón.
-¿No habrás dejado un grifo abierto?
-Estaban cerrados. Fue cosa de cinco minutos... Bajé del sofá y estaba totalmente encharcado, empezó a salir agua de no sé donde y lo llenó todo, todo. -Describió, con un hilo de desesperación en su voz.
Tenía la mirada fija en el agua, que chocaba contra los pilares del muelle y un nudo en la garganta que no le dejaba respirar.
-Tus padres se habrán vuelto locos.
-No estaban. Ya habrán llegado, supongo. No me imagino que dirán al encontrar la casa cubierta de agua.
Se secó las lágrimas con la manga de su camiseta, en un intento de dejar de llorar. La marea subió rápidamente hasta llegarle a las rodillas
-Me voy a morir cuando vuelva. -Musitó.
Él sabía que su casa no era un lugar agradable, menos aún cuando una de sus habilidades le atormentaba. Sus padres eran extremadamente religiosos, se conocieron en una iglesia muy jóvenes. Eran muy estrictos y sobre todo, muy creyentes, tanto en el poder de Dios sobre la tierra, como el poder del Diablo sobre los hombres.
Lucy mostró sus habilidades al alcanzar los nueve años. La primera vez estaba discutiendo con su madre sobre un tema que no recuerda. Ella lavaba los platos mientras Lucy intentaba hacerla entrar en razón. Pero su madre no era muy flexible, y justo al amenazar a su hija que pensaba encerrarle en su habitación una semana si seguía con el tema, un chorro de agua salió despedido del grifo de la cocina directo a su pecho, con tanta potencia, que empujó a su madre hacia la pared. Confusa, se resignó a dejar el castigo de su hija para después de arreglar el grifo.
Pero siguieron ocurriendo cosas parecidas. Si el agua para el té estaba demasiado fría, bastaba con meter el dedo para hervirla. O las tuberías se rompían y caía todo ese líquido sucio en medio de el salón, empapando a aquel que estuviese sentado en el sofá.
Empezaba a ser divertido. Tomaba largos baños, jugando con sus nuevos dones. Con un sólo golpe en el agua de la bañera creaba una ola inmensa que hacía que rebosara y rompiese en el suelo. O podía elevar pequeñas bolitas del mismo fluido hasta el techo y dejarla caer, de repente, varios pisos más abajo.
Pero su nuevo y extraño poder comenzó a darle problemas. Ya no era sólo el agua lo que podía manipular, si no también cualquier líquido o cualquier objeto que lo contuviera. Podía hacer explotar un vaso lleno de coca-cola, resquebrajar una ventana húmeda, o vaciar un coche de líquido de freno. Todo eso ocurría sin que ella lo pensase. Simplemente, pasaba. No sabía como pararlo o como controlarlo.
Sus padres lo advirtieron y no dudaron en contactar con un miembro muy respetado de su iglesia para hablar sobre los extraños poderes de su hija, que casi mata a su padre en un accidente de tráfico por haber dejado sin líquido de frenos el coche.
A tal descripción de los hechos, el cura no dudó en llamar a un grado mayor de la cristiandad para proponer un exorcismo.
A los doce años, intentó por todos los medios que no se cometiera. Tiró el agua bendita al pastor e hizo que le saliese sangre por la nariz y por los ojos. Pero eso sólo convenció más a los religiosos. Después de esa experiencia, trató por todos los medios ocultar sus habilidades. A veces costaba más, como cuando en el instituto se burlaban de ella y de repente el agua de los detectores de incendios mojaba a todos los compañeros. O como cuando sus padres peleaban y del techo empezaba a gotear agua.
Días como ese, en el que en medio de un ataque de impotencia, su salón quedó hundido bajo una gran masa de agua, se le hacían difíciles.
-Puedes venirte a mi casa.
Le propuso Leo en un ataque de compasión. No podía verla mal, le rompía el corazón.
-Tu madre no me dejaría, me tiene fichada.
-Lo siento, entonces.
-No lo sientas, Leo, no es culpa tuya.
-Aún así, lo siento. Comprendo como te sientes, yo...
-¡No lo comprendes! -Estalló Lucy. -¡No eres un bicho raro! ¡No eres un... engendro de la naturaleza! ¡Eres-un-humano-normal!
No pudo evitarlo. Leo se quedó callado, acostumbrado a sus repentinos ataques. Ella gruñó de frustración antes de respirar a calmarse. El mar se había enfurecido, produciendo enormes olas que rompían contra ellos.
-Tú también eres humana.
-No lo soy. -Negó, frustada.
-Eres otra clase de humana.
-Como quieras.
Se quedaron en silencio unos minutos, pensando. Lucy sólo estaba buscando una forma de decírselo.
-Me voy, Leo.
Adoptó un gesto confuso, mirándola con incredulidad.
-¿Adónde?
-Ahí dentro, -le indicó, señalando las profundidades del mar.
-No acabo de entender lo que estás diciendo.
Ella suspiró, eligiendo con cuidado las palabras.
-Hace unos meses, en verano, pasó algo raro. -Comenzó, contándole ese extraño cosquilleo que sintió al hundirse en el mar. Cómo desapareció la necesidad de respirar, y se aventuró al llegar al fondo y a seguir avanzando. Así, sin trabajo, sin tomar aire. Siguió y siguió nadando. Jugó con las olas que intentaban moverla, con los peces que poco a poco iba distinguiendo mejor al acostumbrarse la vista. Cuando salió a la superficie se sintió extraña y fuera de lugar otra vez.
Aumentaron sus visitas a la playa y sus prolongadas zambullidas. Con cada inmersión, los pies iban perdiendo utilidad, y se le llenaban las piernas de extrañas escamas brillantes. Estas aparecían sólo una vez que estaba en el agua y siempre de manera más rápida. Iban ascendiendo más aun, hasta llegar a la zona del ombligo, donde a penas la cubrían.
Se sentía tan llena, tan feliz allí abajo, que odiaba el momento de salir y volver a casa.
-Te vas... -susurró su amigo al finalizar el relato.
-Me voy.
-No te volveré a ver...
Ella no contestó. Su relación con Leo era extraña y compleja. Nunca le contaba más de lo necesario, pero era el único en quien confiaba. Le creía un hermano, un mejor amigo, aunque no se lo demostrase. Le miró a los ojos con expresión triste.
-Te voy a echar de menos. Al menos ahí estaré mejor, es donde pertenezco.
Abrazó a su amigo, mucho más triste aún. Él la amaba, la protegía con todo su alma, sea el ser que sea, porque en el mismo instante en que la conoció sabía que era distinta a los demás.
-Sí podemos vernos, Lu. Puedes venir aquí el mismo día del año, yo te estaré esperando.
-Es arriesgado.
-Intentémoslo.
No dijo nada, aceptó en silencio. Se levanto y se quitó la ropa para quedarse en bañador.
-Tengo que irme ya, Leo, empezarán a buscarme pronto.
Leo se levantó y la abrazó de nuevo. No se despidieron, no era necesario. Se dignó a mirarla por última vez y a observarla tirarse de cabeza al agua.
Esperó. La vio salir a la superficie unos metros más adelante. Abrió la boca para hablar pero no emitió ningún sonido. No se alertó. Levantó la mano para decirle adiós, una mano palmeada y de aspecto totalmente resbaladizo, como la piel de un anfibio. Tenía una delgada membrana entre los dedos, y un tono más brillante en las mejillas. Sus ojos eran del mismo color que el mar, y su cabello terriblemente brillante. Sonrió con una enorme y verdadera sonrisa de dientes puntiagudos y se sumergió, rebelando una cola llena de escamas centelleantes.
Al verla sonreír, entendió lo que su amiga era en realidad.
Había nacido en el mundo correcto pero en el lugar equivocado.
Se quedó sentado, admirando el océano y preguntándose en que punto estaría ella en ese momento, igual que haría todos los días el resto de su vida.



viernes, 23 de mayo de 2014

Y me escondí entre las letras de aquella historia, con la esperanza de que el próximo que se atreviese a abrir el libro, me encontrase.

martes, 20 de mayo de 2014

Del amor a la indiferencia.

¿Cómo es posible pasar del amor al odio tan rápido? O mejor dicho, del amor a la indiferencia. 
¿Cómo es posible que transcurran los meses sin preguntarnos que habrá ocurrido con esa persona? ¿Sin preguntarnos si estará bien? ¿Sin preguntarnos que será de ella?
Se me hace raro. Esa sonrisa no es tu sonrisa. Es la sonrisa de un extraño, de alguien a quien ya no reconozco, de alguien que cambió y evolucionó a lo que supongo, es la persona que aspiraba ser. Ese brillo no es el de tus ojos. Son los ojos de un desconocido, que miran el futuro y el horizonte de manera indiferente, que ya no sueña los mismos sueños.
Sí, hemos cambiado. Y me di cuenta al mínimo vistazo de que no eres la misma persona que dejé atrás.
No tiene sentido que después de tantos meses mire a mi espalda y me ponga melancólica. 
Del amor al odio hay solo un paso, pero son apenas unos centímetros lo que lo separa de la indiferencia.

lunes, 19 de mayo de 2014

Psicosis

¿Ves como al final no eras real? ¿Ves cómo no existías? Yo sabía que había algo extraño en esa voz que no salía de ninguna parte. Yo ya sabía que era extraño que la gente me mirase de esa forma al hablar contigo.
¿Ves? Si yo lo sabía.
Ahora no tengo porque aguantarte más. No escucharé tus gritos, tus ideas aterradoras. Tus intimidantes preguntas ni tus hirientes insultos. No tendré que soportar nunca más una voz sin rostro.
Me dan igual tus quejidos y amenazas.  Me da igual que pases todo el día hablándome, susurrándome atrocidades al oído, que me asustes, que me llenes de miedo y desconfianza, que ataques verbalmente mi autoestima. Me da igual.
Sí, yo sabía que no podías ser real.
La gente necesita un punto firme sobre el que moverse. Hay veces en los que ese punto se tambalea, pierde el equilibrio, y oscila peligrosamente sobre el vacío que hay bajo nuestros pies.
Ahora mismo, mi refugio está a pocos milímetros de caer. Perdí la esperanza en todo aquello que lo sostenía y aquí estoy, aguantando como puedo de pie.
Puede que sea la edad o el exceso de literatura.
Puede que ese hilo que aprieta y aprieta haya roto finalmente la base que me sujetaba.
Puede... puede que solo necesite un nuevo punto de apoyo.

martes, 13 de mayo de 2014

Love the way you lie - Ariana Grande

Sólo quédate y mírame arder. 
Como me consumo en cenizas. Como me convierto en columnas de fuego. 
Quédate para ver como me desvanezco, como me confundo con el aire, como me pierdo en el viento.
Mírame.
Sí, mírame a los ojos y escúchame llorar. 
Sí, quédate, porque aunque tu indiferencia duela, me gusta la forma en que lastimas.