sábado, 27 de agosto de 2016

Han pasado diez días y diez noches, aquí sigue diluviando. Parece que la tormenta se estancó tras mis ojos, nublándome la vista para llover en mis pupilas.
Me ahogo.
Digo tu nombre y me ahogo.
Preguntan por ti y no respondo.
Te llamo y no me sale la voz.

XVIII

Te veo en todas las nubes del cielo.
Te me enredas en los rizos del cabello
y ya no hay quien te olvide
quien respire
y en el susurro no diga tu nombre.

Te veo en todas las estrellas del cielo,
en todas las que me enseñaste a distinguir
en ese negro infinito.
Tú eres mi estrella,
mi musa.
Yo era tu luna y así orbitaba,
vueltas y vueltas amarrada a tu espalda.

No te quiero dejar ir,
no te quise dejar ir.