domingo, 30 de marzo de 2014

Es más fácil soñarte que cumplir el capricho de estar juntos.

Esos encuentros fortuitos (Romeo Santos, propuesta indecente)

Su relación se basaba en encuentros fortuitos, sin hora ni lugar exactas. Un simple mensaje de texto, o un papel pasado por debajo de la puerta bastaban. No tenían que arreglarse demasiado, aunque ella sabía que a él le gustaba el olor de su perfume y el sabor de su pintalabios.
Era un secreto. Nadie sabía que se veían, y era parte del juego crear nuevas estrategias para no ser descubiertos. Inventar escusas, encontrar sitios distintos, ocultar las facturas de los pequeños caprichos.
Cada uno era el remedio del otro. Curaban sus respectivas heridas y llenaban los famosos vacíos. El corazón de él estaba en manos de una chica que no le correspondía, y el de ella ya tenía dueño.
Pasaban juntos esos ratos en los que no pertenecían a nadie. Aprovechaban cada segundo para probarse dulcemente los labios y bailar en la oscuridad, al ritmo de una vieja bachata que se repetía una y otra vez.
Después, tras varias horas de agradable compañía, los dos se iban por distintos caminos, fingiendo no haber ocurrido nada.
Y aunque por separado admitían esperar con impaciencia esos encuentros fortuitos, jamás confesaron si llegaron a quererse o cuánto disfrutaban esos bailes en la oscuridad.

Dediqué toda mi vida a buscar y a plasmar la belleza. Ya sea mediante palabras, dibujos, o notas.
Descifré su alfabeto, su código, la escribí en todos los idiomas posibles. Cada sílaba era una do o un la distinto, con miles de traducciones diferentes, pero todas desembocaban en la misma hermosura.
Y entonces la vi. La vi por sólo un segundo, un momento. La vi por un instante, y en ese instante admiré la única belleza que no fui capaz de transcribir.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Escrito #16

¿Conocéis aquello de repetir tanto una palabra, que deja de tener sentido? Lo he leído muchas veces, la verdad. De pequeña me gustaba escoger una palabra cualquiera y repetirla, una y otra vez, hasta que su significado cambiaba por completo.
Intentamos poner nombre a aquello que no se puede nombrar ni explicar. Repetir la palabra "amor" debería estar prohibido, es un vocablo demasiado bonito. El tiempo, que es abstracto, y sin embargo deseamos manejar, también debería estarlo. ¿Si yo repito "tiempo" muchas veces, que acaba siendo?
Lo sé, suena a locura.
Pero leyendo entre lineas, hace poco menos de un minuto, he caído en la cuenta.
Si recito tu nombre tantas veces como me sea posible, ¿seré capaz de olvidarte?.

Microrrelato

Buscábamos ángeles.
Mirábamos al cielo desesperados, esperando el mínimo atisbo, llenos de esperanza.
Pasábamos las noches en vela y los días dormidos por el cansancio.
Guardábamos energías para resistir despiertos otra noche más.
Aprovechábamos para contar estrellas, pedir deseos a aquellas que viajaban fugaces y sorprendíamos al vuelo.
Nos dedicábamos a ponerles nombre, dibujarlas, regalarlas.
Admirábamos ese enorme cielo, oscuro e infinito, que se extendía váyase a saber cuánto.
Y esperábamos encontrar algún ángel volando, perdido, sobre nosotros.
Aguardábamos, tranquilos, pacientes, a atrapar una de sus plumas oscuras, negras como el cielo.
Y esperamos.
Y aguardamos.

Y aguantamos tanto hasta que nos dimos cuenta de que los ángeles ya no existen.

Entre gritos de júbilo

La multitud aclamaba, gritaba, vitoreaba. Lanzaban chillidos, saltos, palmadas al son de frases sin rimas. Tan pronto como enloquecían, callaban para descansar la garganta. Era un juego que sólo ganaba aquel que perdiese la voz.
Y yo, pequeña entre la multitud expectante, jugando al mismo juego que los demás.
Ninguno nos dimos cuenta de que ese era el último año en el que aclamaríamos aquel nombre. O al menos, no fuimos conscientes de la magnitud que eso conlleva. Entre bromas, risas, flashes de fotos, canciones y gritos de júbilo, íbamos tomando consciencia. El año siguiente estaremos en la obligación de crear rimas con otro nombre distinto, admirando a personas con títulos diferentes, y enloqueciendo ante el triunfo de los que en su día fueron adversarios. El año siguiente seremos algo así como traidores, desleales al lugar en el que todo ha empezado.
Al fin y al cabo, ocurrió entre esos pasillos. En esas clases cerradas y a veces oscuras intercambiamos sonrisas, bromas, planes, comida incluso. En aquel patio desierto, que tenía apenas cuatro fuentes y dos porterías maltrechas, creamos recuerdos que dentro de diez años rememoraremos con añoranza.
Pero mientras la multitud ardía de entusiasmo, no podíamos permitirnos pensar en eso. Creo que por dentro todos sentíamos un poco de pena. Simplemente, nos dejamos llevar por la emoción del juego, mientras aprovechábamos para aclamar su nombre por última vez.

sábado, 22 de marzo de 2014

Tras tanta espera

El tren llegaba a las tres en punto y solamente los martes. Paraba en la estación de aquel pueblo remoto, y se llevaba con él tres o cuatro jóvenes ansiosos de ver mundo.
Y es que por culpa del tren aquel pueblo remoto se estaba quedando viejo. Todas las personas que vivieron sus días de gloria sentían rencor hacia aquel pedazo de metal pulido y ruedas.
Sin embargo, todos los martes, un señor de pelo blanco y abrigo esperaba con impaciencia su llegada. Se sentaba en el banco con su maletín de cuero y colgaba su sombrero en la esquina. Iba a la estación dos horas antes, por si acaso el tren iba con adelanto, y se quedaba hasta la noche, por si acaso pasaba un segundo tren.
Aquel señor de cabello blanco no abría nunca su maletín, ni si quiera para llenar las horas de espera. Lo mantenía cerrado y no permitía que nadie lo tocase.
Esperó hasta que sus huesos apenas le permitían andar hasta la estación, y maldijo el día en que no le permitieron levantarse de la cama para ir hasta allí. ¿Y si llegaba? ¿Y si el amor de su vida volvía y él no estaba allí?
"Déjalo, abuelo, seguramente se habrá olvidado de ti", le aconsejaban sus nietos, pero él se limitaba a ignorarles y a no abandonar su espera.
Un día aquel señor de pelo blanco, maletín y huesos frágiles no despertó. Siguió durmiendo eternamente, con una tristeza infinita.
Ese mismo día, martes, el tren llegó a la estación y ante un grupo de tres o cuatro sorprendidos jóvenes, alguien descendió por sus escalerillas. Nunca antes una persona había vuelto a aquel pueblo remoto. Una anciana de largo cabello cano y sonrisa radiante, cumplió, más vale tarde que nunca, su promesa de regresar.

viernes, 21 de marzo de 2014

Me gustaría

Me gustaría ver de nuevo el reflejo del cielo en sus ojos oscuros. Sentir que no hay límites, que la carretera nunca acaba y el camino es eterno.
Me gustaría tener en las manos y en los labios la capacidad de amarte con todo el alma.
Me gustaría escribir una historia distinta, una en la que el final fuese bonito. Una en la que Blancanieves no se envenenase con la manzana y Rapunzel descubriese una salida secreta en su alta torre. Una historia donde el reino sea de apenas unos kilómetros y el príncipe conociese de toda la vida a la princesa.
Me gustaría trazar una línea en tu boca, y proclamarla mía.
Me gustaría dibujar tu nombre en mis labios y hacerlos tuyos.
Tatuarte en mi piel con tinta oscura.
Grabar en mi corazón nuestra vida.
Me gustaría.

jueves, 13 de marzo de 2014

Tipos de Personas

Siempre he pensado que todo el mundo, de una forma u otra, está conectado. Estás repleto de miles de hilitos que te unen a todas aquellas personas que conoces y estás por conocer. A veces la relación con esa persona puede ser muy larga, de meses, años, o incluso décadas. Otras están ahí por sólo diez, quince o treinta minutos. Pero todas son igual de importantes.
Algunas estarán allí para cualquier cosa que necesites, en cualquier momento y en cualquier lugar. Otras, sólo para pasar un buen rato, que si bien influyen en tu vida son poco significativas.
Algunas están para mirarse a los ojos y disfrutar de ellos, sin decirse ni una palabra, sin tener que conocerse.
Otras permanecen allí, sin hacer mucho acto de presencia, pero que cuando necesitas a alguien simplemente te abrazan sin hacer preguntas.
Existen aquellas que, sin saber por qué, sin tener que conocerlas si quiera, puedes contarles toda tu vida, todos tus problemas, todos tus miedos. Porque no importa, si estás unido a ellas es porque algún día encontrarás una persona a la que, sin saber por qué, sin conocerla si quiera, te contará toda su vida, todos sus problemas y todos sus miedos.

viernes, 7 de marzo de 2014

Capítulos

Me sentí culpable.
Había pasado mucho tiempo desde que pasó. Da igual que otras personas puedan pensar que un mes no es un plazo tan largo, pero para mí fue suficiente..
Había pasado el tiempo justo como para tener el "permiso" de volver a sentir el amor otra vez.
Se suponía que tenía ese permiso, MI permiso, porque sólo de mí depende tenerlo. Se suponía que lo había superado, sentenciado, puesto fin y mil y un sinónimos más. ¿Por qué, entonces, me sentí culpable? ¿Por qué me sentí mal al mínimo atisbo no de amor, ni si quiera cariño, que sentí?
¿Por qué en ese momento sentí tanto miedo? Duró un segundo, menos, y había llegado a sentirlo. Y tuve miedo. Y me inundó la culpabilidad. ¿Por qué?
No es justo. Soy libre de hacer lo que quiera y sentir lo que quiera. Pero tú no me lo permites. No te vas. Te esfuerzas en quedarte, en anclarte conmigo. ¿Por qué me estás castigando así, de esta manera?
Vete, déjame ya en paz. Déjame volver a sentir el amor sin tener tu recuerdo presente, martilleando en mi pecho, presionando mi estómago.
Fuiste importante en su momento, fuiste mi centro un día. Pero tal y como dije era un largo capítulo. Sólo un largo capítulo. Duele, sé que duele saber eso pero, Dios, es la verdad y quiero que te alejes de mi mente.
Así que hoy, en este mismo momento, el capítulo se ha acabado.
No sabes el alivio que supone poder sentir otra vez.

jueves, 6 de marzo de 2014

Angie, Rolling Stones

Lo he leído y escuchado tantas veces que esperaba que fuese cierto. Pero hasta ahora, y muy pocas veces, me lo han demostrado. Dicen que sólo entiendes las canciones cuando estás enamorado, cuando maduras, cuando comienzas a abrir los ojos.
No fue hasta que me enamoré de él cuando entendí todas esas que tarareaba por las mañanas, esas que hablaban de amor correspondido y sueños cumplidos. Al acabarse, entendí entonces aquellas que hablaban de corazones rotos, de huidas, de esperanzas. 
Que yo recuerde, no me ha vuelto a pasar, al menos de forma tan importante.
Hay una canción en especial que lleva años conmigo. La tengo en todos los aparatos capaces de reproducir música, y suele ser la primera que escucho cuando tengo un mal día. No creo que nadie entienda lo importante que esa canción, entre las demás, es para mí. 
La escuché por primera vez en una época difícil, de cambios, de peleas y discusiones. En una época en la que me torné más tímida e insegura, en la que no me encontraba a gusto en ningún lugar del mundo, y andaba, como se suele decir, perdida. 
Después de tantos años y de escucharla tantas veces, por fin la entiendo. Por fin sé que es lo que Mick Jagger quería decir con esas palabras. Quizás al escribirlas no pretendía darle un significado tan profundo o melancólico. Quizás quería plasmar el típico discurso de ruptura o esa era la única manera que se le ocurría de romper con su novia. 
Pero esta vez, la letra tiene un significado. 
Para mí, ahora, tienen sentido.