jueves, 30 de julio de 2015

Es imposible describir la magnitud y la complejidad de todo esto, por eso apenas le escribo.

Rayuela, Capítulo 7.

 <<Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

     Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.>>

Julio Cortázar. 

¿Y si jugamos a ignorarnos para que cuando nos volvamos a ver nos queramos con más ganas?

Sé que me dijiste que me mantuviera alejada de la realidad en todos sus aspectos. Me advertiste que estuviese al otro lado del espejo, donde Alicia se adentró entre sueños y todo está patas arriba. Pero no quise escucharte.
Alargué tanto la mano hacia el cristal que el mundo al otro lado del espejo me absorbió casi por completo.
Ahora me he quedado estancada entre el hueco de las realidades alternativas, donde todo confluye y se bifurca. ¿Nunca te has preguntado qué hubiese pasado si...? Pues es mentira, porque hubiera ocurrido igual.
Me advertiste de lo horrible de este lugar pero yo hice oídos sordos y seguí soñando con qué es aquello que hay tras el cristal, más allá de mi reflejo y el de todo lo demás.
Estoy aquí y no puedo soñar. No como antes.
No quiero querer ni que me quieran. No quiero atarme de nuevo. No quiero decir las mismas palabras que se me escaparon de los labios. Quiero deshacerme poco a poco de todo, así cuando se acabe no sea un doloroso desastre, sino un caos emocionalmente soportable.
Si te hubiese hecho caso seguiría queriendo ser querida con locura, pronunciar las mismas frases y continuar sujeta e irremediablemente atada al mismo poste. Pero no hay realidad alternativa para esto. Diría "el mundo me ha hecho así" pero estaría mintiendo. Yo me he forjado poco a poco y he aquí el resultado de haber cruzado el espejo.

Perfección.


"Tardé tanto en decirle te quiero que ahora me sobra tiempo para demostrárselo."

miércoles, 22 de julio de 2015

VIII

Cómo romperme el corazón
en tres sencillos pasos,
sin necesidad de decir <<adiós>>
ni <<ya no es lo mismo>>
o <<has cambiado>>.

Vendo mi desamor
a diez dedos la hora
porque tiene usted la manía
de robarme el verso
(o el corazón, que al final es lo mismo)
para devolvérmelo averiado,
descosido.

Puede usted pagarlo
en cómodos plazos,
tantos como lunares haya besado
o contado
o dibujado
en mi espalda.

Será un trámite rápido:
Aparte sus manos
y míreme a los ojos;
Por último, no diga nada
(de eso se trata)
y simplemente váyase.

Yo no le llamaré,
no le rogaré que regrese.
Lo único que le pido
es que si se marcha
por favor, no vaya a volver.

lunes, 20 de julio de 2015

Ella era una chica de finales de septiembre. Cálida, más bien tibia. De ojos marrones y cabello castaño como las hojas que se cayeron de los árboles. Era una chica de otoño porque avecinaba un frío que llegaba a los huesos y nevadas tormentosas. Era como el viento de octubre, que remueve las hojas que cayeron al suelo y alborota todo a tu alrededor.
No la ves venir, simplemente no la ves venir.
Ella dura a tu lado lo mismo que tarda en desaparecer el otoño, porque el invierno es demasiado frío, congela el tiempo y ella no quiere estancarse en unos ojos, unos brazos, una sonrisa; porque el verano demasiado caluroso y derrite todo lo que a ella le mantiene en pie. Vive tres meses al año, los otros nueve sobrevive.
Como tantos otros, no la viste venir. Y como todos los demás, no te diste cuenta de que se había ido hasta que la nieve ocultó las hojas y no estaba a tu lado para quitarte el frío.

viernes, 17 de julio de 2015

Si me lo pienso dos veces no me atrevo. Y bien podría ponerlo como título porque últimamente pienso demasiado. Ya saben ustedes el pudor que me da cuando le doy rienda suelta al pensamiento y deriva en todas y cada una de los finales trágicos posibles. Puede ser una ventaja pero normalmente sólo causa inconvenientes; ahora, sin nada que hacer y tanto tiempo para pensar, todo me da miedo.
Me da miedo que esto acabe mal y se arruine lo que tenemos, porque en estos momentos (ya veremos el mes que viene, o dentro de año y medio) estás en esa esquinita de mi corazón destinada a las personas que me importan; me da miedo que la obsesión se le vaya de las manos y me da muchísimo más miedo pensar en como puede acabar si eso ocurre.

sábado, 11 de julio de 2015

<<Hace tiempo leí que con 50 años habremos conocido a lo largo de nuestra vida a unas 20.000 personas. Haciendo una regla de tres, obtuve que un joven de 17 años habría conocido aproximadamente a 6800 personas. Pongamos que la mitad de esas personas, es decir, 3400, son hombres y la otra mitad mujeres. Y supongamos que de esos 3400, solo 1/3 están dentro del margen de edad en el que se incluyen todas las personas con las que podríamos tener una relación. Es decir, descartamos 2/3, donde se encontrarían aquellas personas de las que nunca podríamos enamorarnos: familiares cercanos, ancianos, niños pequeños… Nos queda el siguiente numero: 1133,333… Pero redondeando pongamos unas 1000. De todas esas personas, nos enamoraremos de una sola. Estamos hablando de una milésima parte, 0.001. Y a su vez, esa persona se enamorara de una sola entre 1000. De esta manera, la probabilidad de que la persona de la que uno se enamora sea precisamente la persona que se enamora de uno, es según las matemáticas (1/1000) x (1/1000), lo que es igual a una posibilidad entre un millón, 1/1.000.000. Así que, si se diera esa improbable situación de poder estar con la persona que quieres, si el destino ignorase 999.999 opciones y convirtiera esa única probabilidad que había entre un millón, en un hecho, en una realidad, ¿qué sentido tendría no aprovecharla, que mas da lo que venga luego, que importa lo complicadas que sean las circunstancias? Si lo mas difícil, lo que tenía una sola posibilidad entre un millón de ocurrir, ya ha ocurrido.>>

martes, 7 de julio de 2015

¿Por qué desaceleras tanto y tan rápido mi corazón?
Me muero por decírselo. Se me engancha a la punta de la lengua, se atreve a precipitarse al borde de los labios, pero no se esfuma con la voz. Se disuelve en los suspiros como si aquello fuese a aliviar la carga del corazón y la angustia que se me queda en las cuerdas vocales. 
Me muero por decírselo, pero está mal. Así que me obligo a dejarlo en una confesión muda y censurada. 

lunes, 6 de julio de 2015

Risto Mejide, Cuando sepas de mí

Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loca, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.

Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.

Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos... nah.

A lo que iba.

Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.

Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.

Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue, son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito.

Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención.

Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.

Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.

A partir de ahora, tú tranquila, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.

Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonta y disimula.

Haz ver que me olvidas.

Y me acabarás olvidando.

De verdad.

Extraído de El Periódico

viernes, 3 de julio de 2015

El sexo de la risa - Irene X

Somos rebeldes
y un poco hijos de puta
porque el mundo nos ha hecho así
de poetas
y de maleducados
Hemos aprendido a que tiene que doler
porque si no
no es musa
ni poesía.


Y a lo único que tenemos miedo
es a dejar de caer en la trampa
que por vicio
o por guapa
no deja de ser trampa
pero.


Como vamos a saber del cariño
si después de masturbarnos
no nos comemos la boca en el espejo
ni nos volvemos a llamar
ni nos sacamos a bailar
pero si a olvidar.
Que coño vamos a saber
que no sea del mundo.


Que si, que ya
que " el amor es una mierda "
pero que la tristeza
es pisar otra.


Y ya que estamos dejando de creer en la suerte
podriamos empezar a creer en las personas
y recordar,alguna vez.
Que si se juntan dos tréboles
acaban siendo uno de cuatro hojas.

VII

Respirar.
Otra vez.
Mecánicamente.
Involuntariamente.
Retener el aire,
al final de la garganta,
como ese grito que se estanca,
en las cuerdas vocales
 y no logra salir.
El silencio quiere silencio
así que no hagas ruido.
Respirar.
Otra vez.
Tu cuerpo pedía oxígeno.
Necesario,
imprescindible,
casi tanto como tener cerca.
No hagas ruido,
que el silencio quiere silencio
y pensarte así
como te pienso
es hacer demasiado ruido;
un huracán, una tormenta
de espadas, de besos,
sí, de esos
que te dejan sin aire,
sin oxígeno.
Respirar.
Otra vez.
Y escuchar tu voz al oído
que tú también quieres gritar
pero ni el grito se atreve
a escapar
y desobedecer al silencio.
Gritemos juntos,
quedémonos mudos,
afónicos de besos,
sí, de esos,
que te dejan sin aire.
Y finalmente,
respirar.
Otra vez.
Con el grito estancado en la garganta,
porque ni tu ni yo nos atrevemos
a perder la voz
en un beso,
sí, de esos,
por temor a quedarnos sin aire,
y a romper el silencio,
y a dejar de respirar.

miércoles, 1 de julio de 2015

Felicidades, has descubierto cómo dejarme sin aliento.

El infinito - Mario Benedetti

De un tiempo a esta parte
el infinito
se ha encogido
peligrosamente.

Quién iba a suponer
que segundo a segundo
cada migaja
de su pan sin límites
iba así a despeñarse
como canto rodado
en el abismo.