miércoles, 11 de junio de 2014

No comprendo su definición de belleza.

A veces es difícil encontrar las palabras para decirlo, así que seguiré adelante y lo diré de todos modos.
Siento tener que decirles que no comprendo su definición de belleza.
No, no veo lo lindo en que se te vean los huesos, muestres pecho y culo en prendas de vestir minúsculas. Ni tampoco creo que hundiendo tu cara en maquillaje ayude a ocultar tus verdaderos rasgos. Piensa que llegará un día en que te enamores, te vayas a vivir con tu pareja y tendrá que verte sí o sí sin toda esa segunda capa de cosméticos. Piénsalo, porque a no ser que te vayas a dormir con toda esa química aún en la cara, tendrá que ver como eres tú en realidad. Ya sabes, con ojeras, espinillas,  pestañas cortas y, en algunos casos, con gafas.
No entiendo, de verdad no lo entiendo. Esa obsesión con el cuerpo es algo ya diabólico. ¿Por qué tantos músculos? ¿Por qué tan delgada? No pasa nada si tienes las piernas algo desproporcionadas, si tu pecho es más pequeño de lo que te gustaría o si incluso tienes un kilo, dos, tres de más. Porque esa persona eres tú y sino te estás engañando.
Y no diré que la belleza está en el corazón, diré que la belleza no es la de las revistas.
Sigue siendo el mismo mar. El azul turquesa de siempre, salpicado de manchas mas oscuras. Las olas que rompen una y otra vez en la arena, la brisa que levantan y el agua que salpican.
Sigue siendo la misma playa. Rodeada de rocas, de bullicio y de gente. Con un bar a cada esquina y un faro varios metros más atrás. Una hilera de sombrillas que desaparecen cuando llueve o cuando el viento apremia.
Sigue siendo el mismo cielo. De ese azul intenso, casi sin nubes, de expansión infinita.
Todo es igual. Pero ahora que salgo al jardín, me pongo de puntillas y me asomo, es distinto.
Me pregunto quién ha cambiado. Si soy yo, o son el mar, la playa y el cielo.

sábado, 7 de junio de 2014

Silencio

No digas nada, no preguntes nada.
Cuando quieras hablar, quédate mudo:
que un silencio sin fin sea tu escudo
y al mismo tiempo tu perfecta espada.

No llames si la puerta está cerrada
ni llores si el dolor es más agudo
no cantes si el camino es menos rudo. 
ni interrogues sino con la mirada.

Y en la calma profunda y transparente
que poco a poco y silenciosamente
inundará tu pecho de este modo

sentirás el latido enamorado
con que tu corazón recuperado
te irá diciendo todo, todo, todo...

F. Luis Bernárdez
-Es mi vida, pero no tengo ni voz ni voto. -Sentenció.
Entre el tumulto de gritos y frases de desaprobación, ella se levantó de la silla. Con un trozo de cinta americana se selló los labios. Daba igual que pudiese o no moverlos para hablar, porque su palabra tendría el mismo valor: ninguno.

viernes, 6 de junio de 2014

Es una encrucijada de miradas tensas, bruscas, desaprobadas. Aunque la verdad, son miradas que se evitan y que solo chocan cuando se ven forzadas a ello.
Se siente la tensión en la parte central del pecho, más del lado izquierdo que el derecho, justo encima del corazón.
Se nota el ardor en los ojos, bien de rabia o de frustración, quizás de impotencia por no haberlo logrado, por no haberlo conseguido aún habiéndolo intentado.
Se puede apreciar en la comisura de los labios, que tienden a caer al esbozar una leve sonrisa, y a no responder cuando las cuerdas vocales se estremecen por la risa.
Se percibe en el temblor de manos, en los suspiros apagados y en la expresión cabizbaja.
Qué quieres que te diga, qué escusa quieres que te ponga. No soporto tanta presión.

domingo, 1 de junio de 2014

Fue increíble. La manera en que la música golpeaba en el pecho, en que las luces te hipnotizaban. Todos eran muchísimos más altos que yo y tenía que ponerme de puntillas para verles la cara. Pero eso no era lo importante. Lo importante era escucharles, y la manera en que sus voces revolucionaban a la multitud. Nos dejábamos la voz en aclamar sus nombres, cada vez más alto, cada vez más fuerte. Y es que no tengo palabras para describirlo. Ojalá hubiese podido quedarme hasta el final.