sábado, 15 de octubre de 2016

XIX

Deja de sonreirme así,
de abrazarme así,
de mirarme así,
que me llenas de inspiración y me dejas siempre a medias
con el lápiz entre los dedos
por no ser capaz de dibujarte.
Me has devuelto las ganas
de quedarme escribiendo hasta tarde,
de dibujar pensando en alguien,
de elegir el azul acuarela
para pintar el negro de los ojos.
Deja de besarme así,
de tocarme así,
de hacerme así
que me rompo y me deshago
cuando me buscas con los labios
y pasas el dedo entre mis clavículas.
Sigue mirándome,
abrazándome,
sonriéndome,
de esa forma tuya que me vuelve loca,
que yo seguiré improvisando.

sábado, 27 de agosto de 2016

Han pasado diez días y diez noches, aquí sigue diluviando. Parece que la tormenta se estancó tras mis ojos, nublándome la vista para llover en mis pupilas.
Me ahogo.
Digo tu nombre y me ahogo.
Preguntan por ti y no respondo.
Te llamo y no me sale la voz.

XVIII

Te veo en todas las nubes del cielo.
Te me enredas en los rizos del cabello
y ya no hay quien te olvide
quien respire
y en el susurro no diga tu nombre.

Te veo en todas las estrellas del cielo,
en todas las que me enseñaste a distinguir
en ese negro infinito.
Tú eres mi estrella,
mi musa.
Yo era tu luna y así orbitaba,
vueltas y vueltas amarrada a tu espalda.

No te quiero dejar ir,
no te quise dejar ir.

jueves, 9 de junio de 2016

Veo el tiempo pasar día a día, muy despacio, tanto que resulta imperceptible.
Veo el tiempo en la barba picada de canas de mi padre, en la vista cansada de mi madre. Sentí el peso de su paso el día de mi graduación, el día que descubrí en mi madre una arruga más en su sonrisa. Me pesa el pecho al recordar cuando entré en secundaria y no hace ni una semana que terminé el bachillerato.
¿Qué me queda por vivir?
No sé que me asusta más, si envejecer, o tener una vida como la de cualquiera.

No hace tanto tomé conciencia de lo fuerte que abraza el reloj, de lo mucho que he cambiado, mejorado, retrocedido. Me he sorprendido llorando por algo que había escrito, llorando de emoción al ver recompensado mi esfuerzo, llorando de rabia ante mi incapacidad de luchar contra todo, llorando de tristeza por tener que dejar a tanta gente, tantos ojos.
No puedo mirar atrás porque esa no es forma de echarle un vistazo al tiempo, pero a veces me atrevo y en mi descaro veo a otra persona, con los mismos rizos, misma estatura, pero distinta sin saber explicar cómo.
Tiempo. Al final todo se reduce y acaba con el tiempo.

sábado, 27 de febrero de 2016

XVII

No había horas
sino una aguja que giraba
día tras día,
de la una a las dos,
de las dos a las tres,
de las once a las doce,
y vuelta a empezar.

No había minutos porque no tenía forma de contar
los segundos que aguantaba la respiración
esperando,
expectante,
a que te decidieras a darme
dos gotas más de inspiración
para escribir dos intentos fallidos de verso.

No existía el tiempo
porque habíamos torcido las manecillas
y no tenía tinta para escribir
ni sangre para dibujar.
No existía el tiempo,
ni tú, ni yo.

Ayer me pareció escuchar de fondo
el tic tac de un segundero,
vi de reojo una aguja que se movía.
Tal vez fue cosa mía,
pero por un momento pensé,
que tal vez,
sólo tal vez,
le habías dado cuerda a nuestro reloj
y el tiempo volvía a correr.

miércoles, 27 de enero de 2016

XVI

Estalló en mis escombros.
Ya no quedaba nada por destruir,
estalló igualmente
(por si quedaba algo en pie).
Estalló y se quedó
con la caricia colgando del labio
a punto de precipitarse,
deborarse,
de extinguirse.
Explotó y acabó con todo a su paso,
yo incliuda,
es culpa mía
por estar en su camino
intentando ser un obstáculo.
Explotó y se quedó
con un adiós colgando del labio,
como si sirviese de despedida,
como si valiese para algo,
o por lo menos valiese la pena.
Reventó. Detonó.
Escoge el sinónimo que quieras.
Tal vez implosionó,
-muy dentro de mí-
destruyó mis ruinas
(ya no soy ni eso).
Implosionó y se quedó...
...se quedó en nada,
ni camino,
ni obstáculo,
ni media caricia,
ni casi adiós.