martes, 30 de septiembre de 2014

¿Sabías que tienes unos ojos muy expresivos? Por eso me muero cuando me miras, cuando me cruzo con tus pupilas después de un beso. En esos momentos no me queda duda de que los secretos que me susurras al oído no son mentiras.
¿Sabías qué cuando te enfadas, dejan de ser verdes? Me embarga una sensación intimidante que me obliga a retroceder varios pasos hacia atrás. Se tornan negros, como los del poema de Bécquer.
No me gusta enfadarme contigo, siento que ninguno nos lo merecemos.
No me gustan tus ojos negros, los prefiero verdes.
Conozco esa sensación, la de necesitar plasmar lo que sientes en un simple trozo de papel. Lejos de ser una droga pero cerca de convertirse en adicción. Morder el boli con nerviosismo, escribiendo a toda prisa para que el sentimiento que te acosa mengüe los latidos, y si tienes suerte, hacerlo desaparecer. Con la espalda encorvada, bien pegado al cuaderno, deslizando la pluma frenéticamente y con el ceño fruncido.
Aquello fue lo primero que me llamó la atención de ti. Reconocí esa postura, y la página cubierta de palabras con aquella letra espantosa.
Me entristece verte con esa expresión. Agarrando con fuerza el bolígrafo, hundiendo la punta en el papel. No sé que es lo que has escrito, ni que dice exactamente, pero reconozco esa expresión, y me entristece que sea por mi culpa.

lunes, 29 de septiembre de 2014

John Legend - All Of Me





Te colocas los cascos y cierras los ojos, desplomándote sobre la cama. 
Se eriza el pelo de la nuca, se abren los poros de los brazos, con un escalofrío suena el primer acorde y te asalta el primer recuerdo. Una lluvia desordenada de retazos del pasado que desordena tu memoria. ¿Para qué abres el cajón de nuevo? ¿Por qué aquél que escondite al fondo y cerraste con llave? ¿Por qué esa canción? 


Sharif - Con la música a otra parte


sábado, 27 de septiembre de 2014

Es curioso como mi tendencia a distraerme, con tanta facilidad, ha influido tanto.
Escuchas el sonido sordo de sus voces, ignorando las palabras. La música sobre ese ruido molesto, supuestos reproches desaprobados, frases de entonación imperativa de lo que supuestamente debes pensar, hacer y decir. Simplemente desconectas. Con el paso del tiempo te acostumbras a hacer de la discusión un simple zumbido, ahogada por una canción silenciosa en tu cabeza.
Supongo que es mi modo de sobrevivir el día a día, haciendo caso omiso de aquello que duele, molesta, lastima o atormenta.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Todos estamos dispuestos a escribir nuevas historias. Al fin y al cabo la vida va de eso, de escribir nuevos capítulos continuamente. El problema llega cuando tienes que ponerle punto y final. Admiro a las personas que son capaces de finalizar toda una etapa con la misma facilidad con la que pueden caminar en línea recta. 
Soy una persona que no soporta los cambios. Sé que son necesarios, sé que son inevitables. Pero me cuesta asumirlos. Imagínense lo que supone escribir la última frase de un nuevo capítulo y la primera del siguiente. 
Bien podría dejar el libro como un relato continuo sin interrupción alguna. Así evitaría problemas mayores con respecto a mi incapacidad de soportar cambios. Pero entonces viviría atada al pasado. 
No podría amar de nuevo porque aún estaría sin finalizar una relación anterior. No podría cumplir todos mis sueños porque no estaré dispuesta a abandonar el placer de soñarlos. No podría hacer nada. 
No sé como, pero acabé el último de manera inconsciente. De repente me vi admirando unos ojos verdes de la misma manera que, según creía, tardaría meses en volver a admirar. Me encontré sonriendo estúpidamente al mínimo recuerdo y sufriendo el insomnio propio de la impaciencia. 
No sé cómo. 


Qué común se me está haciendo sentir la opresión en el pecho. La típica tristeza al despertarme, cuando abandono las sábanas y te enfrentas a lo que tienes por delante, o la inquietud de esperar hasta la hora de reencontrarse de nuevo, apenas unos cinco minutos cada hora, a penas media hora a media mañana. Parece ya un tema muy pulido. Demasiadas entradas.
Cómo no voy a hablar de una sensación así, que me mantiene eufórica y ansiosa dieciocho horas al día, para desaparecer de golpe con el simple roce de sus dedos, como una brisa de aire fresco en pleno mes de agosto. Con una sencilla caricia todo se disipa.
Y me inunda una paz inmensa. La tormenta acaba y el mar se calma al mínimo contacto.
Me da igual que le conozca desde hace poco, que el tiempo que haya estado con él sea breve si ese ha sido el suficiente para sentir lo que siento.


martes, 23 de septiembre de 2014

Mi blog no.
Esto no.
Habláis de mi futuro, tomáis la decisión por mí, me controláis todo cuando podéis.
Pero esto no.
Vais a tener que aguantaros porque no cederé esta vez.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Just The Way You Are, Bruno Mars

Es un miedo que se representa de forma extraña, un miedo que no quería sentir de nuevo. Por dios, que imprudencia. Pero que quieren que les diga, mis escusas son pocas.
Es una sensación de paz difícil de describir. Como si el nudo en la garganta, los nervios, el estrés y el insomnio se disiparan lentamente. Puedo olvidarme de todo por unos segundos y disfrutar de una tranquilidad de la que carezco desde hace un tiempo. Y no me siento culpable. En absoluto. A pesar de todo el contexto de la situación, de que muy posiblemente esté mal, de que la esté cagando hasta el fondo me da igual. Le miro a los ojos y me da igual, porque le miro y soy feliz.
Pero entonces reaparece el miedo. Que asco de miedo. Y me cuesta dar rienda suelta a la sonrisa o reír sin sentir que el nudo se aprieta aún más. 
No es por lo que piensen lo demás; nunca les interesé y no tengo porque interesarles ahora. Es por el miedo. ¿Cómo sé que soy feliz de verdad?



sábado, 13 de septiembre de 2014

Qué entusiasta.

Siempre he sido una persona demasiado entusiasta, bastante fogosa con las cosas insignificantes. Siento emoción por cualquier mínimo detalle, ya sea una mariposa ligeramente más grande de lo habitual, una margarita con un pétalo de otro color o unos zapatos increíbles que llaman mi atención. A pesar de que mi emoción, casi infantil y exagerada, puede ser el foco de comentarios burlescos, nunca me he avergonzado de ello.
Ayer por la noche llegaron parientes de un país muy lejano a visitarnos. Yo, que con cualquier sensillez me dejo llevar por la exaltación, no os podéis imaginar como estaba. No les conocía, o por lo menos no los recordaba; era muy pequeña cuando les vi por última vez, pero estaba entusiasmada por la visita.
No esperaba tal recibimiento, ni tal carismática personalidad. Es imposible no quedarse sin aire por las carcajadas.
Hoy fuimos a la playa, para que los dos conociesen cuanto se diferenciaban con las del Atlántico. Las mujeres estábamos reunidas, encajadas en la arena y bien alejadas del agua, concentradas en nuestra conversación insustancial. Mientras, ellos estaban hablando en la orilla del mar, tanteando en el suelo y bajo las piedritas de la superficie. Entonces llegó a nosotras, llevando en las manos una concha de la playa, de esas anaranjadas que encuentras cada medio metro. No era nada fuera de lo normal.
"Esto es oro, -dijo,- ¿saben cuánto tiempo ha tardado en formarse, en hacer cada surco?, hace miles de años había un bichito aquí dentro."
Y me quedé pensando. Me mostró otra piedra, de color gris brillante cortado por lineas blanquecinas. Era bonita. La puso a la altura de mis ojos, y la sostuvo con los dedos. "Cuántos años han tenido que pasar, para que esta piedra acabase así. Cuántos años para erosionarse, romperse e incluso desquebrajarse." No fueron sus palabras textuales.
Y me hizo pensar. Me entusiasmo con cosas tan simples y dejo de lado tantas otras. Después de aquello prefiero emocionarme por las piedras que encuentro en la playa que con las mariposas ligeramente más grandes, o con aquella canción que pasan por la radio.

viernes, 12 de septiembre de 2014

2ª Parte

Llevo tanto tiempo fuera que ni siquiera recuerdo como iba esto. He estado tanto tiempo pensando en lo que voy a decir, en lo que voy a escribir cuando recupere lo que es mío por derecho, y ahora no se me ocurre nada.
He pensado en todo.
En una disculpa, en un reproche.
Qué queréis que os diga. He recurrido al bolígrafo y al papel durante todo este verano, he escrito montones de posibles entradas y reseñas, he empezado una nueva historia que estoy dispuesta a terminar. Y he decidido que no publicaré nada de este verano. No merece la pena. Es parte del pasado.
Empecemos pues una segunda parte en esta larga novela. Mejor dicho, un segundo tomo.
Quedan dos días para comenzar un nuevo curso, en un nuevo instituto, en un distinto tipo de enseñanza. Y esta que veis aquí es un nuevo yo. 4
Bienvenidos, que disfruten de esta segunda parte.