jueves, 30 de octubre de 2014

Me falta valentía. Me falta el coraje que empuja a la gente a llegar lejos. Me falta tomar ese impulso, ese envión que me puede ayudar a alcanzar mis metas. Soy tan cobarde que no me atrevo a dar el paso y hacer una pregunta. Una. Maldita. Pregunta. Podría sacarme de esta horrible situación que me derriba.
Una comparación sería la de una rama que se ha roto de un árbol y ha caído al río. Al principio es arrastrada por la fuerte corriente que la lleva agua abajo, hasta que encuentra una orilla y queda varada.
Allí aguanta a duras penas la fuerza de la corriente y las continuas olas, que en ocasiones consiguen volver a empujarla río adentro.
Si la rama tuviese conciencia y vida, y fuese capaz de apartarse de la orilla cuando la marea sube, la rama se salvaría de la caprichosa corriente.
Si yo fuese esa rama tendría miedo de apartarme de la orilla, porque tras el río hay un bosque enorme y no sé que es peor, si morir ahogada o adentrarme en ese bosque donde hay tantas posibilidades de vivir como de morir.
Y sería una situación totalmente ridícula porque una simple rama tendría más coraje que yo, y más posibilidades de seguir viva.
¿Qué es lo que me impide ir allí y lanzarme? No dudaría en tirarme al vacío desde un puente con el único amarre de una cuerda elástica. ¿Por qué no puedo ir y preguntar sin pensar que se me echará el mundo encima? ¿Qué clase de persona soy si puedo irme a dormir cada noche sabiendo que me estoy fallando a mi misma?.
Hace casi dos años tomé la decisión de dejar de lado la timidez, porque me di cuenta de que así no podría seguir viviendo una vida como la que esperaba tener. Pues mi siguiente gran paso no es leer uno de mis escritos frente a cincuenta personas, ni bailar disfraza delante de todo el instituto.
Mi siguiente gran paso es respirar hondo y hacer la pregunta. Es llenarme de la poca valentía que tengo para avanzar medio centímetro. es recoger coraje de donde sea para que la próxima vez avance medio metro. Es simplemente, ir y hacer la jodida pregunta.
¿Qué clase de persona soy y qué clase de persona estoy dispuesta a ser?

domingo, 26 de octubre de 2014

Porque yo no llego ni con regalos ni sin invitación a la vida de cualquiera, pero me quedo si así me lo piden.
Ten por seguro que alargaré mi visita si me llevas a las librerías, si me tienes paciencia entre libro y libro, entre gritos y exclamaciones de emoción y euforia cuando descubro un ejemplar que hace mucho que estaba buscando.
Si me abrazas sin motivo y sin excusas si me besas .
Si me miras cuando cantas y el verso habla de alguien a quien no dejar nunca.
Si tras contarte todo lo malo sigues convencido que lo bueno es lo que importa.
Quiero que sepas que si me la ofreces aceptaré tu mano, si es verdad aquello que dices, que me enseñarás como despegarme del suelo.

viernes, 24 de octubre de 2014

-Regálame tu noche. -Le susurró ella al oído.
Él envolvió con los brazos su cintura, esbozando una sonrisa a milímetros de sus labios.
-No. -Respondió.
-¿Por qué no?
Ella le miró a los ojos, grandes, verdes y marrones. 
-Las noches no se regalan, se comparten.

lunes, 20 de octubre de 2014

Tengo miedo. Mucho miedo. De fallar otra vez y que todo se vuelva una catástrofe. De empeorarlo. De meter la pata.
Tengo miedo de volver a ver esa mirada de desaprobación y de sentir el odio en cada palabra.
No quiero que se repita.
Todos necesitamos llorar de vez en cuando, para recordar lo lindo que es sonreír. ¿Qué son las lágrimas pasajeras, comparadas con la felicidad que estalla e ilumina el rostro?
Perdóname estas lágrimas, pues, y las que derrame cuando haga frío y sea de noche. Quiero estar bien cuando esté contigo, y no seré capaz de reír sinceramente si me guardo la ansiedad que llevo dentro.
Ignora la tristeza efímera que ronda por mi mirada cuando bajo la guardia, o la pesadez en mis hombros y espalda que me obliguen a agachar la vista al suelo.
No les hagas caso, que aunque de noche llore y de día sonría no significa que mienta. Que aunque a veces,  no siempre, sólo a veces, me inunde la melancolía no es porque no me hagas feliz, ni porque trate de ocultártelo. Es que contigo me olvido de porqué lloro de noche y cuando hace frío, o porqué la tristeza emborrana mi vista cuando nadie me ve.

domingo, 19 de octubre de 2014

Me gusta la gente que llega sin avisar, de improvisto, llama a la puerta y te pilla aún en pijama, el pelo revuelto y el desayuno a medio acabar. Es una metáfora, no lo toméis como algo literal. Y más tú, que te conozco, que nada más lo leas ya estarás saliendo por la puerta.
Porque así llegan todos, no los ves venir. Nada se prepara despacio y a fuego lento, ¿acaso los latidos van más lento para respetar el orden y las pautas que dicta la sociedad? Al corazón la sociedad le importa menos que una mota de polvo. Si se acelera hay que hacerle caso. Si se detiene de golpe hay que escucharlo. 
Llegará un día en que el corazón no dé más de si y deje de latir. Para entonces, desearías haberle hecho más caso, o haberte detenido unos segundos para escucharlo. En ese momento el que esté bien o el que esté mal a ojos de los demás no cuenta. Lo que cuenta es que le cerraste la puerta a toda esa gente que llegó sin avisar. Pudiste al menos haberte levantado del sofá.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Veintiún Metros.

Veintiún metros. Ni más ni menos.  Separados por un mísero camino de baldosas ya gastadas, y las respectivas vallas de cada edificio.
Era tan sencillo como apartar la vista del libro y mirar a través del cristal, allí, en la ventana de enfrente, se distinguía una silueta. No muy alto, desgarbado, pelo corto y despeinado. Soltaba entonces un suspiro y volvía a dejar la vista en el libro de texto, lleno de frases melancólicas de años anteriores. "El tiempo pasa y voy notando mi desgaste", escribió aquella vez, entre números y fórmulas.
A veintiún metros de distancia, cada vez era más sencillo llenar el lápiz de su imagen en la memoria. No tenía que imaginarla, ni si quiera mirar repetidamente por la ventana. Tan solo a veces se atrevía a separarse del dibujo, un rápido vistazo al edificio de enfrente, justo paralelo adonde él gastaba el tiempo, distinguía su silueta ya tan conocida. Entre los huecos de la alambrada, adivinaba aquella figura diminuta. El cabello liso sujeto en un moño, sentada recta sobre la silla. Casi podía su rostro,el gesto serio, y volvía al dibujo, con su imagen en proceso.
A menos de veintiún metros.
El libro repleto de frases.
La carpeta repleta de dibujos.
Si no fuera por aquella valla, ni por el camino de baldosas.
Si no existiesen esos veintiún metros, ni los separasen las ventanas.

domingo, 12 de octubre de 2014

No quiero llenar de ti mis escritos.
Por lo menos, no ahora, que todo acaba de empezar.
Si te descubro tan pronto, no me quedará nada para después.
Quiero que sigas siendo mitad secreto mitad verdad, y que me sorprendas cada vez que me desvelas algún misterio.
Los soñadores deberíamos dedicarnos a eso, a soñar. Limitarnos a plasmarlo en un papel sin esperar nada a cambio por parte de la realidad.
Cuántas veces nos habremos chocado contra un muro, derramado un mar de lágrimas al abrir los ojos y darnos cuenta otra vez, que hemos alterado mucho el verdadero orden de las cosas, tanto que jugó en nuestra contra.
Los soñadores deberíamos limitarnos a amar en sueños, o como mucho, amarnos los unos a los otros. Nadie se enamora de aquella persona distraída, que vive en las nubes viendo el lado bueno de las cosas y tapándose los ojos cuando se topa con una realidad que no puede transformar.
Por una vez seamos realistas. Sólo un loco se enamoraría de un soñador. 
Quizás por eso todos los soñadores estamos locos por dentro pero cuerdos por fuera. 

jueves, 9 de octubre de 2014

Lo necesito pero no puedo. Escribir sobre aquello, sobre esto, sobre lo que está ocurriendo. ¿Cómo hacerle caso omiso, si es lo segundo que pienso al levantarme? ¿Si sucede a los sueños dulces después de despertarme?
Me da que no lo entienden, o por lo menos no del todo. El tiempo pasa rápido, el sonido del tic tac acelerado. Y se me escapa, así, fácil, como arena entre las manos. Y me quedan cosas por vivir y no lo estoy aprovechando.
¿Cómo pedir que lo entiendan si ni yo lo entiendo? A veces me detengo y me pregunto si es culpa mía. Si soy yo la que se aleja, la que confía de la gente que no debería. Si voy a un paso distinto, a una velocidad diferente, y lo dejo todo atrás, así, fácil, pensando en ti.
Pensando en el presente.

miércoles, 8 de octubre de 2014


De Septiembre para atrás no importa, como si el pasado nunca hubiese existido.
Sin preguntas incómodas ni respuestas comprometidas. 
Como si esta vez fuera cierto eso de vivir el presente y nada más. 
Me gusta que no pregunte y que no busque explicaciones. Que no busqué el porqué de cada costumbre, problema, manía. 
Me gusta que no quiera escarbar en el pasado, que le dé la llave para abrirlo y la rechace, alegando que eso es sólo mío, que es mi historia.
Me gusta su falta de curiosidad cuando le hablo de aquella época oscura, y su preocupación porque en esta haya luz.
Como si el pasado nunca hubiese existido, y fuera cierto eso de vivir el presente.
Todo lo que quedó atrás, anterior al nosotros, no tiene la más mínima importancia.

domingo, 5 de octubre de 2014

Fue la inspiración la que me susurró al oído y me desveló durante la noche. Fue ella quien me llevó a sentarme en el escritorio y encender la luz para alumbrar una hoja de papel. Me ató la pluma al puño y me hizo sujetarla con fuerza para que no se escapasen las palabras. Lo que ella no sabía era que las palabras ya estaban escritas, ya estaban dichas, allí en la esquina de tu espalda, en los bordes de mis uñas.
Me miraba atentamente dejar mi alma en las líneas, aún con el tacto de los latidos de tu corazón golpeando contra mi pecho y el ruido de tus labios chocando con los míos.
Me susurraba bajito, recordándome como tus brazos me envolvían con fuerza.
Y no intenté apartar a la inspiración de mi lado, porque eres tú quien me inspira, y no quiero estés en otra parte que no sea a diez centímetros de mí.

Intenté describirlo pero no pude.
Intenté no pensarte pero era de noche, y de noche es cuando más te pienso.
Intenté resistirme pero me fue imposible no perderme en tus labios.
Intenté no imaginarte ahí, a mi lado, pero solo soy completamente feliz cuando estás.

"Todo lo que sale de dentro, duele.
Por que todo lo que se siente de verdad, sale de dentro,
de la parte más profunda
más triste
más rota
más sola.
Por eso tenemos fama de románticos
por que estamos todos destrozados
o a punto de estarlo."


http://dejemonosllevar.blogspot.com.es/

sábado, 4 de octubre de 2014

"Después de fumarme esas ganas de besarte... Y de beberme esas ganas de tenerte."


No quiero que te vayas.
Quiero seguir sintiendo la calma de tus abrazos y la tormenta de emociones que son tus besos. Quiero que sigas burlándote de mi pelo encrespado, de mi voz aguda y mi risa de niña. Quiero que me mires de reojo y me sonrías, que de broma te enfades conmigo solo para verme a mí enojada. Que durante mucho tiempo repitas cuanto te gusta mi sonrisa.
Quiero ser tu musa.
Quédate. No te pido por años, no para toda una vida. Quédate unos meses, los suficientes, los que creas necesarios. Quédate cuantas semanas quieras para que pueda oír tu voz susurrándome al oído y volverme loca. Y que me pases tus escritos, y que te me quedes mirando, y que me digas te quiero así, por lo bajo, que nadie se entere y sea nuestro secreto a voces.
Sé que es mucho pedir que te quedes por unos meses.

jueves, 2 de octubre de 2014


Porque son, niña, tus ojos 
verdes como el mar, te quejas; 
verdes los tienen las náyades, 
verdes los tuvo Minerva, 
y verdes son las pupilas 
de las huríes del Profeta. 

El verde es gala y ornato 
del bosque en la primavera; 
entre sus siete colores 
brillante el Iris lo ostenta, 
las esmeraldas son verdes; 
verde el color del que espera, 
y las ondas del océano 
y el laurel de los poetas. 

Es tu mejilla temprana 
rosa de escarcha cubierta, 
en que el carmín de los pétalos 
se ve al través de las perlas. 

Y sin embargo, 
sé que te quejas 
porque tus ojos 
crees que la afean, 
pues no lo creas. 

Que parecen sus pupilas 
húmedas, verdes e inquietas, 
tempranas hojas de almendro 
que al soplo del aire tiemblan. 

Es tu boca de rubíes 
purpúrea granada abierta 
que en el estío convida 
a apagar la sed con ella, 

Y sin embargo, 
sé que te quejas 
porque tus ojos 
crees que la afean, 
pues no lo creas. 

Que parecen, si enojada 
tus pupilas centellean, 
las olas del mar que rompen 
en las cantábricas peñas. 

Es tu frente que corona, 
crespo el oro en ancha trenza, 
nevada cumbre en que el día 
su postrera luz refleja. 

Y sin embargo, 
sé que te quejas 
porque tus ojos 
crees que la afean: 
pues no lo creas. 

Que entre las rubias pestañas, 
junto a las sienes semejan 
broches de esmeralda y oro 
que un blanco armiño sujetan. 

Porque son, niña, tus ojos 
verdes como el mar te quejas; 
quizás, si negros o azules 
se tornasen, lo sintieras.