lunes, 28 de septiembre de 2015

Olviden el amor, el romanticismo y las mariposas en el estómago. Nada de eso es cierto. . Eso que hay ahora no es amor, no son miles de alas estrellándose contra el pecho.
Amor es una explosión, son colores, estallidos de colores. Son aves fénix renaciendo del fuego del arte de mirar al horizonte y darse cuenta de que ningún selfie, ninguna foto logrará captar el esplendor de ese momento. Ninguna frase que no supere los 140 caracteres describirá la incertidumbre de sentirse viejo y pequeño y efímero cuando el sol cae y el cielo se vuelve violeta. Lo hemos vuelto tan superficial que no, ya no es amor, ya no es romanticismo, por no ser no son ni mariposas, son simples polillas.
Ya no me considero romántica. El significado que se le da hoy en día no refleja el significado que yo le doy. No sé explicarme. Es como si todo fueran colores pero lo viesen en blanco y negro. ¿No ven que el amor es el color gris del mar en tormenta? ¿Es el reflejo azul en los carámbanos de hielo? Todo son colores.
Nunca lograré pintar su blanco y negro.
Básicamente ahora se trata de cuantificarlo mediante la cantidad de horas que se pasan hablando, en cuanto de largos son los mensajes, qué bonita es la foto que publican en una red social junto a un texto que describe lo hermoso que es estar juntos. Pero amor no es tener un día en común que todos los meses recuerdan y felicitan y celebran cual aniversario de boda. No es tener canciones juntos, no es tener un lugar, no es tener millones de fotos.
Deberíamos medir el amor por colores, se acabó reducir las relaciones a cosas superficiales. Deberíamos hacer un cuadro, un torpe intento de imitar lo que se siente cuando llueve, cuando nos besan o cuando bebemos café y fuera hace frío.
La vida y mucho menos el amor no puede simplificarse en una foto, un selfie y mucho menos, en 140 caracteres.

martes, 15 de septiembre de 2015

"Quédate con quien te bese el alma, la piel te la besa cualquiera"

Te he escrito tanto, pero no me atrevo a enseñártelo. He vuelto con las cartas que jamás verán sobre ni destinatario más allá de la caja que escondo bajo la cama. Me he vuelto a sentir como un pequeño ser sin importancia ante la inmensidad de todo esto, tan complejo, tan extraño.
Siento que te escribo en vano. Sé que nada tiene más futuro que el fondo de un vaso y ¿porqué vamos a ser distintos?
Yo pensé que me había vuelto más valiente, pero tengo miedo de que me leas, de lo que vayas a pensar de mí. Tengo miedo de seguir descubriendo más lunas y no encuentre el camino de vuelta a casa. Y no haya vuelta atrás. Y me encuentre perdida otra vez en la inmensidad de todo esto, de nuestro espacio, de nuestro multiverso.
Perdóname pero creo que estoy empezando a perder la cabeza. Estoy perdiendo el norte, básicamente no encuentro el centro. Y es que mi Cielo, me has besado hasta el alma.