sábado, 24 de mayo de 2014

Unos Cuantos Cuentos Cortos. (I)

La encontró sentada al borde del muelle. Era una de esas noches de primavera en la que el frío atraviesa los huesos y el viento lastima los labios. Se quedó parado a una distancia prudente, dudando si acercarse a ella.
No había nadie que la conociese más, ni nadie a quien amase tanto. Sin embargo, Leo no llegó a conocerla del todo, pues ella respetaba el silencio propio de los secretos.
Su vida no había sido fácil. Sus capacidades iban más allá de lo que los humanos más estrictos podían entender, y de la que sólo muy pocos comprendían. Nunca fue sociable, y el distanciamiento de los demás no ayudaba a mejorarlo. En toda su vida, podía contar con los dedos las personas que llegaron a conocer una mínima parte de lo que era. Siempre rondaba sobre elle un aire de desconfianza y misterio, una mirada profunda y penetrante, y pensamientos macabros e irreales.
Su apariencia, como su actitud, era extraña.
Tenía la piel de porcelana, blanca casi transparente, ojos azul marino, pero de tonalidad incierta, pues cambiaban según el color del cielo. Cuando era de noche, éstos eran casi negros, cuando brillaba el sol eran de un azul turquesa muy puro y brillante, cuando llovía y el cielo se cubría de nubes, éstos se tornaban de un tono gris y parecían enfadados e intranquilos. El pelo caía en bandada tras su espalda, larguísimo, y de un color rojizo extraño, semejante al de los corales anclados en el mar.
Caminaba y era como si flotase en el aire, sin apoyar los pies en el suelo.
Todo el mundo era reacio a estar a su lado, si quiera acercarse, pero él sólo respiraba tranquilo si estaban cerca.
Decidido a consolarla, corrió hacia el borde del muelle. Se sacó los zapatos antes de sentarse con ella y sumergir también sus pies en el agua.
No levantó la mirada, ni siquiera se dio cuenta de su llegada. Estaba hundida en su mundo de fantasía e irrealidad donde se refugiaba en los peores momentos.
-¿Qué ha pasado? -le preguntó, cariñoso.
Ella respondió con un sollozo, evitando mirarle a la cara. Se sentía ridícula llorando delante de los demás, mostrando su debilidad.
Leo sostuvo su cara entre las manos, obligándola a levantarla. Una sombra negra de maquillaje arrastrado por las lágrimas le manchaba la piel.
-¿Que ha pasado? -repitió.
-Lo de siempre. -Se limitó a contestar sin dar mucho detalle del nuevo “accidente” producido por culpa de sus extrañas habilidades.
La marea comenzó a subir. Hacía ya un buen rato, más o menos desde el tiempo que llevaba Lucy sentada en borde del muelle de madera. No se molestó en subirse la pernera del pantalón. Dejó que el agua subiese de nivel y le mojase los vaqueros.
-¿Qué se rompió esta vez?
Se quedó un rato callada antes de contestar, tratando de silenciar los sollozos.
-Inundé el suelo del salón.
-¿No habrás dejado un grifo abierto?
-Estaban cerrados. Fue cosa de cinco minutos... Bajé del sofá y estaba totalmente encharcado, empezó a salir agua de no sé donde y lo llenó todo, todo. -Describió, con un hilo de desesperación en su voz.
Tenía la mirada fija en el agua, que chocaba contra los pilares del muelle y un nudo en la garganta que no le dejaba respirar.
-Tus padres se habrán vuelto locos.
-No estaban. Ya habrán llegado, supongo. No me imagino que dirán al encontrar la casa cubierta de agua.
Se secó las lágrimas con la manga de su camiseta, en un intento de dejar de llorar. La marea subió rápidamente hasta llegarle a las rodillas
-Me voy a morir cuando vuelva. -Musitó.
Él sabía que su casa no era un lugar agradable, menos aún cuando una de sus habilidades le atormentaba. Sus padres eran extremadamente religiosos, se conocieron en una iglesia muy jóvenes. Eran muy estrictos y sobre todo, muy creyentes, tanto en el poder de Dios sobre la tierra, como el poder del Diablo sobre los hombres.
Lucy mostró sus habilidades al alcanzar los nueve años. La primera vez estaba discutiendo con su madre sobre un tema que no recuerda. Ella lavaba los platos mientras Lucy intentaba hacerla entrar en razón. Pero su madre no era muy flexible, y justo al amenazar a su hija que pensaba encerrarle en su habitación una semana si seguía con el tema, un chorro de agua salió despedido del grifo de la cocina directo a su pecho, con tanta potencia, que empujó a su madre hacia la pared. Confusa, se resignó a dejar el castigo de su hija para después de arreglar el grifo.
Pero siguieron ocurriendo cosas parecidas. Si el agua para el té estaba demasiado fría, bastaba con meter el dedo para hervirla. O las tuberías se rompían y caía todo ese líquido sucio en medio de el salón, empapando a aquel que estuviese sentado en el sofá.
Empezaba a ser divertido. Tomaba largos baños, jugando con sus nuevos dones. Con un sólo golpe en el agua de la bañera creaba una ola inmensa que hacía que rebosara y rompiese en el suelo. O podía elevar pequeñas bolitas del mismo fluido hasta el techo y dejarla caer, de repente, varios pisos más abajo.
Pero su nuevo y extraño poder comenzó a darle problemas. Ya no era sólo el agua lo que podía manipular, si no también cualquier líquido o cualquier objeto que lo contuviera. Podía hacer explotar un vaso lleno de coca-cola, resquebrajar una ventana húmeda, o vaciar un coche de líquido de freno. Todo eso ocurría sin que ella lo pensase. Simplemente, pasaba. No sabía como pararlo o como controlarlo.
Sus padres lo advirtieron y no dudaron en contactar con un miembro muy respetado de su iglesia para hablar sobre los extraños poderes de su hija, que casi mata a su padre en un accidente de tráfico por haber dejado sin líquido de frenos el coche.
A tal descripción de los hechos, el cura no dudó en llamar a un grado mayor de la cristiandad para proponer un exorcismo.
A los doce años, intentó por todos los medios que no se cometiera. Tiró el agua bendita al pastor e hizo que le saliese sangre por la nariz y por los ojos. Pero eso sólo convenció más a los religiosos. Después de esa experiencia, trató por todos los medios ocultar sus habilidades. A veces costaba más, como cuando en el instituto se burlaban de ella y de repente el agua de los detectores de incendios mojaba a todos los compañeros. O como cuando sus padres peleaban y del techo empezaba a gotear agua.
Días como ese, en el que en medio de un ataque de impotencia, su salón quedó hundido bajo una gran masa de agua, se le hacían difíciles.
-Puedes venirte a mi casa.
Le propuso Leo en un ataque de compasión. No podía verla mal, le rompía el corazón.
-Tu madre no me dejaría, me tiene fichada.
-Lo siento, entonces.
-No lo sientas, Leo, no es culpa tuya.
-Aún así, lo siento. Comprendo como te sientes, yo...
-¡No lo comprendes! -Estalló Lucy. -¡No eres un bicho raro! ¡No eres un... engendro de la naturaleza! ¡Eres-un-humano-normal!
No pudo evitarlo. Leo se quedó callado, acostumbrado a sus repentinos ataques. Ella gruñó de frustración antes de respirar a calmarse. El mar se había enfurecido, produciendo enormes olas que rompían contra ellos.
-Tú también eres humana.
-No lo soy. -Negó, frustada.
-Eres otra clase de humana.
-Como quieras.
Se quedaron en silencio unos minutos, pensando. Lucy sólo estaba buscando una forma de decírselo.
-Me voy, Leo.
Adoptó un gesto confuso, mirándola con incredulidad.
-¿Adónde?
-Ahí dentro, -le indicó, señalando las profundidades del mar.
-No acabo de entender lo que estás diciendo.
Ella suspiró, eligiendo con cuidado las palabras.
-Hace unos meses, en verano, pasó algo raro. -Comenzó, contándole ese extraño cosquilleo que sintió al hundirse en el mar. Cómo desapareció la necesidad de respirar, y se aventuró al llegar al fondo y a seguir avanzando. Así, sin trabajo, sin tomar aire. Siguió y siguió nadando. Jugó con las olas que intentaban moverla, con los peces que poco a poco iba distinguiendo mejor al acostumbrarse la vista. Cuando salió a la superficie se sintió extraña y fuera de lugar otra vez.
Aumentaron sus visitas a la playa y sus prolongadas zambullidas. Con cada inmersión, los pies iban perdiendo utilidad, y se le llenaban las piernas de extrañas escamas brillantes. Estas aparecían sólo una vez que estaba en el agua y siempre de manera más rápida. Iban ascendiendo más aun, hasta llegar a la zona del ombligo, donde a penas la cubrían.
Se sentía tan llena, tan feliz allí abajo, que odiaba el momento de salir y volver a casa.
-Te vas... -susurró su amigo al finalizar el relato.
-Me voy.
-No te volveré a ver...
Ella no contestó. Su relación con Leo era extraña y compleja. Nunca le contaba más de lo necesario, pero era el único en quien confiaba. Le creía un hermano, un mejor amigo, aunque no se lo demostrase. Le miró a los ojos con expresión triste.
-Te voy a echar de menos. Al menos ahí estaré mejor, es donde pertenezco.
Abrazó a su amigo, mucho más triste aún. Él la amaba, la protegía con todo su alma, sea el ser que sea, porque en el mismo instante en que la conoció sabía que era distinta a los demás.
-Sí podemos vernos, Lu. Puedes venir aquí el mismo día del año, yo te estaré esperando.
-Es arriesgado.
-Intentémoslo.
No dijo nada, aceptó en silencio. Se levanto y se quitó la ropa para quedarse en bañador.
-Tengo que irme ya, Leo, empezarán a buscarme pronto.
Leo se levantó y la abrazó de nuevo. No se despidieron, no era necesario. Se dignó a mirarla por última vez y a observarla tirarse de cabeza al agua.
Esperó. La vio salir a la superficie unos metros más adelante. Abrió la boca para hablar pero no emitió ningún sonido. No se alertó. Levantó la mano para decirle adiós, una mano palmeada y de aspecto totalmente resbaladizo, como la piel de un anfibio. Tenía una delgada membrana entre los dedos, y un tono más brillante en las mejillas. Sus ojos eran del mismo color que el mar, y su cabello terriblemente brillante. Sonrió con una enorme y verdadera sonrisa de dientes puntiagudos y se sumergió, rebelando una cola llena de escamas centelleantes.
Al verla sonreír, entendió lo que su amiga era en realidad.
Había nacido en el mundo correcto pero en el lugar equivocado.
Se quedó sentado, admirando el océano y preguntándose en que punto estaría ella en ese momento, igual que haría todos los días el resto de su vida.



viernes, 23 de mayo de 2014

Y me escondí entre las letras de aquella historia, con la esperanza de que el próximo que se atreviese a abrir el libro, me encontrase.

martes, 20 de mayo de 2014

Del amor a la indiferencia.

¿Cómo es posible pasar del amor al odio tan rápido? O mejor dicho, del amor a la indiferencia. 
¿Cómo es posible que transcurran los meses sin preguntarnos que habrá ocurrido con esa persona? ¿Sin preguntarnos si estará bien? ¿Sin preguntarnos que será de ella?
Se me hace raro. Esa sonrisa no es tu sonrisa. Es la sonrisa de un extraño, de alguien a quien ya no reconozco, de alguien que cambió y evolucionó a lo que supongo, es la persona que aspiraba ser. Ese brillo no es el de tus ojos. Son los ojos de un desconocido, que miran el futuro y el horizonte de manera indiferente, que ya no sueña los mismos sueños.
Sí, hemos cambiado. Y me di cuenta al mínimo vistazo de que no eres la misma persona que dejé atrás.
No tiene sentido que después de tantos meses mire a mi espalda y me ponga melancólica. 
Del amor al odio hay solo un paso, pero son apenas unos centímetros lo que lo separa de la indiferencia.

lunes, 19 de mayo de 2014

Psicosis

¿Ves como al final no eras real? ¿Ves cómo no existías? Yo sabía que había algo extraño en esa voz que no salía de ninguna parte. Yo ya sabía que era extraño que la gente me mirase de esa forma al hablar contigo.
¿Ves? Si yo lo sabía.
Ahora no tengo porque aguantarte más. No escucharé tus gritos, tus ideas aterradoras. Tus intimidantes preguntas ni tus hirientes insultos. No tendré que soportar nunca más una voz sin rostro.
Me dan igual tus quejidos y amenazas.  Me da igual que pases todo el día hablándome, susurrándome atrocidades al oído, que me asustes, que me llenes de miedo y desconfianza, que ataques verbalmente mi autoestima. Me da igual.
Sí, yo sabía que no podías ser real.
La gente necesita un punto firme sobre el que moverse. Hay veces en los que ese punto se tambalea, pierde el equilibrio, y oscila peligrosamente sobre el vacío que hay bajo nuestros pies.
Ahora mismo, mi refugio está a pocos milímetros de caer. Perdí la esperanza en todo aquello que lo sostenía y aquí estoy, aguantando como puedo de pie.
Puede que sea la edad o el exceso de literatura.
Puede que ese hilo que aprieta y aprieta haya roto finalmente la base que me sujetaba.
Puede... puede que solo necesite un nuevo punto de apoyo.

martes, 13 de mayo de 2014

Love the way you lie - Ariana Grande

Sólo quédate y mírame arder. 
Como me consumo en cenizas. Como me convierto en columnas de fuego. 
Quédate para ver como me desvanezco, como me confundo con el aire, como me pierdo en el viento.
Mírame.
Sí, mírame a los ojos y escúchame llorar. 
Sí, quédate, porque aunque tu indiferencia duela, me gusta la forma en que lastimas. 

lunes, 5 de mayo de 2014

Por un mundo menos serio

Hoy he encontrado un nuevo escritor. Para mí, escritora de vocación y aun en desarrollo, encontrar a personas como yo es importante. Considero que para ser escritor hay que ser soñador de nacimiento y en los tiempos que corren los que nos dedicamos al arte de crear mundos ficticios, escaseamos. Imaginen mi alegría al descubrir nuevos soñadores y nuevos creadores de mundos.
Cada vez que encuentro un nuevo blog, o sitio web, o lo que sea, me dirijo a la primera entrada. Suele ser una de las más personales. La mía estuvo marcada, hace casi dos años, por el comienzo de un verano, en el que a la vez, empezó una nueva época en mí.
La primera entrada de un blog supone la puerta al mundo de tus escritos, de tu forma de ser y de ver las cosas. Te presentas y dices "así soy yo, así pienso, así quiero ser".

Había oído hablar de ti. Bastante, si eso te complace. Pero no fue hasta hoy cuando me dio por leerte. Fue una sorpresa descubrir que eras uno de los míos, porque nunca te hubiera imaginado así.
Seguramente, no me recordarás. Yo era una persona no-identificada y sin importancia que conociste de pasada en una semana relativamente corta.
No espero ni por un segundo que tu te acuerdes de mí, ni que leas esto y mucho menos que te sientas cohibido por una extraña que habla de tu blog. Si escribo esto es porque ¡Dios, me llegó dentro lo que dijiste! Disparaste palabras y el resultado que increíble. Todo esto, al fin y al cabo es para mencionarte:
Sí, yo también creo que el mundo es muy deprimente últimamente.
Sí, el reggaetón es gris, una forma original forma de describirlo.
Y sí, también intento mirar los problemas con cara de viernes, aunque admito que en lunes sigue siendo complicados.