domingo, 30 de noviembre de 2014

viernes, 28 de noviembre de 2014

Enséñame a vivir sin pensar en cuán malo puede ser el final. El Final visto como algo abstracto y que pueda aplicarse a todo.
Enséñame a cerrar los ojos sin temer a que la incertidumbre de no saber que habrá al abrirlos.
¿Sabes? Me enseñaron cómo ser responsable, cómo dedicarle tiempo al estudio, cómo de importante era sacar buenas notas. Me inculcaron que debía depender de mí y de nadie más, y que todo tiene consecuencias.
Nunca me dijeron que aún podía disfrutar de las noches de insomnio, ni que los días de lluvia podían ser bonitos aunque no luciera el sol.
Tampoco me contaron que la vida es algo más que un par de números que te califican, y que ésta no se reduce a una hora frente  al papel que pone a prueba tu memoria.
O algo más que seguir la norma.
O algo más que leer la letra pequeña.
Enséñame a no ponerme nerviosa cuando dicen mi nombre en alto.
A evitar ese temblor en las manos.
Porque nadie puede quitarme la locura pero al menos podré ocultar los síntomas.
Al final te acostumbras a mis paranoias, a mis tonterías, a mis desvarios. Acabas de descubrir mi personalidad voluble y mis pequeños delirios. ¡Y los que te quedan!
Enséñame a vivir, porque ya he soñado demasiado.


miércoles, 19 de noviembre de 2014

Qué fue del Amor, aquel Amor escrito en mayúsculas, que desencajaba el corazón del pecho, y volvía a colocarlo en su sitio con un solo suspiro tuyo.
Dónde murieron los atardeceres que emergieron de tu cintura. Y aquel amanecer que alguna vez se atrevió a terminar en las líneas de tus pupilas.
En qué recodo de mis sábanas escondiste el tacto de tus dedos, y la estela que dejaban sobre la piel, y las cicatrices que marcaban tus uñas. 
Qué fue del Amor.
Qué fue de ti, de mí, de los recuerdos. 
Que me falla la memoria y la desgasta aun más el tiempo, y ya ni soy capaz de recordar el dulce sabor a sal que me dejaron tus besos.
Conoces el significado del verbo escribir.
Sabes lo que precede y produce, lo que requiere y conlleva.
Sabes que todos los que escribimos llevamos dentro un poco de locura, que va pagando factura con los años. Porque, cómo no vamos a estar locos, si transformamos la realidad en palabras. Los matemáticos lo hacen en números, y se considera una realidad lógica. Los filósofos intentan comprenderla con millones de teorías e hipótesis que la deshilachan poco a poco, y se considera una realidad más fácil de entender. Pero traducirla en palabras... tiene que ser cosa de locos.
Sabes que la escritura a veces nos obliga a pasar las noches en vela, esperando la llegada de una musa que de nuevo se retrasa o que no se atreve a abandonar la cama de otro artista. Esperando a una inspiración que va y viene como mejor puede, con miedo de cerrar los ojos y ceder la mano al sueño.
Sabes lo que es necesitar escribir cuando nadie más puede darte el mismo apoyo. Sabes lo que es dejar una parte de ti en un pequeño trozo de papel.
Has sentido ese agotamiento, ese cansancio que supone el descargar el miedo, la tristeza, la decepción, la impotencia, todos los sentimientos que acosan día a día y cada vez con mayor frecuencia.

Por eso te quiero.
Porque sabes lo que significa el verbo escribir, y convertir la sangre en tinta, y tus pensamientos en literatura.


viernes, 14 de noviembre de 2014


Algo falla, tiene que admitirse.
Algo no funciona cuando de veinticuatro horas que tiene el día te das cuenta que necesitas otras cinco. Otras. Cinco.
Hoy tuve un examen de Filosofía. Puedo deciros que es la asignatura más extraña que he tenido en mi vida, y hacer ese examen ha sido una experiencia más extraña si cabe. Cuando sonó el timbre y le entregué las hojas al profesor, un hombre de cuarenta y pocos, con entradas de calvicie y arrugas alrededor de los ojos, me señaló mis ojeras. "¿Qué pasa? ¿Qué no duermes por las noches?", me preguntó. Yo simplemente dije que había sido una semana complicada, y que me alegraba de que llegara el viernes. 
Ni si quiera me había dado cuenta de que tenía ojeras. 
Es más, ni si quiera he tenido mucho tiempo de mirarme al espejo en las últimas tres, cuatro semanas. Al igual que tampoco he pasado dos noches seguidas durmiendo como la OMS recomienda desde que empezó el curso, es decir, desde hace dos meses. 
Y es que cada vez que acaba el día me doy cuenta de la cantidad de cosas que no me ha dado tiempo a hacer o a terminar, y se me echa el tiempo encima. Cómo si no estuviera aplastándome ya. 
Lo peor, es que no es suficiente.
Si aunque sea las horas que se quedan enganchadas en los libros cundieran como debieran, si el trabajo realizado fuera directamente proporcional a la satisfacción del resultado. 
Al final para lo que sirve es para tener una mezcla entre morfemas flexivos, logaritmos, razonamiento inductivo y dicotiledonias que te mantiene despierto por las noches. Dios, si hasta leerlo marea. 
Debería tomármelo menos a pecho. Llevar la vida con más calma. Yo lo sé, que sólo se vive una vez. 
Pero qué hago. ¿Miro sólo para el día de hoy y me olvido del de mañana? ¿Paso por alto que tengo que formarme un futuro? ¿Me olvido de cumplir las expectativas previamente dispuestas?
Yo no quiero irme. 

martes, 11 de noviembre de 2014

(Día Sexto y Marta Espinosa, La Incertidumbre del Pianista)

Vienes a mí, como si me quisieras, vendiéndome el amor en forma de versos. Como si la mentira solo cupiese en forma de prosa, como si la poesía se librase de ella.
No me vendas tus besos con frases dulces, mitad verdad, mitad cuento, que no voy a pagar por ellos. Después de tantas primeras citas no necesito invitación para inclinarme hacia tus labios, así que simplemente abre mi puerta con tu llave y vuelve a mentirme diciendo que me has echado de menos.
Bien sabes que tengo el perdón fácil, y el negarte cualquier deseo me es difícil. Por eso te perdono cada vez que te vas, y te complazco cada vez que vuelves. Me contento con que al menos te quedes unos minutos más que la noche anterior, y así poco a poco le ganamos minutos al día.
Si al final, me he acostumbrado a tus versos de mentira, que a veces cuesta creer que no son verdad. Sí, mejor no te vayas. Para qué, si los dos sabemos que acabarás volviendo.

sábado, 8 de noviembre de 2014

La gente habla de muros como algo metafórico. Yo misma lo hago. Un muro como algo que aísla a uno de lo que le rodea, ya sea por autoprotección, por autocontención, o simplemente por el hecho de mantener la privacidad. 
Es sorprendente que en realidad, no sepa lo que es un verdadero muro.
Salir a la calle y verlo ahí, alzarse hacia el cielo, separándote de la otra mitad de tu país, alejándote forzosamente de la otra mitad de tu familia.
Encaramarte a las piedras con miedo porque al otro lado hay torres con guardias que vigilan atentamente, dispuestos a prender fuego si se te ocurre saltarlo.
Hablo de muros personales que se derrumban cuando no estuve presente hace veinticinco años, cuando la gente destruía con sus propias manos y a golpe de martillo las piedras, y saltaban de un lado al otro eufóricos, incapaz de creerse que estén pisando el lado oeste.  
"El muro de la vergüenza", lo llamaban. 
Y me fui a dormir con ese sabor extraño en la boca. Una mezcla amarga entre preocupación y culpabilidad. Cerré los ojos con la sensación de estar pasándome de la raya, y con la advertencia racional de que es mejor contenerse.
¿Quién soy yo? ¿Quién me obliga a obligarte? ¿Qué poder tengo sobre ti y sobre lo que puedes o no hacer? No soy dueña de tu vida ni de tus decisiones.
¿Quién me otorga el derecho de acribillarte a preguntas y de hacerte sentir mal? ¿Quién soy yo para pasar lista de tus pecados?
Ni aunque me des permiso.
No, ni aunque me dejes hacerlo.
Yo no tengo potestad alguna.
No sé que es peor, si la culpabilidad que me produce vigilarte, el estar alerta por si haces algo malo, o la preocupación de no saber si vas a recaer de nuevo.
No sé que es peor.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Mario Benedetti - No te rindas

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños

Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo, porque yo te quiero.
Qué no te dé miedo ponerte de pie mientras todos los demás permanecen sentados.
Qué no te asuste alzar la voz cuando te ignoran.
Qué no te embargue la impotencia, ni el pavor, ni el recelo.

No tengas miedo de escribir algo, sólo porque alguien puede llegar a leerlo.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Las relaciones son como una cuerda elástica.
Hay veces en las que la tensión es tan fuerte que, a base de estirar por ambos extremos, la cuerda elástica acaba cediendo.
Y se rompe.
Y no hay nudo, ni adhesivo, ni pegamento que las vuelva a unir.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Imagina que pierdes las gafas en mitad de una multitud
que ves a todo el mundo cantar una canción que tú no conoces
que se te borran todos los mensajes poco a poco, y al azar
que te dejan en mitad de Madrid y le cambian el sentido a todas las lineas de metro
que tus canciones favoritas empiezan a sonarte desconocidas
que te leen tus poemas, y no entiendes de quién hablan
que te sueltan en mitad de otra vida con los ojos vendados y un mapa de mentiras
que tus amigos, de repente, no saben ni oírte ni entenderte
que un día despiertas, y se te han desordenado todas las fotos
que miras al espejo, y no reconoces lo que ves.

Así me siento yo,
desde que tú no me miras.

Pablo Benavente
La confianza es como el alma, cuando se va no vuelve. Habré intentado usar esa frase en millones de ocasiones, y en ninguna de ellas la he usado correctamente. Por lo menos, no con el significado que tiene ahora. Quizás mi intención no sea explicarme. Quizás sí. Pero en cualquier caso, no lean ninguna frase de este texto en tono de reproche, porque no estoy reprochando nada.
Es difícil decir como han sido estos últimos meses. Cuando hablo de miedo hacia aquellas miradas de desaprobación me remonto a meses atrás, a principios de Junio, que fue cuando se desmoronó todo. No sé si fue un problema de comunicación, un choque de personalidades o simplemente el desarrollo de una manera de pensar totalmente distinta a la que me habían inculcado.
Cuando hablo de confianza, me refiero a que siempre recurrían a ella como escusa cuando yo hacía algo indebido o no correcto. Siempre sacaban el tema de que me aprovechaba de ustedes y de que ya no podían confiar en mí. No me respondan ese comentario, solo piensen la respuesta sin autoengañarse.
Entonces, me armé de un valor que no tenía, porque sí, uno de mis grandes problemas es la falta de confianza. Me armé de valor y me echaron a los lobos. Y justo ahí comenzaron las frases secas, los comentarios ofensivos, las miradas de reojo que me llenaban de vergüenza. Sí, me moría de vergüenza porque me culpaba a mí misma de todo. Y no todo era culpa mía. Sólo piensen la respuesta sin autoengañarse.
Me sentí tratada de un modo que no me merecía. Llevo buena parte de mi vida comportándome de un modo ejemplar. Nunca he dado demasiados problemas ni quebraderos de cabeza. No bebo, no fumo, no consumo ninguna clase de estupefacientes. Acudo siempre a clase, nunca he hecho "novillos" o "pellas" o me he "hecho la rata", como prefieran llamarlo. Mi media el año pasado fue de 8'8, y la siguieron usando de excusa de que no me he esforzado a pesar de que seguían diciendo que era una buena nota. La mayor parte del tiempo, he sido sincera. Sí, sincera. Por mucho que vean conspiraciones donde no las hay, por mucho que desconfíen de una manera no ratificada, he sido sincera. Mi primera mentira REAL, fue hace una semana y no me enorgullezco de eso. Si prefieren sentirse dolidos por aquella única mentira, y valerla también de escusa, adelente.
No lo merecía. No respondan, solo piensen la respuesta sin autoengañarse.
¿Cómo no verles de forma distinta si se comportaron así conmigo? Yo ahora estoy estudiando algo que detesto, y a pesar de todo le pongo la mejor cara y todo mi esfuerzo. No fue suficiente esfuerzo, lo sé. Pero queda mucho curso por delante y sé que puedo sacarlo, no necesito toda esa presión y tensión extra, bastante tengo ya con que las veinticuatro horas del día no son suficientes, para ahora tener que cumplir con sus expectativas de una hija perfecta que claramente, no puedo llegar a ser.
 No creo que haya abusado de su confianza en ningún momento. Creo que esperaba el apoyo que siempre me prometieron pero del que me privaron en cuanto me salí un poco del carril que me habían trazado. No confío en ustedes como lo hacía antes, no del modo incondicional que lleva ligado el miedo a decepcionar les  o a que se sientan defraudados de algún modo u otro. ¿Cómo? ¿Cómo si un error desemboca en una catástrofe?
Dicen que lo que estoy haciendo les duele. A mí me dolió lo que hicieron. No quiero vengarme, no quiero cumplir el "ojo por ojo", acabaríamos ciegos. Pero desde entonces hay algo que me impide comportarme igual, una especie de resentimiento que me absorbe por completo en los días malos, y que sólo me atonta en los días buenos. Dolieron la mayor parte de sus comentarios. Sobre todo aquellos en los que negaban cualquier clase de parentesco conmigo, como si por dejar de ser su hija verbalmente mi material genético cambiase y les librara de la obligación que conlleva cuidarme.
No rompí el nido familiar.
No fui solo yo.
Los tres tuvimos parte de la culpa y como prueba de madurez asumo la mía. Y pido perdón por los fallos que pude y podré cometer, y los que claramente cometí, sin subjuntivo.
Si lo escribo es porque no tengo el valor de mirarles a los ojos y decíroslo sin balbuceos ni vestigios de duda. Espero que hayan llegado al final sin sentirse ofendidos. Yo sólo pretendo ser sincera, y contar todo lo que no he tenido el valor de contar.
Todos cometemos errores.
Empecemos de nuevo.