jueves, 26 de febrero de 2015

Penélope
con su bolso de piel marrón
y sus zapatos de tacón
y su vestido de domingo
Penélope
se sienta en un banco en el andén
y espera que llegue el primen tren
meneando el abanico.

Dicen en el pueblo
que un caminante paró
su reloj
una tarde de primavera.
"Adiós amor mío,
no me llores, volveré
antes que
de los sauces se caigan las hojas
Piensa en mí
volveré a por ti..."

Pobre infeliz
se paró tu reloj infantil
una tarde plomiza de abril
cuando se fue tu amante.
Se marchitó
en tu huerto hasta la última flor.
No hay sauce en la calle Mayor
para Penélope.

Penélope
tristes a fuerza de esperar,
sus ojos, parecen brillar
si un tren silba a lo lejos.
Penélope
uno tras otro los ve pasar,
mira sus caras, los oye hablar,
para ella son muñecos.

Dicen en el pueblo
que el caminante volvió.
La encontró
en su banco de pino verde.
La llamó: "Penélope,
mi amante fiel, mi paz,
deja ya
de tener sueños en tu mente,
mírame,
soy tu amor, regresé"

Le sonrió
con los ojos llenitos de ayer
no era así su cara ni su piel.
"Tú no eres quien yo espero"
Y se quedó
con el bolso de piel marrón
y sus zapatitos de tacón
sentada en la estación.

~Joan Manuel Serrat~

lunes, 23 de febrero de 2015

Laberintos.

¿Es posible que aunque pase el tiempo, no puedas formar, del todo, parte de algo?
Ser un anexo de un anexo de una pequeña parte de la sociedad es difícil, pero aún más es ser consciente de ello. No sé, quizás hoy sólo ha sido un mal día, quizás ha sido un despunte en el parámetro hormonal. Pero es como si un trozo de mí no tuviera cabida en ningún tipo de comunidad. O por lo menos, es como si aquella pieza de mí que antes tenía sitio ahora se encuentra perdida. Han cambiado las reglas del juego y yo he llegado demasiado tarde para adaptarme a ellas. Peor, ni me enteré de que las instrucciones se modificaron.
En menudo laberinto me he metido. Ojalá tuviera el ovillo de Ariadna para salir, o simplemente para encontrar el centro.
¿A quién quiero engañar? Ni el ovillo de hilo mágico me ayudará a llegar al centro, mucho menos a la salida.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Please don't leave


I

A ti,
que con tanta vehemencia
te resistes al olvido,
a ti debo confesarte
que aún no he pasado página.

A ti,
temible sensación que me acosa,
que por mí respira,
por mí piensa, por mí camina.
Por ti no sueño,
no vivo,
no duermo.

Por ti
perdí el rastro de las musas
y encontré el camino
de la abstinencia literaria.
Qué duro es para quien tiene
la sangre hecha de tinta.

Por ti
escribí mil versos
y borré novecientos noventa y nueve.
Llené palabras de cuadernos
que no tienen dueño alguno
más que el polvo de la estantería.

¿De qué me sirves, recuerdo?
¿De qué me sirves
si solo aumentas la opresión
que late en mi pecho?

A ti,
que con tanta vehemencia
te resistes al olvido,
a ti debo confesarte.
Recuerdo es aquello que se ha vivido
pero
no aquello que se sigue viviendo.

¿Qué eres, pues?
Si no te fuiste del todo
ni del todo te quedas.
Eres más que un recuerdo,
más que una simple experiencia.

Decídete si vas
para que pueda recuperar el sueño,
la paz de la escritura
y la agilidad del verso.
Avísame si te quedas
para que no me sorprenda
cuando caiga en la cuenta
de que lo he perdido todo por completo.

martes, 10 de febrero de 2015

Es una sensación que me recuerda al invierno, y que me es muy difícil de explicar. 
Se asemeja al frío, pero a un frío extraño. Punzante, estremecedor. Al principio son pequeños escalofríos en la noche, cuando estás solo y envuelto en sábanas. Pero el frío se extiende, escala como lo hacen las enredaderas en los balcones, y se aferra a cada milímetro de piel que encuentra. Llega un momento en el que invade por completo los músculos del corazón, y se congela, tornando los latidos en algo imperceptible e insignificante. 
Es más bien una sombra que crece y crece hasta límites indefinidos, que te ahoga poco a poco y sin darte a penas cuenta. Te sigue a cada paso que das, bien pegado a tu espalda, fija en tu pensamiento. Cuando todo lo que te rodea es oscuridad, ya es tarde para volver. 
Es como una tormenta violenta e invisible, con lluvias impetuosas y vientos gélidos. Una tormenta que agita cuando lo único que pides es calma. 
Sí, es el invierno que se incrusta dentro de tu cuerpo, un vendaval personal.



lunes, 2 de febrero de 2015