lunes, 29 de junio de 2015

Gravedad y nubes.

No es bueno remover los recuerdos. Por eso se guardan debajo de la alfombra, para no romper el delicado equilibrio al que se llega cuando esas experiencias se convierten en recuerdos. Cuánto más hay que remontarse en el tiempo para sacarlos a la luz, menos hay que pensar en ellos.
Por una vez, me alegro de haberme caído de mi nube. Aquella era una situación prácticamente insostenible, tarde o temprano la gravedad haría acto de presencia y caería.
Siento que he sido yo esta vez la mano que empuja hacia abajo, hacia el asfalto. O por lo menos, la que ha arrimado la escalera.
Me creíste. Seguiste creyendo cuando me fui y continuó siendo así año y medio después. Tarde o temprano la gravedad reaparece.
Por esto no es bueno remover recuerdos ni seguir creyendo en ellos.
<<Y descarto llamarte mi vida
porque tu vales mucho más
que este desastre>>

domingo, 28 de junio de 2015

No quiero que lea lo que escribo. No, porque entonces sabrá todo lo que pienso y lo que siento y sabrá del desorden que son mis ideas y bueno, mi cabeza al completo. No quiero que conozca esta parte de mí porque entonces me conocerá de verdad. Sabrá cuando estoy mal y vendrá a preguntarme qué me pasa. Escribiré algo triste o lúgubre o desconforme o indignado y hará como muchos, me preguntará el porqué. Me pedirá razones. No me gusta dar razones de lo que hago, siento que me están juzgando. Exteriorizarlo con palabras me basta, no necesito a alguien que actúe conforme a lo que escribo. No ayuda, es contraproducente.
Es la primera vez que no quiero que alguien descubra este cachito de mí. Es difícil ocultar un secreto a voces.

sábado, 27 de junio de 2015

VI

A ratos soy súplica
que mira con ojos llorosos y reza
al Dios que son tus labios.
Como templo tus ojos
y mi altar los dedos
que recitan caricias,
pasajes del libro sagrado
de tu espalda,
mi biblia.

A veces soy gritos
que desgarran almohadas
y se ahogan en corazones
(¿o era al revés?)
A veces soy gritos
que desgarran corazones
y se ahogan en almohadas
(no, así no es.)

La mayor parte del tiempo
soy canción callada
porque en mi cabeza suena mejor
que con el tartamudeo
de mi voz
temblorosa.
Busco de ti todo
y no encuentro nada
más que las pequeñas cosas
que valoramos los soñadores que se creen escritores
y los escritores que sueñan demasiado.

Contigo no soy súplica, ni gritos, ni canción.
Contigo soy yo y un par de palabras
y cariño, los dos sabemos
que pronunciarlas
no es necesario
cuando me miras y te lo digo todo
sin palabras.
"Busco su mirada
cuando todo me da miedo
y en su pecho dejo de ser cobarde,
para ser valiente y enfrentarme de nuevo a la rutina
rota siempre por su nombre. "

 Extraído de Dejémonos llevar

Me quedaste tú y un montón de hojas de papel.

Nadie leerá mis secretos si los escribo en un cuaderno que nadie va a encontrar. Ni si quiera tú.
Hay nombres de extraños que aún no he conocido y que no puedo esperar a pronunciar. Quiero vivir y tener miles de nombres. Porque en eso reside todo.
Olía a mar y sabía a sal. Ni la hoguera nos quitaba el frío. De lo único de lo que estaba segura era de quién era él. Lo demás fueron todo dudas y figuras borrosas. Me gustó que estuviese tan oscuro y que fuese de noche, que me mantuviese despierta y me hablase al oído.
Me gustó el sabor a sal.
No me gusta usar maquillaje para cubrirme las ojeras; son parte de mí, ocultarlas es esconderme. No necesito pintarme los labios para que sean bonitos. Mis pestañas son cortas ¿por qué me esfuerzo en hacerlas parecer más largas? Tengo la cara redonda, por mucho colorete y sombras que me ponga lo seguirá siéndolo. Tengo los ojos pequeños y me gustan tal y como están, sin rímel. No sé porqué me oculto.
Estoy cansada de los tacones, los pantalones de talle alto para marcar culo, las camisetas cortas para enseñar cintura, los escotes para sacar pecho.  Estoy harta de los sujetadores sin tirantes porque no puedo moverme sin que tienda a caer. Para llevar eso mejor no llevar nada.
He agotado mi cupo máximo de fiestas. Al final todas son lo mismo: ponen las mismas canciones, bailas con la misma gente, te mueves de la misma forma. Lo que antes provocaba exaltación ahora tiene poco de emocionante.
He llegado a ese punto del ciclo en el que necesitas algo nuevo que te acelere el corazón, que te provoque sensaciones... que te incite a moverte y a querer vivir experiencias.
Acepto el riesgo, conozco los inconvenientes. Sé cuánto puede salir mal y todo lo bueno que puede ser mientras tanto.

jueves, 25 de junio de 2015

Malditas mariposas en el pecho que no saben volar como es debido y se enredan las alas las unas con las otras.

martes, 23 de junio de 2015

Me quedaste tú y un par de alas rotas.

Rendirse sienta bien una vez que has luchado contra viento y marea y nada ha servido. No ha habido manera de hacer funcionar al resorte.
Me he cansado de esperar, de esperar a que suceda algo. Tú solito te liberaste, pudiste haber venido corriendo hacia mí, pero te quedaste en el centro, en el medio del cruce y no te has movido. Dejas que todo se acerque a ti, no te das cuenta de lo que se queda quieto esperando a que vengas.
Me he cansado de esperarte y de observarte allí, en el centro, en el medio.
Este cruce de caminos ya no es el mío.

domingo, 21 de junio de 2015

Una carta de despedida y otro capítulo concluido.

En esta carta de despedida voy a prescindir de la hipérbole y escribiré de la forma más sincera posible.
Hubo cosas bonitas, pero en general, fue una mierda. No fue un error, simplemente una estupidez. Pondré como escusa que estaba enamorada de ti, y tú tranquilo que yo tampoco sé cómo.
Me da lo mismo que aquella no fuese tu intención, que no te dieses cuenta de lo que hacías y que ahora intentes ser otra persona. Me da igual porque lo hecho está hecho y lo que hiciste no lo puedes cambiar. Quién sea que te haya metido en la cabeza que un acto espontáneo y alocado propio de novela y un ramo de flores podrían cambiar mi percepción de ti y mis sentimientos (lo poco que queda de ellos) está muy equivocado. En todo. Sobre todo en lo de las flores.
Tengo derecho a seguir con mi vida. Tengo derecho a que se respete  mi decisión de seguir con mi vida y pasar página. Tienes que aceptarlo ya, tú y todos los demás. Sobre todo quién sea que te haya dado la idea de las flores.
Esto no es una película, no es una historia de amor; esto es la vida real y todo lo que ocurre en la ficción aquí se convierte en mentiras contadas tan atropelladamente que no tienen sentido alguno.
Pensé que en esta ocasión no necesitaría una carta de despedida para dar comienzo a otro capítulo. Qué equivocada estaba. Otra vez. Así que esta entrada   es por ti. Esta va dedicada especialmente a tu capacidad para creer que todo lo que escribo tiene un falso techo en el que escondo mi verdadera intención, que es mandarte indirectas.
Quiero aclarar que nada de lo que he escrito en las últimas entradas (sobre todo las de Querido Amigo) las escribí pensando en tu persona. En absoluto. Tengo miles de historias en mi cabeza y miles de personajes; o escribo sobre ellos, o exploto. No iban sobre ti. Lo volveré a repetir: no iban sobre ti.
Ahora puedes pensar lo que quieras de mí y sobre esta entrada, porque me da igual. Necesito que entiendas que se acabó y que desistas, porque las parejas vuelven de forma romántica y totalmente dramática en las películas y esto es la vida real. Para. Búscate a otra "musa". Dile tus sueños infantiles a quien le interese y déjame vivir mi vida.
Hace meses que terminé ese capítulo, va siendo hora de que te des cuenta.


sábado, 13 de junio de 2015

Fue un adiós con ganas de llorar.
Qué triste fue tenerte y que te fueses, así, tan rápido. Era un adiós con ganas de llorar pero sonreí como si se me fuese la vida en ello.
Y después me aparté porque se te asomaban las lágrimas y te brillaban los ojos.
Discúlpame, pero no fui capaz de sonreír después de verte llorar.
Antes me llovían las palabras y ahora sufro sequía. Quiero que salga algo de mí, que brote la literatura que se enredaba en mis dedos. Llorar o sangrar o gritar palabras envenenadas, porque son de la única clase que me escriben ahora.
No quiero hablar acerca del amor o los remordimientos o la culpa o el cansancio. No quiero volver a escribir sobre labios ajenos ni ojos que sonríen. No quiero hablar sobre el pinchazo en el pecho que aún me acosa ni sobre el nudo en la garganta que no me deja respirar.
Quiero volver a describir lo que veo por la ventanilla del coche cuando paso por la autovía y se extienden y se alzan montañas con un esplendor del que no me había percatado antes. Es tan maravilloso. Me siento aún más pequeña, aún más indefensa. Y lo único que quiero hacer es sentarme a dibujarlas aunque sólo sean piedras cubiertas de matorrales secos.
Quiero hablar sobre el mar y la fuerza de las olas. Quiero mirar la línea que mezcla el cielo con el océano, distinguir todos los tonos de azul posibles y recrearlos en acuarelas.
Soy más que palabras pero si se van sólo seré yo y mis pinceles.
Antes me ahogaba en palabras, ahora me muero de sed.

jueves, 4 de junio de 2015

miércoles, 3 de junio de 2015

Querido Amigo:

Por un momento pensé que me había recuperado, que estaba libre de él. Ayer fueron veinte los días que tardé en dejar de escribir sobre él como si fuese a leer lo que escribo. Tuvieron que pasar veintiuno para darme cuenta de de cuán vacía estaba, ahora que no había nada suyo que llenase este espacio. Antes, cada esquina de su cuerpo me despertaba el corazón. Lo cubría todo, hasta el más mínimo resquicio. Porque en realidad, nunca antes había habido nada que llenar aquí dentro. ¿Sobre qué he estado escribiendo, si el tintero, o el corazón, o el verso, o como quieras llamarlo porque a fin de cuentas son lo mismo, está vacío?
Hoy es el vigésimo primer día y no me desvelo por él. No lloro ni río ni me quedo prendada por sus ojos, no intento dibujar las comisuras de labios ni imaginar que me abraza y me sonríe.
He tenido que olvidarle para darme cuenta de que era él quien llenaba mi tintero, escribía el verso y me latía el corazón, que a fin de cuentas son lo mismo.